De misión en Mazá, el pueblo olvidado

De misión en Mazá, el pueblo olvidado

 

Laura Ávila Chacón

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En las montañas de Telire, en la Cordillera de Talamanca, existe un pueblo indígena llamado Mazá. Por siglos, su gente amable y valiente ha luchado contra todas las dificultades y obstáculos que se puedan imaginar para sobrevivir.

La semana pasada, por primera vez en la historia, un obispo llegó hasta allá para reiterar el deseo de la Iglesia, y en particular de la Diócesis de Limón, de acompañar y caminar junto a los pueblos autóctonos, entre las poblaciones más excluidas y empobrecidas del país.

Monseñor Javier Román, obispo caribeño, cumplió un año más su visita a las comunidades más altas y alejadas de la cordillera, en una gira de misión desde el lunes 9 y hasta el viernes 13 de abril.

Fue acompañado por el párroco de Talamanca, el Padre Marvin Robles CM, el funcionario del Registro Civil Danilo Layán, el diácono Armando Campos, el Dr. Dennis Muñoz, la misionera Key Sequeira y quien escribe esta reseña.

Las jornadas de hasta 12 horas de camino, pasar por ríos, laderas, troncos, bañarse en medio de la montaña y comer lo que hubiera, fueron pruebas pequeñas en comparación con las necesidades que enfrentan estas familias aquejadas por la falta de atención médica, vivienda, acueductos, caminos, trabajo y escuelas.

Silvestre Leal, uno de los habitantes de Mazá, explicó que su preocupación actual es un código del Ministerio de Educación para abrir una escuela en el pueblo, pues los niños deben caminar tres horas todos los días hasta Cartago, otro poblado de Telire, para estudiar. Camino que actualmente está destruido por el último temporal ocurrido en diciembre pasado, y obliga a transitar por troncos caídos donde habitan tigres y otros felinos.

El banano es la comida principal en Mazá. La cacería de guatuzas, tepezcuintles, saínos y venados completa la dieta, con algo de maíz y frijoles.

En diálogo con el pueblo, el obispo escuchó y compartió la experiencia de otras comunidades que poco a poco van viendo mejoras. Tal es el caso de Bajo Bley, donde ya está en construcción el Ebais.

Con ellos compartió la Santa Misa como lo hizo en otros poblados visitados durante la gira, como Pico Blanco, Alto Bley y Rancallal, adonde también llegó la solidaridad de los católicos que apoyan la Pastoral Indígena de Limón, en forma de diarios de alimentos para las familias.

“Como Iglesia no pretendemos cambiar la cultura indígena, sino más bien enriquecernos mutuamente en el conocimiento y el amor de Dios que supera cualquier barrera humana, y avanzar juntos hacia una mayor calidad de vida para ellos”, escribió el obispo como parte de su resumen de la visita misionera.

 

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