Virginidad

Virginidad 

 

Lis Chaves

Ordo Consecrationis Virginum, Diócesis de Cartago

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Virginidad, la desgracia de las mujeres del Antiguo Testamento y sin embargo, como todo es diferente en la nueva alianza de Dios con los hombres, Dios elige a una mujer virgen para ser la Madre de su Hijo y continuó siendo virgen después del parto, es un dogma de nuestra fe sobre la Madre del Señor. 

Virginidad hoy es una palabra que no se usa y hasta escandaliza, por alguna razón despierta hasta morbo. Entre los jóvenes significa algo del pasado, algo ridículo, sin valor alguno. Esto nos lleva a una reflexión sobre todo aquello valioso que hemos dejado que se vaya perdiendo con el tiempo y sobre la importancia de recuperarlo.

En algunas familias hasta ejercen presión cuando ven una jovencita todavía virgen que no muestra prisa por tener novios o “amigovios” como dicen ahora y en otras, lo cual es más común, da igual saber que la muchacha cambia de novios y con todos tiene relaciones sexuales. Luego van las tías y las primas a llevarlas a los ginecólogos porque o están embarazadas o ya llevan alguna enfermedad de transmisión sexual empezando la vida. 

No me alcanza esta columna para hacer la reflexión que me gustaría sobre la virginidad, por eso les comparto solo algunas ideas que nos ayuden a comprender mejor por qué la virginidad sigue teniendo un gran valor hoy y por qué será siempre más importante la virginidad del corazón.

La palabra virginidad viene en zigzag históricamente. Solo ocho veces sale la palabra virginidad en boca de personajes hebreos a lo largo del Antiguo Testamento (Francisco de B. Vizmanos). Era importante para llegar al matrimonio pero una joven que muriese virgen era una desgraciada, no supo lo que era la maternidad, lo que más valoraban en aquel tiempo. Con la nueva alianza, Dios pone de relieve el valor de la virginidad como mencioné al principio y por mucho tiempo, las mujeres se consagrarían vírgenes al servicio de la Iglesia y serían altamente estimadas por sus comunidades. 

En nuestros tiempos, la virginidad volvió a caer en la desgracia porque hemos dado paso al liberalismo, al desenfreno donde todo es permitido y nada es pecado, aunque nos traiga severas consecuencias físicas, morales y espirituales. Ya ni siquiera se necesita hablar de matrimonio para hablar de relaciones sexuales porque en nuestros días son temas separados lamentablemente. Pienso que por el bien de nuestros niños y jóvenes, debemos recuperar aquellos valores que nos hablaban de amor y fidelidad para toda una vida. Recuperar nuestra fe.

Por otra parte, quiero referirme a la virginidad por el Reino, un llamado especial de Dios que el Espíritu Santo sigue suscitando entre las mujeres de hoy. Es una vida dedicada al servicio de Dios y su Iglesia, una vida que anuncia como seremos en el cielo, donde no tendremos cónyuge porque seremos solo alabanza a Dios.

La virginidad física por sí sola no significa nada en este llamado. Es importante la virginidad del corazón, es decir, esa pureza del alma. “La virginidad del corazón consiste en querer una sola cosa, cuando esta sola cosa es Dios” (Raniero Cantalamessa). A Dios no le es agradable una virginidad física sin pureza del corazón y más bien preferiría un corazón puro en una prostituta que una virgen física orgullosa y soberbia.

La virginidad física está en función de la pureza del corazón y solo así obtiene todo su sentido de ofrenda y servicio. Como todos tenemos la herida del pecado, la única verdaderamente Virgen es la Madre de Dios, por eso va a ser siempre el modelo y la discípula perfecta.