Fortalezcamos nuestra democracia

 

Fortalezcamos nuestra democracia

 

Monseñor José Rafael Quirós

Arzobispo de San José

 

¿Cómo reorientar la política desde los principios y valores de la inmensa mayoría de la población, si ésta se inhibe de participar en las elecciones? Ante la duda y el desánimo manifiestos de frente al presente proceso electoral, quienes están postulando sus nombres ante el pueblo deben dar respuesta a la pregunta formulada. 

Pero también, los ciudadanos debemos ser conscientes de lo mucho que está en juego, sobre todo con relación a las propuestas de cada partido respecto a la dignidad de la persona humana y el estilo de vida en sociedad que proyecta.

Ciertamente, en cuanto a su vida pública y política, los católicos actúan bajo su responsabilidad personal, y por ende, son libres de escoger las instituciones y los medios temporales que les parezcan más adecuados y conformes con los objetivos y valores del bien común pero, también, es cierto que no todas las propuestas son igualmente compatibles con la fe y las exigencias de la vida cristiana, ni son tampoco cercanos y proporcionados a los objetivos y valores que los cristianos deben promover en la vida pública.1 Esto no significa mezclar política y religión, sino coherencia en el ejercicio de la libertad. 

Este factor es, particularmente, determinante en momentos en que nuestras instituciones públicas se vienen atribuyendo la autoridad para determinar y condicionar, en gran medida, las convicciones religiosas y morales de cada persona. Constatamos cómo se aducen criterios “técnicos” en las decisiones políticas que desconocen el patrimonio espiritual y moral de nuestro pueblo y así, de modo oportunista, imponer su propio criterio, quedando la sociedad a merced de las opiniones y deseos de una o de pocas personas que, desbordando sus competencias, se arrogan poderes cuasi absolutos.

Una política que “pretenda” independizarse de los valores morales que sustentan nuestra Nación, degenera sin remedio en imposición, discriminación y anarquía. Una sociedad en la cual la dimensión moral de las leyes no es tenida suficientemente en cuenta es una sociedad desvertebrada, literalmente desorientada, fácil víctima de la manipulación, de la corrupción y del autoritarismo de unos cuantos.2

Como enseñaba Benedicto XVI, “es preciso afrontar con determinación y claridad de propósitos, el peligro de opciones políticas y legislativas que contradicen valores fundamentales y principios antropológicos y éticos arraigados en la naturaleza del ser humano...”3

Ninguna ideología o práctica política puede dejar de lado el verdadero servicio al bien común por atender al bien particular de personas o grupos. “El valor de la democracia se mantiene o cae con los valores que encarna y promueve, son fundamentales e imprescindibles, ciertamente: la dignidad de cada persona, el respeto de sus derechos inviolables e inalienables, así como considerar ‘el bien común’ como fin y criterio regulador de la vida política”.4

Un criterio importante a tomar en consideración es que la coherencia caracteriza la vida del verdadero cristiano, «en su existencia no puede haber dos vidas paralelas: por una parte, la denominada vida “espiritual”, con sus valores y exigencias; y por otra, la denominada vida “secular”, esto es, la vida de familia, del trabajo, de las relaciones sociales, del compromiso político y de la cultura.”5

Los cristianos estamos llamados a rehabilitar la política con una visión ética, esto significa llenarla de su sentido más profundo, no buscando intereses particulares o grupales, sino el bien común, entendido como condiciones políticas, sociales y económicas que hagan posible el desarrollo de la vida de todas las personas acorde con su dignidad.

A pocos días de vivir esta fiesta nacional, quiero insistir en el hecho de que votar es un derecho, pero sobre todo un deber que ha de ejercerse con total responsabilidad personal y “no como masa arrastrada por las fuerzas dominantes (…) el ser ciudadano fiel es una virtud y la participación en la vida política es una obligación moral”.6

Pidamos que el Espíritu Santo nos de discernimiento y sabiduría a todos los votantes, para ejercer este derecho con lucidez, analizando, con sentido crítico, las personas, las propuestas y las promesas de que quienes postulan su nombre para cargos públicos.

1 Cf. Pontificio Consejo Justicia y Paz, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, B.A.C.; Planeta, Madrid, 2005, números 565-574.

2 Ídem, números 396 y 407.

3 Benedicto XVI, Discurso al IV Congreso Nacional de la Iglesia en Italia, Verona, 19 de octubre de 2006.

4 Juan Pablo II, Carta encíclica Evangelium vitae, 70.

5 Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política, número 6

 

6 Papa Francisco, Evangelii Gaudium ,número 220

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