Santidad en nuestro tiempo

Santidad en nuestro tiempo

 

Monseñor José Rafael Quirós

Arzobispo de San José

 

El 19 de marzo pasado, anuncié el inicio del proceso de canonización de la sierva de Dios María Isabel Acuña, “la niña Marisa” quien, con su vida ejemplar y virtuosa, nos regaló un testimonio de fe inquebrantable. 

Algunos medios de comunicación reseñaron que Costa Rica tendrá “su primera santa”, dándole un matiz de exclusividad a lo que debería ser una experiencia común en el Pueblo de Dios.

Hay modelos de santidad que parecen inalcanzables y contemplarlos, paradójicamente, puede llevarnos al desaliento, sin embargo, en tono siempre positivo y optimista el Papa Francisco nos invita a ampliar este horizonte al decirnos: “No pensemos solo en (los santos) ya beatificados o canonizados. El Espíritu Santo derrama santidad por todas partes en el santo pueblo fiel de Dios”.1

Efectivamente, el Señor nos invita a hacer de la santidad nuestra vocación última y definitiva: “Sean santos como vuestro Padre celestial es santo.”2 Él nos quiere santos pues “los santificados en Cristo Jesús estamos llamados a ser santos”.3

Todos los bautizados, tenemos una igual dignidad ante el Señor y nos une un mismo llamado: “La santidad es un don, es el don que nos hace el Señor Jesús, cuando nos toma consigo y nos reviste de sí mismo, nos hace como Él (…) ¡Todos estamos llamados a ser santos!”4 de modo que, cada uno en su estado o condición, debe asumir,  decididamente, su propio camino hacia la perfección en Cristo.5 Los caminos hacia la santidad son muchos y adecuados a la realidad de cada uno.

El mismo Concilio Vaticano II, habiendo dedicado gran parte de su reflexión a la vocación universal a la santidad,6 retoma este llamado para afirmar: “Quedan invitados, y aun obligados, todos los fieles cristianos a buscar insistentemente la santidad y la perfección dentro del propio estado.”7

Habrá quienes, examinando su propia historia de fragilidad y pecado, afirmen que esta es “pura teoría” y que no cuentan con las cualidades necesarias para responder a este ideal. Ciertamente, el camino no es fácil, exige de nosotros renuncia y dedicación pues la auténtica santidad ni se finge ni se improvisa. 

Al respecto, Santo Tomás de Aquino nos enseña que “la santidad es una firme resolución de abandonarse en Dios”, imitadores de Cristo: “Que no se haga mi voluntad sino la tuya”8. y Santa Teresa de Jesús nos recuerda que, si quieres ser santo, debes tener “determinada determinación” o sea, una aspiración sincera y una voluntad fortalecida para anhelar grandes cosas. 

Con este anhelo de fortalecer la vocación común a ser santos y a no conformarnos con una vida cristiana mediocre, el Papa Francisco con su exhortación “Gaudete et exsultate” ofrece a los cristianos de nuestro tiempo un valioso instrumento para “hacer resonar una vez más el llamado a la santidad, procurando encarnarlo en el contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades”.9 

Por un título especial, nosotros los sacerdotes estamos llamados a ser presencia de santidad en medio del rebaño. Al estilo del Señor, Buen y Supremo Pastor, debemos entregar nuestra vida por las ovejas, oliendo a oveja pero a su vez, las ovejas han de percibir el olor a santidad que procede de nuestra unión con Jesucristo.

Objetivamente, tenemos muchos santos alrededor a los que el Papa denomina “de la puerta de al lado”, “de aquellos que viven cerca de nosotros o son un reflejo de la presencia de Dios”10 , gente humilde que, con su testimonio de lucha y entrega cotidiana, la mayoría de las veces sigiloso, nos estimulan a avivar ese llamado del Señor en nosotros.

Que el Espíritu Santo renueve en nosotros la Gracia del Bautismo y nos regale el don de vivir con amor y alegría el Evangelio de Cristo, vía inequívoca para hacer de mi vida, reflejo de santidad.

 

1 Exhortación apostólica Gaudete et Exultate, Papa Francisco n. 6, 2018

2 Mateo 5,48

3 I Cor 1,2

4 Francisco, Catequesis sobre la santidad en la Iglesia.

5 Cf. Catecismo de la Iglesia, n. 825

6 Constitución Lumen Gentium, Capítulo V

7 Lumen Gentium, n.42

8 Lucas 22,42

9 Exhortación apostólica Gaudete et Exultate, Papa Francisco n. 1, 2018

10 Idem n.7

 

Junta Proteccion Anuncio