Sola contra el mundo…

 

Sola contra el mundo…

 

Lis Chaves

Ordo Consecrationis Virginum, Diócesis de Cartago

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En estos días una amiga me dijo: “Me siento luchando sola contra el mundo. Yo tengo fe pero en la escuela de mis hijos, en el trabajo y casi en todas partes me encuentro con la religión de la prosperidad, la nueva era y una creencia en un Dios que se acomoda al beneficio de cada persona”.

Yo comprendí perfectamente su preocupación porque yo misma la he vivido. Entonces esta columna de hoy es la respuesta que deseo ofrecerle a esta amiga y a todas las mujeres de fe que se sienten así.

En primer lugar aunque parezca que estás sola contra el mundo, no es así. Dios está dentro de vos y luchando con vos pero es muy importante estar en gracia y no descuidar la oración que es la cadena que nos mantiene unidos al corazón de Dios.

No podemos enfrentar todas esas corrientes que son aparentemente atractivas si nosotros no estamos bien armados. Es necesario formarse bien en nuestra fe y buscar que esa formación sea correcta, que esté avalada por nuestra Iglesia.

Cuando no hay tiempo para buscar esta formación yo recomiendo tomar el catecismo e irlo leyendo poco a poco. Cuando uno conoce bien la riqueza y los cimientos de nuestra fe, cuando uno se enamora de Cristo y del Evangelio es muy difícil que nos revuelque cualquier corriente.

Confesarse regularmente y asistir a la Eucaristía son sacramentos imprescindibles para mantenerse fuerte y unido a Dios y, por supuesto, la oración en todas sus formas. Hay que orar para no caer en tentación.

Aparentemente pareciera que luchás sola contra el mundo, que sos la extraña que piensa diferente, pero en realidad todo el cielo y Dios mismo están a tu lado y serás capaz de dar respuestas contundentes para defender tu fe y de tomar acciones para proteger a tus hijos, tu familia y a vos misma de esos ataques.

La belleza de ser Iglesia es que la oración de todos los hermanos también nos sostiene y sabemos que contamos con ellos para conversar y para no sentirnos solos. Es importante pedir ayuda al sacerdote o a la persona de más confianza y de una profunda vida de fe católica que nos pueda ofrecer un consejo.

Hay que pedir a Dios que nos aumente la fe y nos dé su luz en este mundo de confusión. Y recordá siempre tener la certeza de que es el mundo el que se equivoca porque busca el egoísmo, es decir, busca solo la propia felicidad de la persona aunque sufran los seres que ama. Nosotros seguimos el Evangelio que es totalmente opuesto al egoísmo porque se trata del amor verdadero: olvidarnos de nosotros mismos para ayudar a los demás, darlo todo, hasta la vida por el prójimo.

Dios nos mandó a Jesucristo para enseñarnos a amar de verdad, basta verlo en la cruz. Todo lo que se opone al amor no viene de Dios, es un termómetro que no se equivoca y por ello, si estamos con Dios, ¿quién contra nosotros?

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