País se aleja de meta ecológica

País se aleja de meta ecológica

 

Los costarricenses consumimos 8% más de los recursos que el territorio nacional es capaz de reponer. A este ritmo será difícil ser carbono neutrales en el 2021, si no se atienden patrones de producción y consumo depredadores del ambiente.

 

Sofía Solano Gómez

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La huella ecológica de los costarricenses es del 8%, este dato indica que consumimos más recursos naturales de lo que el territorio consigue reponer y aunque es mucho menor que el de los países desarrollados, lo cierto es que si el país desea alcanzar un verdadero desarrollo sostenible debe realizar un gran esfuerzo en cambiar patrones de producción y consumo.

Esta cifra es una tendencia que vienen en aumento desde la década de los noventa. “La huella ecológica es insostenible: 8% más de lo que el territorio es capaz de reponer”, concluye el Informe Estado del Ambiente, (IEA)-2017, presentado recientemente. 

El aumento es ocasionado principalmente por el crecimiento demográfico y las emisiones del sector transporte, según el IEA. El primero de estos factores indica que cada vez son menos los recursos disponibles para más personas, mientras que la otra causa se debe al hecho de que “la matriz energética está basada en hidrocarburos -aunque la matriz eléctrica esté basada en renovables- la mayoría de los cuales están destinados al sector transporte (Semanario Universidad, 2015).” 

Con ello concuerda el Consultor Ambiental, Roberto Artavia, al decir que una de las causas es “la emisión de gases de una flota automotriz que no solo es amplia, sino que por la mala infraestructura emite muchos más gases que lo normal”.

Aunado a ello, menciona “la contaminación de cuencas, el mal manejo de los desechos sólidos y alguna ineficiencia en la matriz de generación eléctrica que ya debió descentralizarse más”. 

Además, la explotación agresiva de los recursos pesqueros y prácticas como la pesca de arrastre son desastrosas en su huella, como lo es la ganadería extensiva que aún se practica en Guanacaste.

De acuerdo con el Informe Estado de la Nación 2017, y según la encuesta de “Patrones y percepciones ciudadanas sobre medio ambiente y condiciones para el cambio”, los ciudadanos son conscientes de la necesidad de proteger más el ambiente. 

No obstante, esta encuesta reveló que el 73% de las personas entrevistadas, aunque sí se preocupa, considera que no tiene hábitos o prácticas para contribuir con él, en contraposición de un 17% que aseguró que la sociedad no está interesada en el tema.

La encuesta arrojó que en un 70% de los hogares se reutilizan o separan residuos sólidos, sin embargo, menos de la mitad ahorra agua o electricidad.

 

Responsabilidad social

Los patrones de uso y consumo deben atenderse para que coincidan con la proyección del país, en metas como alcanzar una economía carbono neutral al 2021, un 15% de residuos revalorizados al 2021 y un pico máximo de emisiones al 2020, según el Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE).

Para ello, el Consultor Ambiental recomienda el uso de transporte colectivo, ya que el uso de transporte individual o familiar “es nuestro mayor pecado como sociedad, porque hemos permitido una gran ineficiencia en el desarrollo de infraestructura alternativa como los trenes o los buses sectorizados.”

Otras de las medidas para contribuir a que la huella ecológica sea sostenible, se refiere al reciclaje, que como cultura debería convertirse en hábito. “Ojalá el compostaje de los desechos orgánicos a nivel doméstico”, es decir tratar la materia orgánica procedente de residuos agrícolas y de la jardinería para acelerar su descomposición y ser utilizados como fertilizante.

Igualmente, el uso racional del agua y la electricidad, “abusamos de nuestros recursos hídricos regando jardines y lavando carros de manera innecesaria y nos hemos resistido de manera tonta a movilizarnos a iluminación ecoeficiente. Muy pocos arquitectos diseñan para un uso óptimo de luz y ventilación natural”, considera Artavia.

Aumentar el teletrabajo y hacer todos los trámites posibles vía Internet también ayudaría, al igual que abrir las ventanas, cambiar los bombillos y no desperdiciar comida. 

En esta misma línea, hacer menor uso del carro o la moto, caminar, regalar o desechar lo que ya no utiliza en su ropero, hará que consuma menos y contribuirá con una mejor huella ecológica colectiva.

Iniciativas como las anteriores, son imprescindibles para apuntar a reducir positivamente los impactos al medio ambiente y más allá de ponerlas en práctica de manera individual, también instituciones, empresas, organizaciones y hogares son partícipes del logro.

 

Consumo y producción sostenibles 

El IEA propone varias ideas para revertir las tendencias hacia la producción y el consumo insostenibles, tales como los sellos o certificaciones que proveen información sobre el desempeño ambiental de los servicios o productos ofrecidos. 

“En Costa Rica, algunos de estos son facilitados u ofrecidos desde esquemas intersectoriales gubernamentales, entre los cuales destacan el Programa de Bandera Azul Ecológica”, el cual está concebido como un programa educativo dirigido a la sociedad civil para la mejora de sus condiciones ambientales, higiénicas y de salud pública. Funciona desde 1995.

Igualmente, el Certificado de Sostenibilidad Turística que, reconoce a las empresas turísticas, agrupadas en seis categorías, que manejen los recursos naturales, culturales y sociales en forma sostenible. 

Y, por último, la carbono-neutralidad, un certificado dirigido a empresas y organizaciones, cuyo número actualmente asciende a 88.

Las ecoetiquetas, también como herramienta, “ayudan a los consumidores a verificar información sobre los productos con base en todo el ciclo de vida o un aspecto ambiental”. Se incluyen aquí, los productos verdes o ambientalmente amigables, distribuidos por productores y oferentes de pequeñas y medianas empresas en ferias verdes u orgánicas y más recientemente en supermercados.

 

Parroquias ecológicas

Basado en la encíclica Laudato si’ del Papa Francisco, y su llamado a cuidar y a asumir una actitud responsable con el planeta, el Programa Bandera Azul Ecológica, puso a disposición la categoría Eclesial Ecológica, de la cual hasta el momento hay inscritas formalmente tres parroquias y un grupo católico (la inscripción se cierra el 31 de marzo).

Corresponden a la Parroquia San Antonio de Padua, en Coronado, Sagrado Corazón de Jesús, en Hatillo, Nuestra Señora del Pilar, en Tres Ríos, San Francisco Javier en Limón y el Movimiento Shoensttat.

La Parroquia San Antonio de Padua, en Coronado tiene tres años de formar parte del Programa y es Bandera Azul 2016 en esta categoría. Odette Aguilar, colaboradora de la comisión, dijo que la experiencia ha sido de mucho agrado.

“Hacer que el plástico ya no vaya a la basura es de los mayores logros”, dijo Aguilar. Por ejemplo, en un reciente Retiro Espiritual, “cada grupo llevaba una bajilla reutilizable”, de esta manera 600 vasos plásticos que antes se usaban, ya no se botan, “pues eliminamos también del todo el uso de estereofón.”

En 2016, hubo cinco comités locales activos en la Categoría Eclesial Ecológica, de los cuales la Parroquia San Antonio de Padua, en Coronado, la Parroquia Nuestra Señora del Pilar, en Tres Ríos y la Universidad Católica fueron galardonadas.  

Esta categoría es abierta a todas las denominaciones religiosas, con el fin de crear espacios de encuentro común, promoviendo un desarrollo socio ambiental con criterios de sostenibilidad.

Su objetivo es “lograr minimizar el riesgo provocado por los efectos del cambio climático, mediante una gestión integrada de los recursos naturales, que genere un efecto multiplicador en sus centros de evangelización”.

 

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