La Patrona de Costa Rica después de las elecciones

 

Mons. José Francisco Ulloa R.

Obispo emérito de Cartago

 

Algunos  expertos en análisis político han afirmado que en días previos a las elecciones del domingo primero de abril, la campaña política estuvo marcada por el miedo que causaron las declaraciones y el video que atacaron y ofendieron a Nuestra Señora de Los Ángeles, Patrona Oficial  de Costa Rica. Este factor afectó en alguna forma el resultado de las elecciones, porque significaba un riesgo a la entrañable devoción y amor a la “Negrita de Los Ángeles” que con cariño llamamos a la Virgen y Reina de los Ángeles, Patrona Oficial del Estado Costarricense desde 1824, con el siguiente decreto:  

“La Asamblea Constituyente decretó en el año 1824: “El Jefe Supremo del Estado de Costa Rica. Por cuanto el Congreso Constituyente del mismo Estado ha decretado lo que sigue: El Congreso Constituyente del Estado de Costa Rica ha tenido a bien decretar y decreta: La Virgen de los Ángeles, Madre de Dios y Señora Nuestra es y será en lo sucesivo la Patrona del Estado de Costa Rica”. 

Patronato renovado y ratificado por  sucesivas Asambleas Legislativas: 

 

1.- En el año 1924, primer centenario  del decreto del Patronato Oficial, en forma unánime  el Congreso de la República lo renueva y a la vez  decreta: “Feriado el 2 de agosto de cada año, día en que la Iglesia Católica celebra la fiesta de la Virgen de Los Ángeles”. 

 

2.- En el año 1974 la Asamblea Legislativa rinde un homenaje a la Patrona de Costa Rica con motivo de los 150 años de la promulgación del Patronato Oficial de la Virgen de Los Ángeles, por tal motivo acuerdan los diputados: “Colocar en la Basílica de Nuestra Señora de Los Ángeles una placa conmemorativa de la proclamación que contenga el texto literal del Decreto III del Jefe de Estado de Costa Rica: Don Juan Mora F, de fecha 24 de setiembre de 1824”.

 

3.- En el año 2002, La Asamblea Legislativa de la República de Costa Rica, acuerda: “Ratificar el Patronato de la Virgen de Los Ángeles:

 

1.- Ratificar el decreto de la Asamblea Constituyente del Estado de Costa Rica, dado el 24 de setiembre de 1824.

 

2.- Que el tercer milenio el Estado costarricense esté bajo el amparo y la protección del Inmaculado Corazón de la Virgen María, Reina de Los Ángeles”. San  José, veintinueve del mes de julio del año 2002. 

 

La Asamblea Legislativa como representante del Pueblo de Costa Rica, así como su Presidente constitucional, han interpretado a cabalidad los sentimientos del pueblo costarricense sobre el significado que tiene la Imagen de la Virgen de Los Ángeles en su caminar histórico no sólo en la fe cristiana, sino en la vida social y política de los costarricenses desde el año 1635, en que fue hallada por una joven indígena en la Puebla de los Pardos, en Cartago, y desde ese momento se comenzó a venerar como la Madre de Dios y Señora de Costa Rica, bajo la advocación de Nuestra Señora de Los Ángeles. Un signo de amor a su pueblo, cuyos gozos y esperanzas, tristezas y angustias ha venido compartiendo desde aquella lejana y memorable fecha. 

Cuántos escritos sobre la Virgen de los Ángeles han salido de la pluma de eminentes historiadores y literatos costarricenses; poemas de connotados intelectuales y humildes campesinos, irradiando unos y otros amor profundo y filial, para aquella a quien Monseñor Sanabria llamara “Princesa de la Paz y no diosa de la guerra”. Innumerables costarricenses llegados de todos los rincones de nuestra bella tierra a visitar a la Madre, a quien todas las generaciones llaman bienaventurada, por las maravillas que hizo el Señor en Ella y testigos de múltiples favores que concede a sus hijos que le piden con fe.  

Queridos costarricenses, no dejen de amar a esta Madre, a esta Negrita de los Ángeles, la gloria más excelsa de la nación costarricense. No importa que alguno o algunos menosprecien, insulten  o pretendan  utilizar para intereses espurios al ser más querido y bendito, como es la Madre del Hijo de Dios y Madre nuestra. Ella sigue amando a sus hijos, también a los huérfanos que no la reconocen como su verdadera Madre.  No podemos amar a Jesús, si no amamos también a su santa Madre. A Ella la defendemos poniendo toda nuestra confianza filial y haciendo lo que nos dijo en las bodas de Caná: “Hagan lo que Él les diga” (Jn 2,5)

Queridos fieles: obedientes a la Palabra de Dios, proclamen siempre a María como a la mujer bienaventurada en la que el Señor realizó maravillas y las sigue realizando en nuestras vidas a través de Ella. 

Que la Basílica de Cartago siga siendo para todos nosotros la casa donde habita nuestra Madre, la Virgen María, Reina de los Ángeles, Patrona del Pueblo costarricense y a la que siempre acudimos con el alma henchida de gozo para saludarla, para implorar su ayuda, darle gracias por sus incontables favores y rogar por nuestra querida Patria Costa Rica y por su Gobierno. 

No hagamos caso a los malos hijos que han osado profanar a la Virgen María, que todos llevamos en nuestro corazón. No hagamos caso a aquellos que se atreven a decir que toda manifestación de veneración y amor para la Virgen María es amor que se le resta a Jesucristo o que es un gesto idolátrico, todo es un engaño. A Nuestra Señora la veneramos y cuando más nos acercamos a Ella más cerca estamos de Jesús, ya que Ella es su Madre.  

Después de estas desconcertantes elecciones presidenciales, nuestro amor y veneración por nuestra querida Negrita de los Ángeles ha quedado más fortalecida.

Que Ella siga acompañando y protegiendo a nuestra querida Costa Rica y haciéndonos a todos más hermanos como sus hijos queridos.

 

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