El don de toda mujer es muy valioso para la Iglesia

 

Lis Chaves

Ordo Consecrationis Virginum, Diócesis de Cartago

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Como todos sabemos, cada primero de enero comenzamos el año con la Solemnidad de Santa María Madre de Dios.   Para mi particularmente no hay mejor forma de iniciar un nuevo año, suelo irme a la Basílica de los Ángeles y entregarle todo a la Madre, eso me llena de paz y confianza.   

Me llama la atención que el Papa Francisco en su homilía para esta fecha nos ha vuelto a hablar de la mujer en relación con María la Madre de Dios:

“La devoción a María no es una cortesía espiritual, es una exigencia de la vida cristiana.  Contemplando a la Madre nos sentimos animados a soltar tantos pesos inútiles y a encontrar lo que verdaderamente cuenta.  El don de la Madre, el don de toda madre y de toda mujer es muy valioso para la Iglesia que es madre y mujer.   Y mientras el hombre frecuentemente se abstrae, afirma e impone ideas; la mujer, la madre, sabe custodiar, unir en el corazón, vivificar.   Para que la fe no se reduzca solo a una idea o doctrina, todos necesitamos de un corazón de madre que sepa custodiar la ternura de Dios y escuchar los latidos del hombre.   Que la Madre, que es el sello especial de Dios sobre la humanidad, custodie este año y traiga la paz de su Hijo al corazón de todos los hombres  y al mundo entero”.   (Papa Francisco, homilía 1 enero 2018).

Pongamos atención a esta frase “el don de toda Madre y de toda mujer es muy valioso para la Iglesia que es madre y mujer”.   El año pasado este tema fue una constante en el discurso del Santo Papa: la importancia de la mujer en la Iglesia, la relevancia de contar con ese don único de la mujer, de su maternidad, de su ternura, de su capacidad que sabe unir  y vivificar.   

El Papa Francisco como Vicario de Cristo nos habla en su nombre por la acción del Espíritu Santo, es decir, Dios mismo recuerda a la humanidad que contamos con una Madre en el cielo que puede ayudarnos y traernos la paz y al mismo tiempo, que valoremos el don de la mujer porque con sus cualidades femeninas es altamente valiosa para la Iglesia.

“No estamos solos, no somos huérfanos, tenemos una Madre” son frases que el Papa ha repetido en varias ocasiones y este año nos ha dicho  “nuestra soledad ha sido derrotada” porque a través de María, el Hijo de Dios se ha unido a la humanidad para siempre.  Dios no nos puede hablar más claro.

Las mujeres debemos sentirnos dichosas y bendecidas por lo que Dios ha creado en nosotras y porque una como nosotras es la Madre de Dios y madre nuestra.  Debemos sentirnos felices de nuestra feminidad  y maternidad puesta al servicio del prójimo.     Dios nos llama a poner nuestro don al servicio de la Iglesia, a servir con ternura, acoger a la humanidad  dividida y herida y a custodiar la Palabra en el corazón como lo hizo Santa María.

Termino con estas palabras del Papa en la misma homilía del 1 de enero 2018: “Este es el secreto de la Madre de Dios: custodiar en el silencio y llevar a Dios…María es exactamente como Dios quiere que sea su Iglesia, Madre tierna, humilde, pobre de cosas y rica de amor, libre del pecado, unida a Jesús, que custodia a Dios en su corazón  y al prójimo en su vida”.   Y agrego, es así como Dios quiere que seamos todas las mujeres.

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