Encuestas y volatilidad electoral

 

Las encuestas electorales son fotografías de un momento determinado de la campaña política. Están por tanto sujetas a situaciones del momento, que inciden en la intención de voto de los electores.

Influyen en ellas las noticias, el entorno social, laboral y familiar del encuestado, su situación personal en el momento en que es cuestionado y el flujo de información que recibe de las redes sociales.

Esto lo entienden perfectamente los equipos de trabajo de los partidos políticos, que se valen de técnicas de comunicación, algunas legítimas y otras no tanto, para crear climas favorables hacia sus candidatos, o desfavorables hacia los demás aspirantes, de modo que permeen la intención de voto de los electores.

Es importante tener esto en cuenta porque en la recta final de la campaña política que estamos viviendo, se están publicando cada vez con más intensidad encuestas, algunas muy serias, científicas y respaldadas, y otras completamente falseadas y manipuladas con torcidas intenciones.

Tal ha sido así, que el mismo Tribunal Supremo de Elecciones ha tomado cartas en el asunto, prohibiendo encuestas en redes sociales de perfiles, páginas, empresas o personas no autorizadas. Quienes infrinjan esa norma pueden ser sancionados con una multa que de los ¢4,3 millones y hasta los ¢21,5 millones de colones. De hecho, solo once entidades están debidamente registradas ante el Tribunal para publicar encuestas en el actual proceso.

Sin embargo, el anonimato que da Internet hace que sigamos viendo sondeos y encuestas en línea, ante las cuales es necesaria una actitud crítica y responsable por parte de los ciudadanos.

Desde hace cuatro años, las encuestas quedaron desautorizadas como recursos de fondo para el verdadero análisis del comportamiento electoral. De hecho, hay portadas de periódicos para la historia, con datos completamente al revés de lo que realmente pasó en las urnas.

Y lo que pasó es que la sociedad costarricense posee coordenadas y motivaciones electorales distintas a las que miden las encuestas tradicionales. Asistimos a una altísima volatilidad del voto, que en poco tiempo pasa sin problemas a favorecer a uno u otro candidato, y que mantiene un fuerte porcentaje, tanto de indecisos como de quienes se abstendrán de votar, lo cual también es otra señal para la política, los políticos y la misma democracia.

Desconocer estas nuevas dinámicas puede llevar a ilusiones peligrosas en uno de los procesos electorales más decisivos para el futuro del país, cuando, por el contrario, es necesario un ejercicio responsable, consciente y muy informado del derecho al sufragio.

Como recuerdan los obispos del país en su mensaje para el actual proceso electoral, “hay una responsabilidad compartida entre partidos políticos, candidatos y electores.  Aspiramos a que los dos primeros garanticen una campaña libre de agendas ocultas, demagogia y populismos engañosos, y que los ciudadanos elijan a los candidatos que consideren honestos en sus propuestas y que sustenten los mejores valores patrios.  

“Precisamente, es en el recinto electoral donde nuestra conciencia debe decidir, no llevada solo por emociones, sino por la racionalidad de un voto informado”.