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Perdón Sebastián…

Perdón Sebastián…

 

La muerte de Sebastián Díaz, el adolescente de 12 años que falleció arrollado por el tren en las inmediaciones de Plaza González Víquez, abrió un debate nacional sobre el tema del acoso escolar.

La policía judicial que investiga las causas de su fallecimiento, mantiene como una línea de trabajo la supuesta incitación a Sebastián, por parte de otros estudiantes, para demostrar su valor lanzándose a las vías del tren.

El padre del menor, Gonzalo Díaz, declaró a los medios que su hijo sufría acoso por su estatura, al tiempo que han salido a la luz otros casos de matonismo y agresiones en la misma institución en la que estudiaba.

De comprobarse estos hechos sería muy grave no sólo para el Liceo de Costa Rica, otrora gloria de la educación costarricense, sino para todo el sistema educativo nacional, que supuestamente desde hace tres años se declaró libre de acoso escolar.

¿Qué seguimiento le ha dado el Ministerio de Educación Pública a los protocolos contra el bullying? ¿Qué acciones preventivas se llevan a cabo? ¿De qué modo se involucra a los docentes y padres de familia para la identificación y el tratamiento de las víctimas y los victimarios del acoso escolar?

Nuevamente, se trata de un problema que si bien debe de ser enfrentado en primera línea desde las escuelas y colegios, poco eco tiene si se desconoce el papel de las familias y de la sociedad en su conjunto.

El comportamiento de nuestros niños y jóvenes es un reflejo de lo que viven en sus casas y de los estímulos que reciben de su entorno social. 

La desintegración familiar, la violencia, el egoísmo materialista, la soledad, el desinterés de unos por otros y la pérdida de la fe son factores que inciden directamente en la descomposición de las relaciones humanas en nuestro país.

Unir y no dividir, acercar y no alejar, armonizar, construir, y dialogar deben ser premisas de la actividad educativa desde sus más altas esferas. La autosuficiencia y el alejamiento del pacto educativo con las familias y las instituciones sociales son errores graves.

Con razón la familia de Sebastián afirma que los culpables de la muerte de su hijo somos todos. Falló el colegio, fallaron sus compañeros, profesores, y fallamos como sociedad.

Le fallamos a Sebastián cuando somos testigos de injusticias y no actuamos, cuando grabamos un video antes de ayudar a alguien en problemas, cuando reproducimos estereotipos machistas y sexistas, cuando esparcimos chismes, cuando acosamos laboralmente, cuando discriminamos personas por el motivo que sea, cuando preferimos acumular que compartir, cuando nos preocupamos más por el parecer que por el ser, cuando publicamos frivolidades, cuando… la lista es infinita.

Perdón Sebastián, perdón, perdón perdón. Que tu muerte no se en vano, que tu tragedia no sea una noticia pasajera, que siente un precedente y que nunca más muera un joven por falta de una mano amiga. 

Que tu espíritu en Dios nos devuelva un corazón de carne y nos haga mirar alrededor para saber que no estamos solos, que caminamos en esta vida junto a otros a quienes necesitamos y quienes nos necesitan, y que juntos podamos devolverle al mundo el amor que tanta falta le hace.

 

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