Semana Santa… Tiempo de Gracia

Semana Santa… Tiempo de Gracia

 

Monseñor José Rafael Quirós

Arzobispo de San José

 

Todo cristiano debe celebrar intensamente la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, fuente de luz en nuestro caminar y, con ello, “dar gracias a Dios que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo”.1

En la Pasión y Muerte del Señor el dolor es transformado: “El sufrimiento humano ha alcanzado su culminación en la pasión de Cristo (...) entrando en una dimensión completamente nueva y en un orden nuevo: ha sido ligado al amor”2 y por la Resurrección, ese mismo dolor llega a ser camino de vida.

Como bien nos enseña San Pablo, “… si Cristo no ha resucitado vana sería nuestra predicación, es vana nuestra fe”,3 en otras palabras, todo hubiera terminado en una tumba, como sucede con cualquier mortal. Pero, “la muerte ha sido devorada por la victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?”.4 El Hijo de Dios se levanta del sepulcro dando pruebas evidentes de que él es la Vida5, y que la historia de muerte suscitada por el pecado ha quedado totalmente dominada.

Por ende, nuestra fe no se ancla en la muerte, al contrario, surge de la fuerza del resucitado, y por eso proclamamos con gran alegría que la vida plena, es lo propio de quienes hemos sido incorporados a Cristo desde el día de nuestro bautismo.

Ante una sociedad de espaldas al don de Dios, presa de ideologías y prácticas, quienes somos testigos de la Vida debemos proponer este camino de luz y llevar esperanza a tantos corazones que se sienten fracasados, al no alcanzar como meta, lo que el mundo de hoy, engañosamente, les ofrece. El corazón humano no puede llenarse con cosas, más bien, ansía se le llene del verdadero amor que tiene como fuente a Dios mismo, tiene ansias de bondad, de misericordia y perdón.

De todo corazón les invito a celebrar la Semana Santa este año, con mucho fervor, poniendo la mirada en Cristo muerto y resucitado, que es quien da verdadero sentido a nuestro peregrinar terreno. Su entrega total por nuestra salvación ha de movernos a un seguimiento sincero, a dejar de lado un cristianismo fácil y sin compromiso. El mismo Jesús nos dice “el que quiera seguirme que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz y me siga”.6 No hay duda de que, siguiendo sinceramente al Señor, estaremos constituyéndonos en verdaderos agentes de transformación. Nuestro país necesita del compromiso de todos nosotros, el creyente no puede adaptarse a las propuestas de este mundo.

Que desde el Domingo de Ramos,  y durante toda la Semana, abramos nuestra mente a la escucha de la Palabra, para meditarla asiduamente, dejemos que su mensaje llegue hasta nuestro corazón y lo cambie, para que palpite de amor y esperanza. Así el Domingo de Resurrección, nos uniremos todos en solo clamor jubiloso, “Ha resucitado el Señor”.

1 Cf.1Cor 15,54s.57

2 Juan Pablo II, Carta Apostólica Salvifici doloris, sobre el sentido cristiano del sufrimiento humano, 11 Febrero 1984, n.18

3 Cf.1Cor. 15, 14

4 Cf.1Cor 15,54s.57

5 Cf. Juan 11, 25-27

6 Cf. Mt. 16, 24

 

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