Cristo vuelve a ser crucificado en cada migrante lastimado

Cristo vuelve a ser crucificado en cada migrante lastimado

 

Danny Solano Gómez

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Ante la orden ejecutiva del Presidente estadounidense Donald Trump, de desplegar tropas de la Guardia Nacional en la zona fronteriza en México y Estados Unidos, obispos de ambos países se han mostrado preocupados por la decisión.

El objetivo de la disposición del mandatario es intensificar el control migratorio en el espacio limítrofe e iniciar la construcción inmediata de un muro físico en la frontera sur, permanentemente monitoreado y vigilado. 

 

“Su dolor es nuestro dolor”

Obispos de México y del Consejo de Presidencia de la Conferencia del Episcopal de ese país hicieron un llamado a los presidentes Trump y al mandatario mexicano Enrique Peña Nieto, así como a los ciudadanos mexicanos dentro y fuera del territorio nacional.

En la declaración exponen que: “El grito de los migrantes es nuestro grito”. ¡Su dolor es nuestro dolor! ¡En cada migrante que es lastimado en su dignidad y en sus derechos, Jesucristo vuelve a ser crucificado!”.

Y agrega que: “Los gobiernos mexicanos del pasado y del presente tienen una grave responsabilidad al no haber creado las oportunidades suficientes de desarrollo para nuestro pueblo pobre y marginado (…) Sin embargo, las carencias que tenemos los mexicanos no pueden ser justificación para promover el antagonismo entre pueblos que están llamados a ser amigos y hermanos”.

“Los migrantes no son criminales sino seres humanos vulnerables que tienen auténtico derecho al desarrollo personal y comunitario”, alega el comunicado titulado: “Por la dignidad de los migrantes”, y publicado el pasado 7 de abril.

 

Búsqueda de refugio no es un crimen

“La continua militarización de la frontera Estados Unidos/México distorsiona la realidad de la vida en la frontera; ésta no es una zona de guerra, más bien está integrada por muchas comunidades pacíficas y respetuosas de la ley las cuales también muestran generosidad al responder al sufrimiento humano”, menciona un comunicado firmado en conjunto por ocho prelados de diócesis estadounidenses, ubicadas en zonas fronterizas.

Indican que reconocen el derecho de las naciones a controlar y asegurar sus fronteras, no obstante, “la búsqueda de un refugio a causa de la persecución y la violencia en busca de una vida pacifica para uno y para la familia de uno, no es un crimen”.

Asimismo, dicen esperar que los funcionarios locales, estatales y federales trabajen en forma prudente y que la presencia de la Guardia Nacional sea mesurada y no perjudique la vida de la comunidad. 

“Estamos muy preocupados pues en estos tiempos la retórica divisiva a menudo promueve la deshumanización de los migrantes, como si todos presentasen una amenaza y fuesen unos criminales”, dice el escrito.

 

Aumentará vulnerabilidad

Mons. Joe Vásquez, Obispo de Austin, Texas, manifestó estar descorazonado por la noticia de la orden y mencionó que la construcción de ese muro solo hará que los migrantes, especialmente las mujeres y niños vulnerables, sean más vulnerables a traficantes y a contrabandistas”. 

Adicionalmente “la construcción de un muro así desestabiliza a las vibrantes y bellas comunidades interconectadas que viven pacíficamente a lo largo de la frontera”.

Mons. Vásquez añadió que “en vez de construir muros, en este tiempo, mis hermanos obispos y yo continuaremos siguiendo el ejemplo del Papa Francisco. Nosotros buscaremos construir puentes entre la gente, puentes que nos permitan derribar los muros de la exclusión y la explotación”.

“Aunque respetamos el derecho de nuestro gobierno federal de controlar nuestras fronteras y garantizar la seguridad para todos los estadounidenses, no creemos que una  escalada de detención de inmigrantes y el creciente intensivo uso de control en comunidades inmigrantes es el camino para lograr esas metas”, indicó.

Mons. Joe Vásquez señaló que en lugar de estas políticas, los obispos estadounidenses se mantendrán firmes “en nuestro compromiso de una reforma comprensiva, compasiva y de sentido común”.

“Cada día, mis hermanos de obispos y yo atestiguamos los efectos nocivos de la detención de inmigrantes en nuestros ministerios. Experimentamos el dolor de familias separadas que luchan por mantener la apariencia de una vida familiar normal. Vemos a niños traumatizados en nuestras escuelas y en nuestras iglesias”, recordó.

 

En contexto

En 1994, durante el gobierno de Bill Clinton, se inició la construcción de un muro fronterizo con el fin de combatir contra la migración ilegal. El tema tomó más relevancia cuando durante su campaña como candidato a la presidencia Donald Trump prometió la edificar un muro a lo largo de toda la frontera sur.

El decreto firmado por el mandatario justifica la orden asegurando que es para prevenir la inmigración ilegal, el tráfico de drogas y de personas, así como actos de terrorismo.

Para evadir el control de migrantes en Estados Unidos, muchos optan por cruzar la frontera a través de zonas donde hay menor vigilancia y mayor inseguridad, como el Desierto de Arizona. A raíz de la situación actual aumentó el tránsito de migrantes por esta zona y la cantidad de muertes.

 

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