El valor de un voto

 

Dr. Eduardo Arias Ayala

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Cada cuatro años, cuando nos toca ir a votar para elegir a los nuevos gobernantes, se nos recuerda la gran inversión que el Estado realiza para que la campaña política sea exitosa. Se informa que cada voto cuesta una cantidad importante de colones y que por eso es necesario ir a votar. Sin embargo, el verdadero valor de un voto va más allá de lo que en dinero pueda costar. Cuando votamos, le estamos dando nuestra adhesión al candidato que aparece en la papeleta, así como también damos el visto bueno a las propuestas del partido político que lo respalda. Es decir, nos convertimos en socios, en corresponsables, y puede que hasta en cómplices de sus propuestas, en el caso de que el partido político por el que votamos llegara al poder.  El voto de cada uno de nosotros tiene un gran peso y una gran responsabilidad, pues a través del mismo se avalan las propuestas que durante los siguientes cuatro años se pondrán en ejecución por parte de los gobernantes elegidos.  Sin embargo, el verdadero valor de cada sufragio se da en el tanto ese voto esté acorde con resguardar aquello que es invaluable, trascendente y sublime.  Un solo voto puede inclinar la balanza hacia el triunfo de una cultura de vida o hacer que se imponga una cultura de muerte. Un solitario voto puede ser capaz de evitar una guerra o de comenzarla. Gracias a un voto se puede garantizar el respeto a la vida de los inocentes o, por el contario, condenarlos a morir antes de tener la oportunidad de sentir la brisa o ver la luz de las estrellas.   

Lo que importa, cuando ejercemos nuestro voto, es la coherencia que exista entre nuestros valores y la propuesta del candidato al que apoyamos. De esta forma, como cristianos católicos, debemos mostrar valor y firmeza, debemos ver cuál candidato se alinea mejor con los valores que han caracterizado a nuestro pueblo costarricense y no solo dejarnos llevar por el temor de perecer en un cataclismo económico, pues debemos recordar que nuestro Señor nos pide buscar primero el Reino, que lo demás se nos dará por añadidura.  

 

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