Sincero debate fiscal…

Sincero debate fiscal…

 

Monseñor José Rafael Quirós

Arzobispo de San José

 

A pocos días de concluido el proceso electoral, emerge en la agenda nacional lo que, a nuestro criterio, desde el principio, debió ser en la campaña política un eje obligatorio, de profundo análisis y debate pero que, prácticamente, fue relegado. Me refiero a la urgente sanidad y fortalecimiento de nuestro sistema tributario y a la justicia social que le da su fundamento.

Los obispos denunciamos los problemas nacionales que tropiezan con una gestión pública entrabada en una maraña institucional, que requiere soluciones viables y no promesas inalcanzables y pedimos al electorado “estar atento a escuchar la formulación de políticas públicas para atender el problema de déficit fiscal y el ordenamiento de las finanzas públicas.”1

Estamos ante un problema arrastrado por años. Cuántos gobiernos han utilizado “el déficit fiscal” como mero discurso, pero, lo cierto es que, a la hora de afrontar el tema y sus efectos sociales y económicos, por incapacidad o por cálculo político, han postergado las reformas sustanciales al sistema, aumentando con el tiempo la crisis.

Y ahora, mientras en el seno de la Comisión Especial de la Asamblea Legislativa que discute el tema se da luz verde (para su eventual aprobación en el Congreso) a la iniciativa del Gobierno, encaminada a combatir parte del déficit fiscal que enfrenta el Estado, la Unión de Cámaras y Asociaciones del Sector Empresarial Privado (Uccaep) advierten que la reforma apenas será “como un analgésico para un paciente que está sumamente enfermo” y los movimientos sindicales convocan a una huelga general del sector público para el próximo 25 de abril en contra de este proyecto de ley vislumbrándose, gradualmente, una nueva grieta en la anhelada unidad nacional.

Hay quienes apelan a la reducción del gasto público, los recortes tributarios, el congelamiento de planillas de la burocracia estatal y la inconveniencia de programas asistencialistas antes que imponer nuevas cargas a los contribuyentes, hay quienes ensayan elevar gravámenes individuales y empresariales o aquellos que apuntan al cobro de impuestos a los ciudadanos de mayores ingresos… Todos pareciera tienen razón. 

Pero: ¿Han tenido los ciudadanos posibilidad real de conocer los aspectos y soluciones de fondo, si las hay, de la grave crisis fiscal que atravesamos? ¿Cuáles son las posturas en discusión? ¿El Estado, y los demás entes sociales involucrados en la cuestión, pretenden resolver este tema a partir de sus propios intereses o con miras a una verdadera justicia social?

 Muchas de las respuestas pasan por la conciencia tributaria de los individuos, además de la transparencia y la legalidad con que se proceda en el  combate ante la corrupción ramificada y la egoísta evasión fiscal. He escuchado del esfuerzo que hacen los funcionarios encargados para luchar contra los evasores.

Como Iglesia, no podemos tomar distancia de este importante tema. La Doctrina Social nos da ricos elementos de discusión al recordarnos que tanto los ingresos fiscales como el gasto público asumen una importancia económica crucial para la comunidad civil y política si alcanzan el objetivo hacia el cual se debe tender, a saber, lograr una finanza pública capaz de ser instrumento de desarrollo y de solidaridad.

“La finanza pública se orienta al bien común cuando se atiene a algunos principios fundamentales: el pago de impuestos como especificación del deber de solidaridad; racionalidad y equidad en la imposición de los tributos; rigor e integridad en la administración y en el destino de los recursos públicos. En la redistribución de los recursos, la finanza pública debe seguir los principios de la solidaridad, de la igualdad, de la valoración de los talentos, y prestar gran atención al sostenimiento de las familias, destinando a tal fin una adecuada cantidad de recursos.”2

En aras de la unidad y la paz social, hoy más que nunca se hace necesario atender todas las voces y considerar todas las posturas. Apelo a un debate sincero, senzato y responsable, que conduzca a decisiones concretas, justas y viables.

1 Conferencia Episcopal de Costa Rica. “La esperanza no defrauda” Mensaje proceso electoral, n. 3; Dic 2017

2 Compendio Doctrina Social de la Iglesia n.355