“¡Mi vecina es una chismosa!, ¿qué debo hacer?”

“¡Mi vecina es una chismosa!, ¿qué debo hacer?”

 

“Tengo muchos defectos y muchos pecados y de ello estoy consciente. Tengo vecinos, pero el conflicto es sólo con una persona  adulta mayor que como todos es hija de Dios, pero tiene el feo defecto de ser una persona particularmente chismosa. Anda viendo qué malo hago para verlo en primer lugar y comentarlo todo con la comunidad, y si puede, lo aumenta. Siento el impulso de despreciar a esa persona , porque anda comentando a todos cada cosa que hago, y va con mi madre a contarle cada paso y distorsiona cada situación en que me encuentro, causándome serios problemas por cosas que posiblemente no han acontecido como aquella señora se las ha comentado. 

De corazón le digo, Monseñor, que me brotó el impulso de desearle la muerte y más de una vez, porque lo único que le ha faltado a esa señora es decir que tengo el “cachudo” dentro, y me ha llamado de todo inclusive ha dicho que soy una... Llega al extremo de quedar despierta para ver a qué hora llego y con quien y he escuchado que va diciendo que yo me meto con más de uno. Todo esto me ha causado problemas con los demás vecinos porque ya me andan viendo y me miran con desprecio por las habladurías de la señora.

Yo le prometí al Señor que no me iba a detener en pensar mal de aquella señora. A ella yo no le hablo, y la verdad es que me cuesta mucho decirle aunque sea: ¡Buenos Días!. Prometo esforzarme en un desear nada malo para ella.

Hubo otro caso, Monseñor, el de una señora que le hacía de compañera a la que hablaba tan mal de mí; pero esta última ya se la llevó el Señor y me sentí mala porque me brotó decirle a Dios, gracias, recíbela con la misma alegría con que yo te la mando y que se quede siempre en tú gloria. Dios mío, perdónala por todos sus pecados, que esté en el Cielo pero que no regrese. Monseñor, ¿qué actitud debo tomar con está señora vecina mía?”

S. D. Obregón – Desamparados.

 

Estimada S.D.: Su correo es largo y nos cuenta muchos detalles, pero he preferido dejarlo como estaba para que los lectores puedan constatar, una vez más, cuanto daño hacemos con las habladurías y los chismes, que a su vez son fruto amargo de la actitud fiscalizadora que no nos corresponde. Usted además,  me informa acerca del barrio en que vive, y me hizo recordar el viejo refrán: “pueblo pequeño, infierno grande”.

¿Qué hacer?. Ante todo le felicito por el propósito que tomó con ocasión de la Cuaresma y la Semana Santa, y concretamente de no deternerse en pensar negativamente de aquella buena señora que le ha causado serios problemas con su mamá y los vecinos.

Que le sostenga en  su decisión perseverante, la conocida verdad de que, “quien nada debe, nada teme”. Equivale a decir, que tarde o temprano la verdad termina imponiéndose, precisamente como lo afirmó Jesús: “nada oculto que no sea revelado”. Si usted es “buena persona”, y no lo dudo, quédese segura de que no pasará mucho tiempo sin que eso se sepa y se valore, a pesar de que la vecina diga lo contrario. Es la verdad  la mejor defensa de la inocencia... Eso sin olvidar el otro refrán: “no hay que hacer cosas buenas que parezcan malas”, en el sentido de que no hay que dar a nadie la oportunidad (en la medida de lo posible) de que alguien piense mal y divulgue lo que piensa.

Y vuelvo a recordar una muy conocida exhortación de ese precioso librito que Santa Teresa del Niño Jesús se sabía de memoria, La Imitación de Cristo. Ahí leemos: “Que tu paz no esté en los labios de los hombres; que digan bien o que digan mal, eres lo que eres delante de Dios”.

En el trato con la vecina de que me habla, ¿Qué hacer? Lo ideal ha quedado expresado en toda su luz, en la carta de San Pablo a los Romanos: “No devuelvan a nadie mal por mal (...) A ser posible, en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos (...) No te dejes vencer por el mal, sino vence el mal con el bien” (Rom.12 17-21).

En su caso concreto, no se detenga en sospechar, ni comente nada de la vecina que le critica a usted, con otras personas; no le niegue el saludo y de vez en cuando rece por ella. A este respecto, son de perenne actualidad las enseñanzas de Jesús que encontramos en el capítulo 6 de San Lucas, a empezar con la exhortación: “Amen a sus enemigos, oren por cuantos les causan el mal”. El bien siempre va a triunfar imponiéndose al mal y a la mentira.

Y ahora con el mismo  tono de broma con que usted concluye su correo: deje ya de alegrarse por la muerte de la otra vecina y no vuelva a manifestar el deseo de que no retorne... solo rece por su eterno descanso.