El Leviatán

 

¿De quién se trata? ¿Qué significado tiene como animal bestial o como monstruo? Su nombre pertenece a un monstruo marino mitológico.

 

Pbro. Mario Montes M.

Animación bíblica, CENACAT

 

Hoy les vamos a presentar al Leviatán, en el libro de Job, que aparece junto al Behemot, a quien vimos el domingo anterior ¿De quién se trata? ¿Qué significado tiene como animal bestial o como monstruo? Su nombre pertenece a un monstruo marino  mitológico (Jb 3,8). Se pensaba que vivía en las aguas de los océanos, como una especie de plesiosaurio, algo así como el supuesto monstruo del lago Ness, familiarmente llamado Nessie, el nombre de una criatura legendaria que se dice que habita en el lago Ness, un profundo lago de agua dulce, cerca de la ciudad de Inverness, en Escocia, allá en Europa.

También se le conoce en otros pasajes de la Biblia, como los salmos 74,14 y 104,26. En Is 27,1 es llamado “serpiente huidiza”, “serpiente tortuosa” o “dragón marino”, al que Dios vence o mata. Era como la personificación de las fuerzas malignas del caos, al que Yahvé había vencido al comienzo de la creación (Gén 1,1). Veamos cómo lo describe el libro de Job:

Y a Leviatán ¿podrás pescarlo con un anzuelo y sujetar su lengua con una cuerda?  ¿Le meterás un junco en las narices o perforarás con un garfio sus mandíbulas?  ¿Acaso te hará largas súplicas o te dirigirá palabras tiernas?  ¿Hará un pacto contigo y lo tomarás como esclavo para siempre? ¿Jugarás con él como con un pájaro y lo atarás para entretenimiento de tus hijas? ¿Traficarán con él los pescadores y se lo disputarán los comerciantes?  ¿Acribillarás con dardos su piel y su cabeza a golpes de arpón?  Prueba a ponerle la mano encima: piensa en el combate y desistirás… (Jb 40,25-32).

Esta larga descripción del Leviatán, la tenemos completa en Job 40,25-41,26. Se concentra en presentar su ferocidad e invulnerabilidad, de allí que por lo general se piensa que es un dragón mítico, presentado como un cocodrilo gigante.

“¿Puedes hacer de él una mascota?” le pregunta Dios a Job, que es la misma pregunta que le lanza con respecto al toro salvaje (Jb 39,9-12). Sin embargo, se da a entender que el Señor puede jugar con este monstruo como él quiera, casi como un manso animal o mascota, idea que aparece en el salmo 104,26: Allí está el mar, ancho y dilatado, en él se agitan innumerables animales pequeños y grandes; lo surcan las naves, y el Leviatán que hiciste para jugar con él…

“¿Puedes pescarlo con anzuelo?” (v.25ª). Es decir, sacarlo con caña y anzuelo, como si fuera un pescado. Eso, sencillamente imposible, da a entender el poema. ¿Puede algo vencerlo? (ver Job 41,1-26). En todo este capítulo, se describe la agresividad del cocodrilo y su piel tan extremadamente dura, a prueba de armas (v.v.4-9; ver también los versículos 18-21). Su carácter temible se expresa en términos mitológicos, presentándolo como un dragón que respira fuego (v.v. 10-13), incluso que hasta el mar le teme… (v.17). Este monstruo aterrador, sin rival entre todas las bestias, no se encuentra bajo el control humano. Sin embargo, está bajo el cuidado de Dios y es objeto de  su complacencia y de su protección.

Aun así, los especialistas de la Biblia siguen discutiendo sobre la identidad de Behemot y de Leviatán ¿Se trata del hipopótamo y del cocodrilo? ¿O más bien simbolizan los poderes siniestros y destructivos del caos? Es probable que esto último. Pero esto no significa que el autor sagrado no se haya inspirado en algo conocido sobre los animales de la antigüedad. Probablemente estamos ante una mezcla de zoología y mitología.

Dios desafía a Job: “¿Puedes tú, acaso pasar una soga por sus narices?” (Jb 40,24). Ambos monstruos se pavonean por el mundo, embistiendo y atacando para hacer que todo vuelva al caos, pero no son ellos los que mandan… ¡es Dios! Pero él nos los destruye, sino que más bien los controla. Al presentarlos entonces, el autor sagrado no tenía como fin ilustrar sobre la anatomía de estos imponentes seres, sino en reforzar la idea del poder creador de Dios, como Señor de la creación, en contraposición a la impotencia e incapacidad de Job para someterlos y dominarlos. Sin embargo, no puede negarse el placer que siente el redactor de estos bellos textos, al presentar a estas fuerzas descomunales de la naturaleza a sus lectores.

La descripción de Behemot que habíamos visto el domingo pasado (Jb 40,15-24), no es espectacular desde el punto de vista retórico, a excepción de la pregunta final: “¿puede ser capturado o traspasado?” Este estilo es más pronunciado en la larga descripción del Leviatán (Jb 40,25-41,26), que además, está sembrada de preguntas sarcásticas: “¿Puedes jugar con él como si fuera un pájaro?” “¿Podrás atarlo con una cuerda para que jueguen tus hijas?” (v.29). Y las palabras finales resultan perfectamente adecuadas; es descrito como el “rey de todas las fieras” (Jb 41,26). El león africano sencillamente se queda atrás… Ante ello, Job le responde a Dios diciendo:

Sé que tú lo puedes todo y que ningún proyecto es irrealizable para ti.  Sí, yo hablaba sin entender, de maravillas que me sobrepasan y que ignoro. “Escucha, déjame hablar; yo te interrogaré y tú me instruirás”. Yo te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos. Por eso me retracto, y me arrepiento en el polvo y la ceniza

Job reconoce el poder y las intenciones de Dios y admite que van más allá de su capacidad de comprensión. De paso reconoce también su ignorancia, pues había tratado de averiguar cosas que estaban por encima de él: Yo te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos… (v.5), que puede ser tomado como resumen del efecto que han producido en él la teofanía o manifestación de Dios (Jb 38,1; 40,6) y sus largos discursos, en los que ha presentado las maravillas de la creación y la fuerza impresionante y arrolladora de estos dos monstruos míticos.

¿Qué es lo que en nuestra vida consideramos invencible? ¿Qué nos enseña el libro de Job, al presentarnos a estas bestias indomables? ¿A quién podemos recurrir?