Fortalecer fe y valores para enfrentar ola de violencia

 

Fortalecer fe y valores para enfrentar ola de violencia

 

El 2017 dejó una alarmante cifra de homicidios, marcándolo como el año más violento en la historia del país.


María Estela Monterrosa S.

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La pérdida de valores en la sociedad pasa una cara factura a todos los costarricenses, opinaron especialistas, y es que el 2017 cerró como el año con más homicidios en la historia del país y, lo peor, es que hay una tendencia al alza.

A inicios del 2018, Michael Soto, jefe de Planes y Operaciones de la Policía Judicial, informó que el 2017 cerró con 603 homicidios, lo que significa que la tasa de homicidios es de 12,1 por cada 100.000 habitantes, la más alta de la historia del país.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que, si un país registra 10 o más homicidios por cada 100 mil habitantes, se convierte en violencia endémica.

Soto indicó que se ha estimado que un 48% de esos homicidios fue por ajuste de cuentas o venganzas y un 25% vinculado directamente al narcotráfico.

Agregó que se han identificado ciertas zonas donde hay más problemas con el narcomenudeo como el cantón central de Limón, Pococí, Pavas y el sur de la capital.

Para Soto, el año 2018 no será mejor. “La solución es integral, no es policial, no es judicial. Todos, Estado y ciudadanos, debemos buscar estrategias diferentes como deporte, economía, la parte social, cultural, trabajo, etcétera”.

El funcionario afirmó que no debemos alarmarnos y pensar que se ha perdido el control, pero “es un buen momento para hacer un alto, reflexionar y tomar las medidas que se consideren convenientes”, dijo. 

Más allá de retomar lo que han explicado algunos expertos sobre el trasiego de droga y los pagos en especie a los colaboradores locales, así como la aparición de pandillas, hay un tema de fondo que deberíamos encontrar al responder la pregunta ¿por qué las personas se involucran en el narcotráfico?

 

El valor de la vida humana

De acuerdo con el Pbro. David Solano, sociólogo, se ha dado una transformación de los valores. “Se puede entender que ese respeto por la vida humana está ligado a una consideración de la vida como algo sagrado; entonces estaríamos ante una pérdida del grado sagrado de la vida humana en cualquier etapa y en cualquier momento”, comentó.

“Pareciera que, tanto a nivel personal como social, cada vez nos resulta menos valiosa, menos sagrada la vida humana”, agregó.

Explicó que, si la vida “vale menos”, se puede violentar, maltratar y matar al otro. Al transformarse los valores también se transforma la forma en que nos relacionamos las personas y las formas de vivir en sociedad.

Fernando Muñoz, sacerdote y psicólogo, reflexionó sobre la situación en el mismo sentido y se refirió a una relación íntima entre el principio de fe y los valores. “Todo el mundo puede hablar de valores, pero cuando no hay una base sólida que los sostenga se vienen al suelo y no existe ideal más grande que Dios para sostenerlos. Si la gente pierde el respeto a Dios, pierde el respeto a la persona, a un principio tan importante como es la vida”.

 

Consumismo, caldo de cultivo 

Para David Solano, la sociedad actual enfatiza el ámbito del consumo y quienes no tienen capacidad de consumo quedan al margen de las dinámicas sociales.

“Un estilo de vida desde el consumo exacerbado necesariamente impulsa a que dejemos de considerar otras personas como hermanos (esto es parte de la ética cristiana) y comencemos a verlos como competidores. Estamos convirtiéndonos unos a otros en objetos de los que se puede prescindir en cualquier momento, esa es la ‘cultura del descarte’ que tanto critica el Papa Francisco en su magisterio”, agregó.

“El gran desafío es revalorizarnos como personas poniendo en el centro nuestra dignidad de seres humanos y de hijos de Dios”, dijo.

Por su parte Muñoz, afirmó que en la cultura posmoderna es todo “light”, pasajero, no hay nada sólido de lo que la persona se pueda sostener. En este contexto, “es muy difícil que la sociedad pueda luchar por valores, cuando la misma juventud busca lo liviano, lo fácil”, aseveró.

 

El camino de vuelta

Los entrevistados plantearon distintos caminos para revertir la tendencia que se da en el país respecto al aumento de la violencia y coincidieron con Soto en que la solución debe ser integral.

Para Solano, es necesario apostar por un estilo de vida en el que las relaciones interpersonales busquen el bien común; potenciar la construcción de una cultura de paz; valorar a las personas no por lo que tienen, sino por su ser alguien y hacer más hospitalario el entorno personal y laboral.

Por su parte, el Pbro. Fernando Muñoz, afirmó que el trabajo desde la Iglesia debe ser incansable. “Entre más deterioro haya, más convicción debe haber entre los creyentes y más trabajo por mantener fuertes los principios en que creemos, a nosotros nos toca hacer contraparte”.

En este sentido, el analista de temas de seguridad, Max Loría Ramírez, afirmó que la situación es totalmente reversible y añadió que afianzar valores de paz y de resolución de conflictos, evita que los jóvenes se vinculen con el crimen organizado.

“Todos podemos hacer mucho, lo más importante es ayudar a que más jóvenes terminen el colegio y tengan posibilidades de empleo, supervisar lo que hacen en su tiempo libre”.

Además, destacó la importancia de dotar al gobierno de más herramientas, como se lograría con el proyecto de ley de extinción de dominio, con el cual se podrían afectar las finanzas de los grupos criminales.