Jesús devuelve la dignidad a los excluidos

 

Oración inicial

Señor Jesús, crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. 

Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. 

Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. 

Amén. 

 

Lectura bíblica

Lectura del santo Evangelio según san Marcos:

En aquel tiempo, se le acercó a Jesús un leproso para suplicarle de rodillas: “Si tú quieres, puedes curarme”. Jesús se compadeció de él, y extendiendo la mano, lo tocó y le dijo: “¡Sí quiero: Sana!” Inmediatamente se le quitó la lepra y quedó limpio.

Al despedirlo, Jesús le mandó con severidad: “No se lo cuentes a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo prescrito por Moisés”.

Pero aquel hombre comenzó a divulgar tanto el hecho, que Jesús no podía ya entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera, en lugares solitarios, a donde acudían a él de todas partes.

Palabra del Señor.

 

Un momento de silencio

Para que la Palabra de Dios entre en nosotros e ilumine nuestra vida.

 

Algunas preguntas

a) ¿Qué punto de este texto te ha gustado más y cuál te ha llamado más la atención?¿Por qué?

b) ¿Cómo se expresa en este texto la marginación de los leprosos?

c) ¿Cómo Jesús acoge, cura y reintegra al leproso? Intentemos observar bien todos los detalles.

d) ¿Cómo imitar hoy la conducta de Jesús con los excluidos?

 

Oración final

Señor Jesús, te damos gracias por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. 

Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. 

Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. 

Amén.

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