“No teman; soy yo. ¿Por qué se espantan?”

 

Oración inicial

¡Shaddai, Dios de la montaña, que haces de nuestra frágil vida la peña de tu morada, conduce nuestra mente a golpear la roca del desierto. La pobreza de nuestro sentir nos cubra como un manto en la obscuridad de la noche y abra nuestro corazón para atender al eco del Silencio hasta el alba, envolviéndonos en la luz del nuevo amanecer, nos lleve con las cenizas consumadas del fuego de los pastores del Absoluto que han vigilado por nosotros junto al Divino Maestro, el sabor de la santa memoria.

 

Lectura bíblica

Lectura del santo Evangelio según san Lucas:

Cuando los dos discípulos regresaron de Emaús y llegaron al sitio donde estaban reunidos los apóstoles, les contaron lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.

Mientras hablaban de esas cosas, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Ellos, desconcertados y llenos de temor, creían ver un fantasma. Pero él les dijo: “No teman; soy yo. ¿Por qué se espantan? ¿Por qué surgen dudas en su interior? Miren mis manos y mis pies. Soy yo en persona. Tóquenme y convénzanse: un fantasma no tiene ni carne ni huesos, como ven que tengo yo”. Y les mostró las manos y los pies. Pero como ellos no acababan de creer de pura alegría y seguían atónitos, les dijo: “¿Tienen aquí algo de comer?” Le ofrecieron un trozo de pescado asado; él lo tomó y se puso a comer delante de ellos.

Después les dijo: “Lo que ha sucedido es aquello de que les hablaba yo, cuando aún estaba con ustedes: que tenía que cumplirse todo lo que estaba escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos”.

Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras y les dijo: “Está escrito que el Mesías tenía que padecer y había de resucitar de entre los muertos al tercer día, y que en su nombre se había de predicar a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, la necesidad de volverse a Dios para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de esto”.

Palabra del Señor.

  

Un momento de silencio

Dejamos que la voz del Verbo resuene en nosotros.

 

Algunas preguntas

1. ¿Cuántos momentos de gracia en el camino de nuestra existencia?¿Lo reconocemos mientras parte con nosotros el pan del presente en el mesón del hacerse tarde?

2. ¿Tocamos con la mano los dones de la libertad en la persona de Cristo viviente y en la fracción del estar juntos?

3. ¿Qué Dios nos fascina? ¿El Dios de lo imprevisto que está siempre al otro lado de nuestro pequeño mundo o el Dios “espíritu” de nuestro deseo omnipotente?

4. ¿Es el gozo nuestro bastón de viaje? ¿Vive en nosotros el sentido de la espera o nos movemos en las sombras de la resignación?

5. ¿Hemos hecho de la Escritura la nostalgia de una Palabra dejada al andar como brisa del Amor eterno entre los ramos del dolor humano?

 

Oración final

Señor, nosotros te buscamos y deseamos tu rostro: un día, quitado el velo, podremos contemplarte. Te buscamos en las Escrituras que nos hablan de tí: bajo el velo de la sabiduría acogemos la cruz, tu don a las gentes. Te buscamos en los rostros radiantes de hermanos y hermanas: te vemos en la impronta de tu pasión en sus cuerpos sufrientes. No los ojos, sino el corazón tiene la visión de ti: al resplandor de la esperanza, nosotros esperamos encontrarte para hablar contigo. Amén.