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No más quejas, vaya y vote

 

No más quejas, vaya y vote

 

Llegó el día en que no caben más las quejas sobre la situación del país. Hoy es cuando la democracia nos da la oportunidad a los ciudadanos de orientar y reorientar nuestra vida en sociedad, a partir de la elección de las personas que la dirigirán desde el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo.

Un día cada cuatro años tenemos los costarricenses este derecho y esta grave responsabilidad. No se vale decir que hay cosas más importantes que hacer. Costa Rica nos necesita hoy. La cita con el futuro de nuestros hijos es hoy.

La política sigue siendo una tarea muy noble cuando se orienta como el arte del bien común que es. Los malos políticos, a quienes hemos elegido a lo largo de los años, han sido quienes se han encargado de ensuciarla y corromperla.

Recordemos que también se eligen malos políticos por desidia, apatía o desentendimiento del pueblo hacia sus dirigentes. Hoy es cuando debemos de tomar las riendas del país, vencer el abstencionismo histórico del 30% y enviarle un mensaje muy claro a quienes nos desean gobernar: el poder reside en el pueblo.

Costa Rica tiene una tradición pacífica y un modo muy tico de hacer las revoluciones: en las urnas, con alegría, respeto y tolerancia, que como bien dice Monseñor Ángel SanCasimiro, no es sinónimo de debilidad, sino por el contrario, es muestra de altura y valor.

El Tribunal Supremo de Elecciones, sin dejar de señalar aspectos en los que debe de fortalecer su gestión, es baluarte de nuestro sistema democrático y la estabilidad social que gozamos, y que es ejemplo para el mundo.

Este domingo pidamos a Dios iluminación para elegir a nuestro futuro presidente y diputados. Desde el Eco Católico y los demás medios de comunicación del país hemos hecho lo propio para informar  acerca de las propuestas de cada uno de los aspirantes. Hay suficiente material para ejercer el voto de modo informado y responsable.

Los retos que enfrentamos como nación no son pocos ni sencillos: la pobreza y la desigualdad, la crisis fiscal, el atraso vial, la contaminación ambiental, el desempleo y las carencias en educación son solo algunos de ellos.

El cristiano no huye de la política, muy por el contrario, su vocación como creyente lo lleva a involucrarse y a luchar por transformar las realidades de acuerdo a los valores de la justicia, la verdad, el bien común, la misericordia y la solidaridad.

Como recuerdan nuestros obispos en su mensaje para el actual proceso electoral “La Esperanza no Defrauda”, hoy, más que nunca, debemos cumplir con la obligación patriótica del sufragio. “No dejemos que otros decidan por nosotros el futuro de la Patria.  Abstenerse de votar es delegar a otros el derecho de elegir. Y, ¿por quién o por quiénes votarán los otros?  Recordemos que votar es un deber ciudadano según la propia conciencia”.

 

Que Dios nos de sabiduría y claridad en este decisivo día para la Patria.