Apostillas a un artículo de Don Iván Molina

 

Pbro. Víctor Hugo Munguía C.

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El periódico “La Nación” le publicó a Don Iván Molina un artículo largo que pretende interpretar “La Marcha por la Vida y por la Familia”,  con una serie de inexactitudes que sorprenden en la pluma de un historiador, aunque no sorprende la generosidad de “La Nación” para dar espacio a esta “lectura”, después de la mezquindad con que informó de la marcha de marras, originando luego una disculpa que a nadie convenció. “Excusatio non petita acusatio manifesta”.

Afirmar que la Iglesia Católica y sus aliados querían la “educación reducida al mínimo”, es una temeridad, que de ser cierta nos obligaría a pedir perdón público a la nación entera por un delito de “lesa inteligencia” por parte de la Iglesia Católica. Que un clérigo limitado (nunca han faltado… y las limitaciones no son privilegio del gremio clerical…) haya tal vez dicho algo en esta línea, no le puede permitir a un historiador serio pontificar que toda la Iglesia Católica era enemiga de la educación. Hasta donde hemos entendido la historia se hace con base en documentos y monumentos y no nos imaginamos ni a Thiel, ni a Stork, ni a Otón Castro (que eran cualquier cosa menos clérigos limitados) utilizando su autoridad para conservar al pueblo en la ignorancia, invitando a los padres de familia a no enviar a sus hijos a la escuela.

Pretender que el conflicto de Roberto Brenes Mesén con un clérigo, hasta donde tengo conocimiento, era pretensión de toda la iglesia para lograr que fracasara la educación secundaria (y cito): “con toda la intención de que la institución colapsara”, es otra temeridad que no se puede aceptar simplemente porque la pontifique Don Iván Molina. Si tiene forma de probar esto que nos muestre los documentos porque no se puede endilgar a toda la Iglesia Católica un conflicto puntual con un clérigo. “Lo que gratuitamente se afirma, gratuitamente se niega”, Don Iván.

Que la derogación de las “leyes liberales” de los ochentas del siglo XIX haya tenido estrecha colaboración de Iglesia y Estado en tiempos de Sanabria y Calderón Guardia parece ser “posesión pacífica” de las ciencias históricas, pero ignorar el bien social que esa colaboración le trajo al pueblo costarricense para pontificar el deseo de la Iglesia de mantener “poder”, y concluir que la colaboración Iglesia y Estado continuó con el Partido Liberación Nacional para mantener el poder de la Iglesia Católica en las aulas es una extrapolación de premisas que se le puede permitir a quien no sabe de historia, pero no a Don Iván Molina. Que Benjamín Núñez (qdDg) haya sido parte del PLN no hace a toda la Iglesia Católica vivir en contubernio con ese partido.

Pontificar el “lugar común” de que la Iglesia Católica es la culpable de que la Educación Sexual no haya tenido el éxito que merece materia tan principal es ignorar la historia de “Las guías de Educación Sexual” que fueron preparadas por expertos de educación con la colaboración incontestable del Departamento de Educación Religiosa del Ministerio de Educación, mucho antes del Ministro Garnier, alabadas en público por Mons. Arrieta y luego contestadas vilmente por un grupo de laicos ( sí, laicos, que no clérigos solterones), quienes en secreto armaron la marimorena contra esas guías, obligando a la Conferencia Episcopal a revisar luego línea por línea cada una de esas guías, para que esos padres de familia (repito, no eran clérigos) no usaran sus influencias hasta más allá de nuestras fronteras y lograran que se le endilgara a la Conferencia Episcopal una enemistad con la Educación Sexual, que nunca ha tenido. Los laicos que provocaron esto jamás han defendido a la Iglesia Católica del infundio que provocaron y todavía pueden andar por ahí empantanadas las ediciones de “nuevas” guías de educación sexual que nunca tuvieron el influjo que hubieran tenido las primeras. De esto soy testigo personal porque estuve con la Conferencia Episcopal en las sesiones que revisaron línea por línea las primeras Guías de Educación Sexual, cuyo único defecto, en mi humilde opinión, era que podían llegar un poco tarde a la población a la que estaban destinadas.

La “lectura” que hace Don Iván de la Marcha del 3 de diciembre del 2017, que según él  es explotar “odios y miedos” y reclamar “poder” en la educación es una abierta mala percepción de lo vivido en ese día tan hermoso. Con una organización mínima se movilizó una gran cantidad de personas que creemos que la familia normal es la compuesta por hombre y mujer abiertos a la transmisión de la vida, que el aborto es un “crimen abominable” y que la “ideología de género” no es un fantasma. Por lo menos tenemos el mismo derecho a expresarnos que utilizan con ocasión y sin ella los defensores a ultranza de visiones diferentes de la sexualidad, de la familia y de la dignidad sagrada de la vida humana.

Nunca se utilizó miedo para motivar a la gente. Sólo se vio gozo, canto y oración. A nadie se ofendió y todo culminó con la Sagrada Eucaristía que jamás podrá motivar odio alguno porque se trata de Cristo que se entregó por nosotros.

Creemos que los defensores de diversidad sexual, los que piensan diferente de lo que pensamos los católicos pueden encontrar en el seno de la Iglesia Católica comprensión, cariño, ayuda y la proposición de un tipo de vida, que no es discriminatorio en modo alguno, porque se trata de la proposición de la vida casta, que se hace absolutamente a todo cristiano, con profunda comprensión de las debilidades humanas, de las que ningún humano está libre.

Pretender que la Iglesia sólo quiere guardar cuotas de poder en la Educación es ignorar el trabajo del miles de docentes de religión que desde hace mucho tiempo sirven, con muchas dificultades, a los valores del Evangelio sin pensar jamás que le están sirviendo a una estructura de poder, sino al bien de los estudiantes. Yo mismo serví dos años en la formación de los Maestros de Religión y 5 años en las aulas de secundaria como docente de religión y jamás me sentí un tecnócrata al servicio de una estructura de poder. Recuerdo que en 1971, en el Liceo de San Sebastián donde fui docente de religión, el programa para los octavos años en religión era de educación sexual y yo nunca me sentí presionado por nada ni por nadie para compartir con los alumnos (que estaban interesadísimos) la visión cristiana de la sexualidad, que no es ni represión, ni ignorancia ni simples cantos de “Satanás no podrás”….

Cae Don Iván en la trampa de citar el “lugar común” del caso de Galileo. Cuando el gran Papa y ahora Santo Juan Pablo II quiso pedir perdón por los errores pasados de la Iglesia, encargó a comisiones de altos vuelos el estudio del caso Galileo y el estudio de la Inquisición. Los resultados de esos altos estudios fueron bien diferentes de la “leyenda negra” que convirtió en “lugar común” una serie de acontecimientos que fueron de una época que no podemos juzgar con los ojos de la actual. Si alguien sabe que la investigación seria de los acontecimientos del pasado puede dar a luz lecturas muy diferentes de los “lugares comunes” es Don Iván por su profesión de historiador. “Distingue tempora et concordabis iura”.

Que la Iglesia tenga capacidad de convocatoria, hasta con la mínima organización, que la marcha del 3 de diciembre recién pasado haya sido tan preciosa, tan humana, tan alegre, tan llena de gentes de toda parte y lugar de Costa Rica, no le da derecho a nadie, y menos a un historiador de leerla como un instrumento de miedo y de ganas de conservar privilegios.

Tenemos los creyentes una visión del mundo, de la historia, de la materia, del cuerpo humano, de la sexualidad tan preciosa, que quien la ignora por falta de conocimientos teológicos o por ideologías del color que fuere, se pierde un estilo de vida que le da sentido a todo lo que  somos, decimos y pensamos.

Cuando era joven estudiante (hace muchos años de eso) se nos vendió la idea de que quien no era marxista para el “análisis científico de la sociedad y de la economía”, había perdido el “tren de la historia”. Cuando cayó el muro de Berlín nos dimos cuenta de lo que eran los paraísos del este de Europa. Don Iván, es peligroso que donde usted ve sólo retroceso en la Iglesia y hasta que perdimos el tren de la historia, dentro de unos años nos vean como profetas que anunciamos y denunciamos unas visiones que no son tan humanas como pretenden aparecer.