Las santas de la familia

 

Lis Chaves

Ordo Consecrationis Virginum, Diócesis de Cartago

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¿Quién no tiene en su casa, familia, sus vecinos o amigos una mujer a quien todos admiramos por su santidad? Yo conozco varias y creo que no siempre tomamos en cuenta lo mucho que pueden iluminar nuestra vida. Son santas aunque la Iglesia no las canonice públicamente.

Comparto el caso de una tía abuela de 95 años. Ella no se casó, camina a la Eucaristía todas las mañanas, nunca viajó, no estudió, se dedicó a cuidar a todos sus hermanos, cuñados y sobrinos. Atendió a muchos enfermos hasta su descanso eterno. Siempre con una sonrisa, atendiendo a las visitas, haciendo labor doméstica y unida a Dios.

“Uno es millonario”, dice siempre. Uno es millonario porque tiene paz, porque tiene techo, porque tiene fe y familia. “Siempre debería ser navidad” es otra de sus frases. “El mundo debe vivir en amor todo el tiempo como en permanente navidad”.

Detrás de estas frases positivas hay toda una vida de fe en Dios que le hace mantener una sonrisa a pesar de haber pasado tantos momentos de prueba y oscuridad. Para ella todo es luz. Mira a la montaña y alaba a Dios. Piropea a su pueblo amado, al párroco y a los fieles que siempre van a misa y dice: “mi pueblo es de mucha fe, qué lindo es mi pueblo”.

A mí me edifica mucho visitarla y escucharla porque a veces uno se pierde entre las tensiones y preocupaciones de la vida y se olvida de lo esencial. ¿Qué es lo esencial? Es Dios. Dios nos ayuda en los momentos difíciles y si confiamos en Él nos da la gracia para levantarnos y seguir, siempre alegres porque Dios es alegría. Lo esencial es también ser siempre agradecidos por todo lo que tenemos, por tantas bendiciones, sin mirar tanto lo que nos falta o mirar el mundo desde el éxito financiero o la belleza estética según los patrones del mundo.

Estoy segura de que mi tía abuela está llena de Dios. Basta ver su paz, su amor por todo, su conformidad de vida y su servicio siempre atento para saber que a sus 95 años ha llenado el vasito de su alma de Dios y eso la colma de paz. También llena de paz a todos los que tenemos el regalo de conocerla.

Y podría mencionar el caso de muchas otras mujeres jóvenes y señoras mayores que tienen una vida heroica, de una fe firme y que avanzan sin miedo a la santidad. Por lo anterior, quisiera invitar a los lectores de esta columna a que busquen esos casos de mujeres santas para que las valoremos más y tomemos su sabiduría para nuestra vida.

Hay muchas mujeres santas canonizadas que tienen mucho que enseñarnos por supuesto, pero no olvidemos que el cielo está lleno de muchos santos que no fueron canonizados pero que están en la gloria y pueden interceder por nosotros que aun peregrinamos en este mundo. Las santas que encontramos en este mundo, en el seno de nuestra casa o familia, también son estrellas que tienen mucho que decirnos aunque estén escondidas, aunque nunca sean famosas ni tengan dones maravillosos que llamen la atención.

Recordemos que la Madre de Dios pasó por este mundo sin ser reconocida ni famosa. Estuvo como escondida pero su fe, su adhesión al plan divino la tienen hoy en la Gloria como la más grande de todas las santas, la criatura perfecta, el modelo. Ella que fue sencilla y humilde nos ayude a reconocer a las santas escondidas de nuestro entorno para aprender de ellas y nos ayude a nosotras mismas a luchar por ser santas y perfectas.

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