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Agenda fiscal: a destiempo pero necesaria

Agenda fiscal: a destiempo pero necesaria

 

A destiempo pero necesaria. Así se podría definir el apuro de última hora del Poder Ejecutivo para dejar aprobada en primer debate, y usando la vía rápida del artículo 2018 bis del reglamento legislativo, la agenda de reformas fiscales que traería un último aliento de vida para evitar caer en una crisis económica de graves consecuencias para el país.

Dicha agenda incluye leyes de impuesto y limitaciones del gasto, que aunque ya fue catalogada como insuficiente por las propias autoridades del Fondo Monetario Internacional, es necesaria y va en la dirección correcta para sanear las finanzas públicas sin crear una debacle social.

Para decirlo de frente, en vista de los sombríos escenarios económicos que se asoman con un déficit fiscal que ronda el 7% del Producto Interno Bruto, éste tema debió ser prioridad número uno desde el primer día de trabajo del gobierno actual, que prefirió tener otras prioridades y dar trámite a temas y proyectos diferentes y ahora corre para intentar salvar algo. 

Incluso, es de cuestionar por qué específicamente en el tema del gasto público no se hizo mayor cosa antes, en orden a economizar y racionalizar los recursos ya de por sí escasos. Ello le hubiera dado autoridad moral al Ejecutivo para conseguir lo que ahora presenta como un imperativo.

Este desgaste de último minuto es claramente una estrategia ante lo sensible que es para la opinión pública el tema fiscal, que sin embargo, parece no haber sido hasta ahora lo suficientemente explicado en sus consecuencias, al punto de que, por ejemplo, el gobierno tiene el riesgo de entrar en una incapacidad de pagos que implicaría dejar de pagar salarios, pensiones y ayudas de los programas sociales.

Como dice nuestra gente, “la bola está en la cancha de los diputados”, quienes tienen que asumir una actitud responsable con el país marginando la realidad que impone estar en medio proceso electoral de cara a la segunda ronda de votaciones presidenciales el próximo 1 de abril.

El megaproyecto del gobierno, que ciertamente incorpora muchas de las observaciones hechas a lo largo de los últimos meses por parte de las bancadas legislativas y los sectores interesados, contempla la creación del Impuesto al Valor Agregado, IVA, (cambia el actual impuesto de ventas del 13% al IVA con la misma tasa) y la reforma al impuesto sobre la renta, crea la regla fiscal (que limita el crecimiento del gasto en proporción a los ingresos fiscales) y la ley de empleo público.

El objetivo es poder aumentar la recaudación de impuestos en un 1.9% del Producto Interno Bruto, lo cual es positivo pero se queda corto ante el tamaño del déficit.

La propuesta carece además de componentes importantes como el estímulo a la producción y una mayor contención del gasto, sin embargo abre la puerta para profundizar en cada uno de los temas sin tener el agua de la crisis fiscal al cuello.

En otras palabras, se trata de medidas que vendrían a allanar el camino para cualquier partido que gane en la segunda vuelta y que por lo tanto, no debería de recibir una actitud obstruccionista en el Congreso. Eso sí, sabiendo que hay que volver sobre el asunto desde el primer día del nuevo gobierno, porque el problema de fondo seguirá siendo muy grave y hay que darle una respuesta técnica y moralmente adecuada para no afectar a quienes ya de por sí están mal en nuestra sociedad.

Recordamos aquí lo expuesto por los obispos del país en su 114 Asamblea Ordinaria de agosto del 2017, cuando en referencia al tema fiscal afirmaban que “es indispensable lograr una agenda de convergencia sobre alternativas en materia fiscal. La responsabilidad social debe prevalecer sobre cálculos o intereses particulares. Agravar la situación para hacer que unos u otros luzcan ya sea como perdedores o como ganadores políticos, sería un acto de irresponsabilidad de elevado riesgo para la paz social en Costa Rica, ya muy afectada en los sectores más expuestos a la marginalización, a la exclusión por las acciones del crimen organizado, y que están muy relacionadas con la realidad del narcotráfico. Creemos que en este momento lo que más necesita el país es un diálogo transparente para llegar a decisiones patrióticas, antes que recriminaciones mutuas”.