Carta abierta a Javier Solís Herrera

 

Pbro. Víctor Hugo Munguía C.

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Muy querido Javier, he leído, con gran dolor, tus opiniones sobre la “derrota” de la Iglesia Católica en las complicadas elecciones,  que nos toca enfrentar a los ticos y no he podido encontrar en tus opiniones al Javier que yo quiero y menos al Javier que yo respeto. Sé que te gusta la confrontación (esa ha sido tu actitud siempre),  pero eso no te da derecho a decir cosas menos exactas, que pueden confundir porque las dices en cuanto sacerdote, sin precisar que dejaste el ejercicio del Santo Ministerio y sin precisar que le debes a la Iglesia toda la parte de tu vida que te hizo más feliz.

No creo que consideres “corrupta” la formación de excepción que te ofreció la Iglesia Católica en el Seminario Menor de entonces, en el Seminario Mayor de la época de oro de los Alemanes, en el Instituto Superior de Filosofía de Lovaina y en la bien amada Universidad Gregoriana en la que pudiste beber de la época más dorada de los grandes profesores, que yo tuve el honor de tener también.

No creo que consideres “corrupto” el ejercicio del Santo Ministerio Sacerdotal que comenzaste en Puriscal. Te acompañé una vez a visitar dos de las filiales de esa inmensa parroquia y lo hiciste con gran amor, te oí decir que toda la gente de San Juan de Tobosi estaba en estado de gracia y te vi emocionado en la fiesta patronal de San Miguel de Escazú. Reconociste en público que de las funciones que has desempeñado, la que más te ha gratificado es la función sacerdotal y creo que por eso pones la palabra sacerdote debajo de tu nombre.

No creo que consideres “corrupto” el cuidado que tuviste por los templos y casas curales que te tocó administrar y menos todavía la vez que le dijiste a los fieles de San Juan de Tobosi que necesitabas los estipendios de Misas para poder vivir (sabes que esto es cierto).

No creo que pienses que la lista de clérigos y religiosos que haces en tu escrito sea una lista de “corruptos”, “ávidos de poder”, “pederastas” y enamorados del dinero, porque la realidad está ahí para contradecirte y “contra facta non valent argumenta”.

Te atreviste a afirmar cosas teológicas que no aguantarían la evaluación de un maestro de religión, medianamente formado. ¿Qué dirían Latourelle - Alfaro - Alszeghy - Grasso - Orbe de tus afirmaciones sobre la fundación de la Iglesia, el Reino de Dios, los Sacramentos,  la exégesis del NT y del AT? ¿Qué diría Pablo VI (tu Pontífice bien amado) de tu noción de evangelización larvada de pelagianismo? ¿ No fuiste quien dio al Eco Católico el formato que tiene, para que ahora vengas a decir que no evangeliza? ¿No fuiste feliz cuando tocaste con las manos la fe sencilla de la gente de Puriscal, que consideraba pecado “arrecostarse” (sic) en la almohada durante el rezo del Santo Rosario”? ¿No fuiste feliz cultivando tu intelecto con las ciencias filosóficas y teológicas? ¿Por qué tu escrito parece pensar que en la Iglesia todo está mal, que el trabajo pastoral no sirve de nada y que al Pueblo de Dios lo abandonó el Señor? ¿No te acuerdas de que la historia de la Iglesia tiene épocas suficientemente oscuras como para pensar que estamos en la peor?

Oírte traer a cuento los “lugares comunes” (esta expresión la aprendí de vos) de Galileo, la Inquisición y el presunto oscurantismo de la Edad Media hacen ver a kilómetros que hace tiempo dejaste de leer, porque los planteamientos serios de investigaciones científicas de altos vuelos han matizado mucho las “leyendas negras” que se tejieron alrededor de esos “lugares comunes”, hasta convertirlos en asuntos que no debe citar sin seriedad un intelectual medianamente informado.

El otro lugar común que ya cansa es la “bandera de Sanabria”. ¿Quién te convirtió, junto con otros pocos, en el legítimo alférez de esa gloriosa bandera para que la sueltes al viento como una ideología de gente que no pudo hacer nada en política?  Ninguna persona decente niega la grandeza del visionario prelado de los años 40, pero las coyunturas han cambiado y “todo tiempo pasado fue anterior”…

Tu opinión sobre las finanzas de la Iglesia abunda en lugar común de que “la Iglesia tiene plata” y la maneja con corrupción. Yo no tengo conocimiento que me permita ventilar corrupciones de ese tipo. Imagino que menos conocimiento puedes tener, porque hace tiempo dejaste de estar en el gremio clerical. Si hicieras el estudio de las finanzas de las parroquias, te darías cuenta de que muchas no pueden honrar los gastos mínimos, te darías cuenta de que las diócesis no tienen los caudales que muchos piensan. Te darías cuenta de que hubo tiempo en que hubo dinero pero ese tiempo ya pasó y ahora hay obras de suma importancia que tenemos miedo de no poder continuar. Para muestra un botón: quisimos en la Vicaría Central de San José solucionar el problema de los indigentes en condición de “callejización” y no encontramos los medios para hacerlo y si no lo hace la Iglesia, el Estado parece no poder hacerlo.

Tu opinión sobre los obispos es por lo menos ingrata. Personalmente no conozco personas que tengan sobre sus hombros las cargas que tiene un obispo. Se dice (sin poder probarlo) que algunos sacerdotes han rechazado el ofrecimiento que les hizo la Santa Sede de ser obispos. Si alguien busca ese ministerio como un honor, simplemente ignora lo que se le viene encima. Pues lo que yo conozco de los obispos, a los que tienes años de no tratar por las buenas, es que son personas buenas, comprometidas, apasionadas por proyectos de pastoral, llenas de caridad para enfrentar debilidades humanas y sensibles ante los problemas de las gentes, con quienes tienen una cercanía a veces tan profunda, que daría envidia a cualquier prelado del pre-concilio. Si los obispos no brillan en el andamiento del país ¿en qué parte del Evangelio de Jesucristo está que deben ser figuras que brillen? Si el Señor Arzobispo te parece poco brillante, yo personalmente lo he visto brillar en humanidad, en comprensión, en ayuda a personas con problemas, en perdón de ofensas (sic), en homilías proféticas (que si fueran de Sanabria las sacarían a relucir los que piensan que la Historia de la Iglesia tica se acabó en los años 40), en interés por las obras sociales (aunque te parezcan asistencialismo barato) y por una cercanía con las comunidades en las visitas pastorales, que no sé si otro Arzobispo ha podido realizar.

Tu acusación más grave es que la Iglesia no evangeliza. Tu noción de evangelización no es la de “Evangelii nuntiandi”. Clérigos y laicos hemos asumido como definición de nuestros ministerios en la Iglesia el concepto de Evangelización. Se evangeliza celebrando la Sagrada Liturgia, se evangeliza formando los laicos, se evangeliza con la pastoral social que no es mejor porque no tenemos más que dar.

Finalmente, encontré en uno de los libros, que tuviste la bondad de regalarme, una estampita de la primera comunión de tu Hijo. ¿Te atreverías a decir que esa celebración, que tu Ordenación, tu Matrimonio, las honras fúnebres de tus seres queridos son “ritos mágicos, supersticiosos, sin sentido, que nadie entiende y que se hacen por miedo”? Javier, a la Iglesia se le ama como a una madre, sea cual sea su talla y su figura. En ella tanto Vos como yo hemos tenido acceso a santidades ocultas (Mons. Odio - Carlos Joaquín Alfaro Odio, a quien le debes no poco - Pahotze - Pahenniken - Anita - las mamás heroicas - los papás heroicos - los niños que sirven a la Iglesia y van a catequesis no por miedo - los catequistas que embellecen la evangelización - los maestros de religión (obra de Sanabria, por lo demás) - los jóvenes de nuestros grupos de pastoral juvenil que son felices animando a sus coetáneos al encuentro con Cristo vivo - los viejos que la pulseamos por ser buenos a pesar de muchos pecados y una multitud inmensa que “nadie puede contar” que son parte de la Iglesia. En esa parte de la Iglesia no veo ni corrupción, ni desinterés por el prójimo ni avidez de poder o de dinero. Curiosamente en la Iglesia quien no reza convierte el “munus docendi” en ideología, el “munus santificandi” en profesión y el “munus regendi” en tiranía. Resulta que el “munus orandi” sigue teniendo prioridad, como la gracia en toda obra pastoral y en toda vida cristiana (para citar los documentos de Aparecida).

Si algo de esto te molesta, te suplico que me perdones. Sabés que no soy hombre de confrontación. Te suplico que si escribes de la Iglesia, escribas cosas buenas, porque le debes mucho y tus escritos sólo a mí me “pican”, porque en el clero ya casi nadie sabe quién es Javier Solís Herrera y por qué se expresa tan duro de esa “alma mater” que le dio lo que sustancialmente es. Te alcanza perfectamente el latín que sabes para recordar la máxima de Horacio en la Ep ad Pis: “si vis me flere, dolendum est primum ipsi tibi”.

 

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