Inicia proceso de canonización de la Niña Marisa

 

Danny Solano Gómez

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La Arquidiócesis de San José inició la causa de canonización de María Isabel Acuña, conocida como la niña Marisa, una costarricense quien a su corta edad se “convirtió en una testigo maravillosa de las virtudes cristianas”, según informó la Curia Metropolitana.

La noticia del inicio del proceso de Beatificación y Canonización la brindó Mons. José Rafael Quirós, Arzobispo de San José, durante la Solemnidad de San José, el pasado 19 de marzo. 

Monseñor se refirió a María Isabel Acuña como una niña “quien con su testimonio de vida en el seguimiento de Cristo desde el dolor, ha estado en el corazón de muchos costarricenses fortaleciendo su fe”.

Y agregó: “Desde la sencillez de su fe una niña comprendió que el seguimiento de Jesús implica entrega total (…) Se preocupó por estudiar, prepararse convenientemente y llevar la catequesis de entonces para recibir por primera vez los sacramentos de la Confesión y Comunión Eucarística. Así se fortaleció para ofrecer al Señor los dolores de su enfermedad”.

La Congregación para la Causa de los Santos dio el visto bueno para que de ahora en adelante la Niña Marisa sea llamada Sierva de Dios.

El Padre Alejandro Jiménez, Vicario Judicial de la Arquidiócesis, fue designado como postulador de la causa, él tendrá la función de recabar toda la información en nombre del actor (en esta primera fase llamada diocesana, este rol le corresponde a la Arquidiócesis de San José).

 

Olor a santidad

De acuerdo con la Curia Metropolitana, “Marisa, siendo tan solo una jovencita, fue capaz de entregar a Dios su vida con amor por la conversión a la fe católica de su progenitor. Ella padecía de un tumor cerebral fulminante e hizo de sus padecimientos una alegre ofrenda a Dios, a quien se entregó por completo con tal de ver a su padre volver al seno de la Iglesia Católica”.

Al final de sus días, el ofrecimiento de su vida, fue escuchado en el cielo, pudiendo finalmente compartir por vez primera con su padre el acto sublime de recibir a Cristo en la Santa Comunión antes de ser llamada por Dios a su seno. Su progenitor se transformó en un ferviente católico hasta el final de su vida.

Desde el momento de la muerte de Marisa, la cual se dio en Olor de Santidad, ella se convirtió en ejemplo de fe y santidad para quienes la conocieron en vida, así como para quienes escucharon hablar de su caridad. La existencia de la fama de santidad de esta joven ha perseverado en el tiempo y se ha convertido en modelo y ejemplo para unsinnúmero de fieles católicos a los largo de los años.

“Es una alegría para el país y para nuestra Arquidiócesis, confiamos en Dios en que el proceso culminará con la canonización. Fue una laica que vivió dando testimonio y ejemplo para los católicos. Ahora lo que nos queda es orar”, explicó Monseñor José Rafael Quirós, Arzobispo Metropolitano.

 

Proceso

La Curia también informó que el proceso está en la fase llamada “diocesana”, en la cual se recopilarán los testimonios y pruebas que puedan aportar quienes le conocieron en vida y que puedan dar referencias importantes que ayuden a la beatificación y canonización.

Una vez finalizada esta etapa, se visitará el lugar donde descansan los restos de la Sierva de Dios y se envía toda la información documentada a la Santa Sede para el análisis de la Congregación para las Causas de los Santos, que se encargará de determinar la vivencia de las Virtudes Heróicas de la Niña Marisa.

El Pbro. Alejandro Jiménez señaló que por el momento la devoción debe ser privada, es decir, sin culto público (sin hacer misas o altares), y que todo lo que conlleva el proceso exige que sea de modo discreto.

 

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“Éramos una familia muy unida”

María de los Ángeles y Carmen son dos primas hermanas de la niña Marisa. Cuando eran pequeñas compartieron con ella los juegos y cosas de su edad, y ahora participaron del inicio de la causa de su canonización.

Se trata, según dijeron, de una gran alegría para toda la familia, y una muestra de que la santidad es para todos.

María de los Ángeles recuerda que su papá la llevaba a ver a la niña Marisa en su lecho de enferma, y ella, aunque no podía ver, tomaba su mano con cariño. Ella ahora es docente de educación religiosa y considera que el ejemplo de su prima viene muy bien como catequesis para los niños. 

“Éramos una familia muy unida, la relación era de domingo a domingo, porque era nuestro paseo ir donde las tías, que siempre nos transmitieron mucho amor, mucha unión y espiritualidad, que mantuvimos aún después de ella”, dijo.

Carmen por su parte, recuerda los juegos con la niña Marisa, y sus recorridos juntas de la Escuela América al Paso de la Vaca en San José. “Éramos varias primas muy unidas, nos llevábamos muy bien”, afirmó.

Ambas piden ahora que cualquier persona que acuda a la intercesión de la niña Marisa y obtengan una gracia de Dios lo comunique, pues es la vía necesaria que establece la Iglesia para su beatificación.

 

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