Servir a Cristo en el enfermo

  

Monseñor José Rafael Quirós  

Arzobispo de San José

 

Este domingo 11 de febrero celebramos la Jornada Mundial del Enfermo cuyo tema se inspira en la escena del Calvario y, puntualmente, en las palabras que Jesús, desde la cruz, dirige a su madre María y a su discípulo Juan: “Ahí tienes a tu hijo... Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa”.1

En este pasaje tan conmovedor nos recuerda que “cerca de la cruz”, experimentando un hondo sufrimiento, en entrega solidaria, confiada y amorosa a Jesús, estaba María. Al respecto, nos dice el Papa Francisco: “El dolor indescriptible de la cruz traspasa el alma de María (cf. Lc 2,35), pero no la paraliza.”2 

Esta imagen trae a mi mente el cariño, la paciencia y la generosidad de tantos hermanos que, como María, por encima de su propio dolor, acompañan y cuidan a sus enfermos con esmero y constancia, como ejemplo vivo de la misericordia de Dios. “Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito”.3 

Ya nos decía el Santo Padre: “La sabiduría del corazón es servir al hermano (…) Hay personas que están junto a los enfermos que tienen necesidad de una asistencia continuada, de una ayuda para lavarse, para vestirse, para alimentarse. (…) Es relativamente fácil servir por algunos días, pero es difícil cuidar de una persona durante meses o incluso durante años, incluso cuando ella ya no es capaz de agradecer”.4

Más aun, refiriéndose a los cuidadores de los enfermos de alzhéimer, el Papa Francisco ha pedido oraciones por las personas “que están al lado de los enfermos, y saben intuir sus necesidades, incluso las más imperceptibles, porque los miran con ojos de amor”.5

Pero, volviendo al pasaje del Calvario, descubrimos que el corazón de Jesús, incluso al momento de su agonía, está abierto y dispuesto para aquellos que sufren. No podemos permanecer indiferentes frente al sufrimiento de los hermanos.

Con la figura del Buen Samaritano (cf. Lc 10,25-37), Jesús nos enseña el amor profundo de Dios por todo ser humano, especialmente cuando experimenta la enfermedad y el dolor y al pedirnos, “Anda y haz tú lo mismo”6, el Señor nos señala cuál es la actitud que todo discípulo suyo ha de tener hacia los demás, principalmente hacia los que están necesitados de atención y cariño. 

Esta Jornada debe representar para todos los enfermos, sus cuidadores, agentes sanitarios, fieles cristianos y para todas las personas de buena voluntad una oportunidad para reconocer “en el rostro del hermano enfermo el santo rostro de Cristo” … 7

Mi abrazo, oración y profunda cercanía llegue a todos los enfermos.  Desde la fe, entendemos que la cruz es parte de nuestra existencia y al abrazarla podemos descubrir en ella un instrumento de amor, de salvación y de esperanza. Mi especial reconocimiento para todos aquellos que en nuestros hospitales, clínicas y demás centros de salud, sirven con generosa entrega y amor a los enfermos. 

Y por quienes sirven a los enfermos, pido a la Virgen María, quien conoció profundamente el dolor humano, el dolor de su Hijo y el suyo propio, los acompañe en su entrega y les de la fortaleza que ella tuvo para estar junto al que sufre.

1 Jn 19,26-27

2 Mensaje Jornada Mundial del Enfermo, 2018

3 Benedicto XVI, Encíclica Spe salvi, 37.

4 Mensaje Jornada Mundial del Enfermo,2015

5 Papa Francisco, XXIII Jornada Mundial del Alzhéimer, 21-09-2016

6 Cf.Lc 10,37 

7 Cf. Juan Pablo II, Carta por la que se instituía la Jornada Mundial del Enfermo, 13 mayo 1992, 3

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