Conozcamos a Elihú

Conozcamos a Elihú

 

Un nuevo personaje aparece en la vida de Job: Elihú ¿Qué le dirá a Job que sufre? Lo veremos hoy.

 

Pbro. Mario Montes M.

Animación bíblica, CENACAT

 

Hemos estado presentando a Job, el hombre que sufre y que se debate en reclamarle a Dios el por qué lo había tratado tan mal, siendo inocente y, a la vez, siendo “acusado” por sus amigos de que algún pecado tuvo que haber cometido, para estar en esas condiciones tan lamentables (doctrina de la retribución). Pero aparece de repente en escena, un nuevo personaje llamado Elihú. Veamos:

Los tres hombres no respondieron más a Job, convencidos de que era inocente. Pero Elihú, hijo de Baraquel, de la familia de Ram, natural de Buz, se indignó contra Job, porque pretendía justificarse frente a Dios. También se indignó contra los tres compañeros, porque, al no hallar respuesta, habían dejado a Dios como culpable. Elihú había esperado, mientras ellos hablaban con Job, porque eran mayores que él; pero, viendo que ninguno de los tres respondía, Elihú, hijo de Baraquel, de Buz, indignado, intervino, diciendo: “Escucha mis palabras, Job, presta oído a mi discurso, mira que ya abro la boca y mi lengua forma palabras con el paladar; hablo con un corazón sincero, mis labios expresan un saber acendrado.

El soplo de Dios me hizo, el aliento del Todopoderoso me dio vida. Contéstame, si puedes, prepárate, ponte frente a mí. Mira: igual que tú soy ante Dios, también yo fui plasmado de la arcilla. No te espantará mi terror, ni pesará mi mano sobre ti. Tú has dicho esto en mi presencia, yo te he escuchado: “Yo soy puro, no tengo delito, soy inocente, no hay culpa en mí, pero él encuentra pretextos contra mí, me considera su enemigo, mete mis pies en el cepo y espía todos mis pasos.”

Protesto: en eso no tienes razón, porque Dios es más grande que el hombre. ¿Cómo te atreves a acusarlo de que no responda a todas tus razones? Dios sabe hablar de un modo o de otro, y uno no lo advierte. En sueños o visiones nocturnas, cuando el letargo cae sobre el hombre que está durmiendo en su cama: entonces le abre el oído y lo estremece con avisos, para apartarlo de sus malas obras y corregir su orgullo, para librar su vida de la fosa y de cruzar el canal.

Otras veces lo corrige con una enfermedad, con la agonía incesante de sus miembros, cuando hasta la comida le repugna y le asquean sus manjares favoritos, cuando su carne se consume y desvanece y sus huesos a la vista se descubren, cuando su alma a la fosa se aproxima y su vida a la morada de los muertos”. (Del libro de Job 32, 1-6; 33, 1-22. Primera lectura tomada del Oficio de lectura. Miércoles XVII del Tiempo Ordinario)


¿Quién es Elihú?

Es un nuevo personaje judío que no aparece al comienzo del libro de Job (Jb 2,11), ni tampoco en la conclusión (Jb 42,7-9). Un “intruso” en la conversación de Job con sus tres amigos, que se mete sin que nadie lo haya llamado. Pronuncia un largo monólogo, es decir, habla consigo mismo, en los capítulos 32 al 37 de este libro (que valdría la pena leerlos con calma y que fueron añadidos al conjunto de la obra de Job). Elihú es de temperamento colérico, es joven y se cree con derecho a hablar, pues siente que la sabiduría no siempre va con la edad, pues estaba esperando la oportunidad para  desahogarse.

Notemos que lo primero que plantea es lo que siempre Job ha sostenido: que es justo y que, sin embargo, Dios lo ha tratado como un enemigo, ignorando sus gritos de auxilio (vv.9-11). A lo que Elihú le responde que el Señor es justo (v.12), que está por encima del hombre; de allí que es un atrevimiento pedirle cuentas (ver Is 45,9-11). Y que, si bien es cierto Job se ha quejado del silencio de Dios ante su dolorosa situación (v.13), Elihú le dice que Dios tiene muchas formas de hablar.

Por ejemplo a través de los sueños y hasta en visiones (Gén 2,2; 28,11-19; 37,5, Núm 12,6), inclusive en la misma enfermedad o sufrimientos que muchas veces, se pueden convertir en medicina para corregir y sanar al pecador, para que vuelva al camino de la vida (v.v.14-22). Cuando Job “se estrella” ante el silencio de Dios, se olvida que el dolor mismo es lenguaje de Dios, que educa y enseña al ser humano los auténticos valores 

¡Cuántas veces una enfermedad, para quienes la enfrentan, es ocasión de salvación y de reencuentro con Dios! (“No hay mal que por bien no venga”, decimos…). Esto es lo que Elihú enseña en su monólogo y esto es lo que podemos aprender de él, al plantear el sufrimiento como medio de salvación y revelación (v.17). Se acerca, entonces, al sentido cristiano del sufrimiento, tal como presentaba el Papa San Juan Pablo II, de quien conocimos sus dolencias, enfermedades y sufrimientos:

El libro de Job no es la última palabra de la Revelación sobre este tema. En cierto modo es un anuncio de la pasión de Cristo. Pero ya en sí mismo es un argumento suficiente, para que la respuesta a la pregunta sobre el sentido del sufrimiento, no esté unida sin reservas al orden moral, basado sólo en la justicia. Si tal respuesta tiene una fundamental y trascendente razón y validez, a la vez se presenta no sólo como insatisfactoria en casos semejantes al del sufrimiento del justo Job, sino que, más bien parece rebajar y empobrecer el concepto de justicia, que encontramos en la Revelación. 

El libro de Job pone de modo perspicaz el “por qué” del sufrimiento; muestra también que éste alcanza al inocente, pero no da todavía la solución al problema. Ya en el Antiguo Testamento, notamos una orientación que tiende a superar el concepto, según el cual el sufrimiento tiene sentido únicamente como castigo por el pecado, en cuanto se subraya a la vez el valor educativo de la pena o sufrimiento. Así pues, en los sufrimientos infligidos por Dios al Pueblo elegido, está presente una invitación de su misericordia, la cual corrige para llevar a la conversión: “Los castigos no vienen para la destrucción sino para la corrección de nuestro pueblo” (Carta Apostólica Salvifici Doloris. Sobre el sentido cristiano del sufrimiento humano, n° 11-12).

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