“Hojancha es lo que es por el Padre Vara”

 

Vecinos recuerdan al sacerdote recién fallecido que cambió su pueblo y sus vidas


Danny Solano Gómez

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Llegó desde España a un pueblito guanacasteco de ranchitos de “paja y palma”, donde no había servicio de agua ni electricidad. Un joven sacerdote misionero que con su trabajo, esfuerzo y liderazgo iba a ayudar a cambiarle la cara a aquel deprimido lugar llamado Hojancha.

Doña Elia Ruiz todavía recuerda aquel 27 de abril de 1961 cuando vio por primera vez al Padre Luis Vara. Según cuenta, Monseñor Román Arrieta, entonces sacerdote, fue a dejarlo a la comunidad y él se instaló en un dispensario médico al frente de su casa, se trataba de una pieza pequeña que ni siquiera tenía un servicio sanitario. 

Desde ese momento iniciaría una amistad inseparable. “Iba tres veces al día a la casa, jugaba con los niños y le gustaba mucho tomar café. Siempre decía que éramos su segunda familia, su mano derecha, incluso cuando se enfermaba yo lo cuidaba”, contó doña Elia.

Un español de carácter fuerte y muy trabajador. “Nunca he visto a alguien que trabajara tanto como Vara”. De acuerdo con ella, el sacerdote todos los días cabalgaba hasta tres horas entre difíciles caminos repletos de barro para ir a las comunidades a evangelizar.

Poco tiempo después de haber llegado, en agosto, mientras cruzaba un río una cabeza de agua lo arrastró 100 metros hasta que pudo sujetarse de unos alambres. “Llegó con las manos heridas a contarnos, nos dijo que no le dijéramos a nadie. Celebraba misa con las llagas tapadas para que nadie las viera”.

 

Trabajador incansable

Rápidamente, el Padre Vara organizó un Comité Parroquial y su visión era emprender diversos proyectos para el desarrollo humano, material y espiritual de aquel pueblo. Uno de los primeros fue la construcción de la Casa Cural con la ayuda de vecinos de todas partes de Hojancha que colaboraron de una u otra manera para levantar una vivienda digna.

“Él me pedía que le alistara comida a la gente que llegaba a ayudar a la construcción y entonces les preparaba algo (...) Desde los primeros días gastó todos sus ahorros y regaló la ropa que traía de España hasta que no tenía qué ponerse”, relató doña Elia. 

A sus 91 años, la señora recuerda que en aquel entonces la gente en Hojancha vivía en condiciones muy difíciles, y que durante la época lluviosa había barreales por todas partes. “Cuando mi papá llegó Guanacaste era una selva, vivíamos debajo de un palo, dormíamos en sacos, pero al año no nos hacía falta nada gracias a Dios”.

Cuenta también que el Padre Vara llegaba con la ropa llena de lodo y a veces no tenía qué ponerse, entonces entre los vecinos se podían de acuerdo para buscar tela y hacerle un pantalón o una camisa.

Bajo el liderazgo del cura comenzaron a construirse caminos. Él mismo logró que el gobierno facilitara un tractor y se iba a trabajar brazo a brazo con los peones.  Organizaba rifas y fiestas patronales para conseguir fondos y llevar a cabo proyectos para beneficio de la comunidad.

Doña Elia recuerda cuando solo había un televisor en todo el pueblo, era de un comerciante y el sacerdote se lo compró y lo ponía en el palenque para que todo el mundo fuera a ver televisión.

Un artículo de doña Elia publicado en 2009 en el Eco Católico menciona que el presbítero “participaba activamente en la Asociación de Desarrollo, y su liderazgo hizo posible la obtención de partidas específicas para construir una escuela más grande, la electrificación, el acueducto y el mantenimiento de los caminos durante todo el año”.

Con el empuje del Padre y la colaboración de los vecinos se construyó el templo parroquial, capillas, Radio Nosara, la clínica, el Cen Cinai y otros. Cuando se proponía algo no descansaba hasta verlo concretado.

 

Luchador por el cantonato de Hojancha

Varita, como también le decían de cariño, luchó por la declaración de cantón de Hojancha y motivó a las personas para ir en buses hasta la Asamblea Legislativa a presionar para que finalmente se aprobara el proyecto de Ley. 

“Lo vi llorar porque no pasaba ese proyecto (…) Una vez se escondió en la oficina de la secretaría del Presidente Daniel Oduber y le escuchó a este decirle a su secretaria: “Si viene el Padre Vara no lo deje pasar”, y él saltó de su escondite y lo regañó”, narró doña Elia. 

Años después el expresidente llegaría a decir: “La obra del Padre Vara no se mide en varas, sino por kilómetros”.

Doña Elia cuenta que el sacerdote era estricto y tenía un carácter fuerte, pero que también se podía hablar de frente a frente con él y, si tenía que hacerlo, reconocía cuando se equivocaba y pedía disculpas. También ella lamenta que hubo quienes sintieron “y aun hoy sienten” envidia por la labor que él desarrolló.

El cura español dejó una huella imborrable en Hojancha. Tanto así que es considerado benefactor y declarado hijo predilecto del cantón. Una estatua con la imagen de él adorna los jardines a un costado del Templo Parroquial,  a la par está su sepultura.

Doña Elia conserva una fotografía de la ordenación del Pbro. Luis Vara. Durante los primeros días de su llegada a Hojancha, mientras él acomodaba cosas se le cayó y se le rompió el marco, por lo que había optado por tirarla a la basura, pero ella le pidió que se lo regalara. Hoy conserva con mucho cariño aquel retrato.

Según cuenta, antes de partir a la Casa del Padre, Vara le decía que estaba esperando recuperarse porque tenía muchos proyectos en mente para ayudar a personas pobres de la comunidad, parecía tener el mismo ímpetu y energía que demostraba aquel 27 de abril de 1961.

 

“Tenía el don de conseguir las cosas”

Javier Quirós, es hijo de doña Elia, él también compartió muchos momentos con el Padre Vara, de él comenta que “tenía un don para conseguir las cosas para el desarrollo del pueblo”. “Como tenía esa capacidad tan grande de liderar enseñó a muchas personas a ser líderes. De aquí han salido diputados, ministros, presidentes de instituciones…”

Este vecino de Hojancha recuerda que el presbítero organizó a los vecinos en comités y ellos respondieron de la mejor forma. De hecho, para la construcción del templo, las personas llegaban a colaborar sin pedir nada a cambio.

“Hace poco, cuando estuvo en el hospital lo llamé y me dijo: “Recuerda chico, siempre ayuda al más necesitado”. Esa era su consigna y me la repitió cinco días antes de fallecer”.

Javier destaca el legado del sacerdote y obras que aun viven como el Programa de bonos de vivienda Cristianos sin Fronteras, así como Centro de Promoción y Desarrollo Campesino, asociación en la cual él colabora y cuyo objetivo es impulsar proyectos productivos. 

Del Padre Vara recuerda especialmente su inteligencia, astucia y esfuerzo. “La gente lo quería mucho (…) falleció rodeado de mucho cariño”, concluyó.

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