Política y bien común para Limón

 

Política y bien común para Limón 

 

A todos los fieles, hombres y mujeres de buena voluntad del pueblo limonense


Monseñor Javier Román Arias

Obispo de Limón

 

El próximo domingo 4 de febrero votaremos para elegir a las autoridades políticas que regirán los destinos de nuestro país por los próximos cuatro años.  Se trata de la máxima expresión del ejercicio democrático que sustenta la paz social de la cual gozamos. Es, pues, un privilegio y una gravísima responsabilidad participar de esta fiesta electoral.

En distinta medida, según las circunstancias, todos los ciudadanos tenemos el deber de participar en los asuntos públicos, comenzando por ejercer el derecho al voto. Hagámoslo con paz, alegría, respeto y esperanza de que es una nueva oportunidad para construir juntos un mejor país. 

De ningún modo el cristiano se puede concebir desligado de sus deberes cívicos.  El desinterés hacia la política es un grave error, que lejos de contribuir positivamente, expresa una actitud escapista ante las realidades seculares y en particular ante las estructuras y acciones de la vida pública.  Dejaríamos de lado las precisas enseñanzas del Concilio Vaticano II cuando recuerda que: “El mensaje cristiano no aparta a los hombres de la edificación del mundo... sino al contrario les impone como deber el hacerlo” (cfr. Concilio Vaticano II, Constitución Gaudium et spes, n.34).

El Señor Jesús dijo a Pilatos: “Mi reino no es de este mundo” (cfr Jn 18, 36), recalcando que el suyo no es un reino político o terrenal, sino uno de santidad y de paz, de gracia y amor. Un reino que, sin sustituir ni entrar en competencia con las comunidades terrenas y temporales, las vivifica con su verdad y su gracia. 

Resulta evidente el deber de los cristianos de estar presentes en la vida pública como luz, sal y fermento, que la reconduzca a la ley divina, y la desarrolle según el espíritu de las bienaventuranzas y las virtudes cristianas, que en esto consiste el Reino de Cristo. 

La Iglesia entiende la política como una noble actividad solo cuando se orienta hacia el bien y la verdad, valores del Evangelio que se expresan en la defensa de la dignidad humana, la justicia social, la búsqueda del bien común, la lucha contra las desigualdades y las exclusiones.

 

Llamado a la conciencia

Respetando, igual que Cristo mismo lo hace, la absoluta libertad de cada uno, desde mi obligación de pastor de esta Iglesia particular de Limón, hago un llamado a la conciencia de cada uno de ustedes para que, de frente a la actual campaña electoral, ejerzamos un discernimiento responsable, sin apasionamientos, haciendo uso de la libertad y la recta razón, y buscando lo mejor para nuestra provincia entre las propuestas de cada uno de los candidatos a la Presidencia de la República, así como a quienes aspiran a representarnos en la Asamblea Legislativa.

Claramente, a la luz de los últimos acontecimientos en la vida política nacional, marcada por graves escándalos de corrupción, es todavía más relevante analizar con detalle cada plan de gobierno, cada proyecto e idea, y confrontarlo con la vida de la persona que pide nuestro voto. Preguntarnos:  ¿hay correspondencia entre lo que esta persona dice y lo que hace?, ¿subyace en sus planteamientos un interés público auténtico?, ¿qué muestras ha dado de integridad en el ejercicio de la función pública y la vida privada?

Hermanos, Costa Rica no puede seguir sufriendo por la demagogia, el amiguismo y la corrupción. Nuestra provincia de Limón no puede seguir siendo víctima de falsas promesas, de proyectos vacíos y de negocios de unos pocos. Como lo dije el año pasado en el marco de la Novena a Nuestra Señora de los Ángeles: “¡los limonenses merecemos respeto!”, y el respeto comienza cuando quienes nos piden el voto sepan que las esperanzas y los sueños de nuestra gente son sagrados, y que por igual nos interesa el bien de todos, pero especialmente de quienes, en nuestra provincia de Limón, históricamente han sido olvidados y relegados como ciudadanos de tercera o cuarta categoría.

Nuestro pueblo ya no quiere más palabras vacías, necesita y merece obras concretas como el nuevo aeropuerto, parques industriales que generen empleos de calidad, y una zona libre de comercio como poseen los grandes puertos del mundo.

 

Una obligación histórica

Muchas cosas duelen en el corazón del pastor. En mis visitas a la mayoría de comunidades de nuestra diócesis, he visto como los efectos del narcotráfico destruyen vidas y roban la paz de nuestras familias.  La violencia y la miseria se han instalado en muchos de nuestros barrios, y con ellas la falta de oportunidades, de empleo y de vida digna para muchos limonenses.

Veo por un lado riqueza y abundancia, y por otro pobreza y escasez. Enormes inversiones privadas se elevan junto a ranchos de lata y cartón en los que vive nuestra gente. Crece el número de personas sin hogar y los programas sociales y obras de la Iglesia no son suficientes para la creciente demanda que hay.

He visto en nuestros territorios indígenas las peores escuelas que nos podamos imaginar. Niños que se levantan con hambre y se acuestan con hambre, hombres y mujeres a quienes su dignidad les ha sido pisoteada por siglos y por los que pocos abogan;  desde la Iglesia se hacen esfuerzos, sin embargo siguen siendo insuficientes.

Mis queridos limonenses: cuidado.  Nos estamos alejando unos de otros, la indiferencia está ocupando el lugar de la solidaridad, el egoísmo nos está volviendo menos humanos.

Por eso, de cara al próximo domingo 4 de febrero, tenemos la obligación histórica de volver a hacer de la política el arte del bien común. Se trata de un cambio radical para el cual es necesario, de parte de los candidatos y candidatas, un compromiso público con la ética y la transparencia, alejando todo intento de manipulación del electorado, o de tácticas para distraer la atención de lo que realmente es importante.

Este proceso electoral debe regirse por el debate de altura y la discusión de ideas, no por el ataque, las injurias, el populismo o el oportunismo. Debe de apelar a la unidad nacional, jamás a las divisiones, y debe de respetar la conciencia de los ciudadanos, así como sus libertades más auténticas, como lo son la libertad de expresión y la profesión de su fe.

Por encima de una actitud electoralista marcada por la demagogia y los ataques personales, se deben de colocar los verdaderos temas país. Hay que estar dispuestos al diálogo y a los acuerdos, porque nadie por sí solo podrá sacar al país ni a nuestra provincia adelante, y eso ha quedado de manifiesto ya en muchas ocasiones.

Es necesario además que, como creyentes, coloquemos permanentemente este proceso electoral delante del Señor. Por eso los invito a orar por Costa Rica, por los candidatos y candidatas, y por cada uno de nosotros, para que, reconociéndonos miembros de una misma familia, encontremos los caminos de verdad, libertad, justicia y amor para la Costa Rica y el Limón que deseamos y merecemos.

 

Dado en la Curia Diocesana de Limón, a los 20 días del mes de enero de 2018.