“A conquistar el mundo para Dios”

 

Danny Solano Gómez

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Aquel monaguillo que servía en la Parroquia de Coronado y divertía a las señoras de la primera fila, porque era tan pequeñito que solía enredar sus pies en su sotana y dar tropezones, estaba el pasado jueves 25 de enero de pie en el altar de una Catedral Metropolitana repleta de fieles que aplaudían al nuevo obispo.

Ese día se celebró la Ordenación Episcopal de Mons. Daniel Blanco, nombrado Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de San José. 

La Misa fue presidida por el Arzobispo Metropolitano Mons. José Rafael Quirós y concelebrada por Mons. Antonio Arcari, Nuncio Apostólico, los obispos de la Conferencia Episcopal y obispos eméritos, junto a clero, religiosos y fieles de todo el país.

“El obispo tiene como misión conquistar el mundo para Dios, haciendo uso de la fuerza de la misericordia, la cercanía, la convicción sincera de lo que predica, sin imposición alguna, proponiendo todo aquello que se contiene en la Palabra de Dios revelada”, dijo Mons. Quirós en su homilía.

El Arzobispo procedió a hablar sobre la labor de guía que debe desempeñar el obispo para iluminar el camino de la iglesia, a pesar de las dificultades. “En medio de la confusión que vive el mundo hoy, donde cada quien pretende imponer su verdad, y para ello utiliza instrumentos como la descalificación y la intransigencia, a la Iglesia toda y a los obispos en particular se nos llama a que seamos agentes e instrumentos de la Verdad, en otras palabras, proclamar a Cristo que es Camino, Verdad y Vida (Jn 15, 6)

Señaló además que como pastores “no podemos ser perros mudos (Is. 56, 10), aunque algunos nos califiquen de “curitas ignorantes “, por iluminar la realidad desde la fe en Jesucristo. Hay quienes tienen miedo a la verdad no viendo que es la fuente de la libertad”. 

“Creo providencial el momento en que el Señor ha querido darnos el regalo de un nuevo Obispo a nuestra Iglesia en Costa Rica, y a la Arquidiócesis de San José en particular. Porque no serán pocos los que no sientan ilusión mirando hacia el futuro ante el fraccionamiento, incertidumbre y dispersión de nuestra sociedad. Toca al Obispo ser agente de alegría”, agregó.

 

“La palabra en mi corazón es gracias”

Por su parte, Monseñor Daniel dijo que: “La palabra que está en mi corazón es gracias”, y procedió a agradecer en primera instancia a Dios y a todas las personas que lo han acompañado en su vida, tanto personal como espiritual. También pidió las oraciones “para que pueda ser fiel a todo lo que Dios me está pidiendo”.

“La frase tan conocida de San Agustín la quiero hacer mía: Con ustedes cristiano, para ustedes Obispo. En el lenguaje del Papa Francisco quiero ser un pastor con olor a oveja, y sé que con un rebaño como ustedes eso no será difícil”. 

Pbro. Víctor Hugo Munguía habló a nombre del clero arquidiocesano y expuso que todos los presbíteros estaban muy alegres de que hayan nombrado “a lo mejor de nosotros” para esa misión. 

A la Santa Misa llegaron fieles de parroquias alejadas como La Gloria de Puriscal, donde Mons. Blanco sirvió como párroco.

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