Sanar heridas para la segunda ronda electoral

 

Costa Rica votó el pasado domingo en medio de una fiesta democrática vivida en paz y alegría. Este ambiente en las urnas electorales y centros de votación, certificado por el Tribunal Supremo de Elecciones, sin embargo, se empañó en muchos ambientes por las divisiones causadas alrededor de las ideas, proyectos y posiciones de los candidatos en disputa de la Presidencia de la República.

Niveles de intolerancia y de ofensas inusualmente altos y violentos fueron perceptibles en espacios que favorecieron el anonimato, tal cual lo son las redes sociales, con grupos descalificándose mutuamente y atacando de modo personal la vida privada, familiar y hasta espiritual de los mismos candidatos.

El irrespeto mutuo fue tal, que hizo sonar las alarmas de una verdadera campaña sucia en marcha, con abundancia de mentiras, noticias falsas, rumores y acusaciones cruzadas que ahogaron en buena medida las propuestas sobre temas de fondo, urgentes y graves, que el país debe enfrentar.

El pueblo es sabio. No quiso darle la Presidencia de la República a nadie todavía en este ambiente tan polarizado. Prefirió dejar que pasaran dos meses, para que las aguas regresaran a sus niveles y volver a las urnas el próximo domingo 1 de abril para elegir al próximo mandatario entre Fabricio Alvarado del Partido Restauración Nacional, y Carlos Alvarado, del Partido Acción Ciudadana.

Dos jóvenes padres de familia, comunicadores de buen verbo, pertenecientes a partidos relativamente nuevos, que supieron hablar a los costarricenses, aprovechar las coyunturas y motivarlos a salir a votar. 

Vale decir que es muy valioso el llamado hecho por ambos a una campaña de altura en estos días que vienen. Es necesario y justo para todos.

Es tiempo, pues, de sanar las heridas, de reconstruir el panorama político y devolver la confianza a los costarricenses de que por encima de diferencias partidarias, incluso ideológicas y programáticas, hay un interés auténtico por Costa Rica, y por generar condiciones que permitan un desarrollo humano armónico y auténtico para todos, pero especialmente para los sectores empobrecidos de nuestra sociedad.

No dividamos más a Costa Rica. Corresponde asumir como ciudadanos serenidad y responsabilidad de cara al futuro como nación. Estemos abiertos al diálogo y a la escucha recíproca, al intercambio de ideas, a la identificación de lo que nos acerca y el trabajo sobre aquello que nos distancia. Seamos capaces de responder con alma tica a aquellos temas y desafíos que demandan capacidad de negociación y de acuerdos.

Hay muchísimos temas para el análisis estas semanas: el abstencionismo tan marcado en las costas, el papel de Internet y las redes sociales en el proceso electoral, la desaparición de unos partidos y el surgimiento de otros, el comportamiento electoral del costarricense, los temas sensibles, la conformación de la nueva Asamblea Legislativa y las nuevas demandas ciudadanas de información y transparencia, son solo algunos de los más importantes.

El hecho de que la segunda vuelta de las elecciones nacionales tenga lugar en el Domingo de Resurrección tiene que ser visto como un regalo de Dios más allá de las complicaciones prácticas por el asunto de las procesiones.

Se nos da ese día tan significativo la oportunidad de renovar Costa Rica, de levantarla y empujarla hacia adelante. Hacia adelante en más y mejores oportunidades de desarrollo, empleo, estabilidad económica, seguridad, protección del medio ambiente, una mejor educación y estabilidad democrática.

Esta altura de miras debe de ser llevada y exigida por los ciudadanos a todos los estratos políticos, que deben de conducirse igualmente por el respeto a la diferencia de pensamiento, los valores fundantes de la nación y por la unidad de cara al futuro.

El pueblo que camina unido es fuerte, el que se dispersa es débil. Costa Rica necesita liderazgos políticos capaces de unir, de acercar posiciones y llegar a acuerdos sobre el bien y la verdad.

Todo esto está en juego el próximo 1 de abril. Seamos conscientes de la responsabilidad histórica que nos corresponde asumir y vayamos a votar, que la apatía es tierra fértil de la ruina, el caos y la corrupción que nadie quiere para nuestra querida Costa Rica.