Propósito para el 2018: siempre atentos a la voz del Señor

 

Propósito para el 2018: siempre atentos a la voz del Señor

 

“Es fundamental que un cristiano, al iniciar un nuevo año, se haga el propósito de estar siempre atento a la voz del Señor que le habla a través de personas, acontecimientos y experiencias varias, y que no serán necesariamente las más agradables”, reflexionó Mons. Fray Gabriel Enrique Montero, Obispo de San Isidro de El General.


Laura Ávila Chacón

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Cada inicio de año, como es costumbre, las personas suelen revisar su vida y plantearse  metas o propósitos.

Hay de todo en estas metas; por lo general las personas suelen plantearse bajar de peso, comprar casa, un carro, casarse, dejar de fumar, un mejor trabajo, una casa más grande y hasta viajar. 

Muchos realmente, se esfuerzan por vivir esas metas planteadas, y está bien si es para un mayor bienestar de la familia. Otros en cambio, prefieren definir propósitos que los lleve a ser mejor personas, mientras que otros, muchos, se quedan en las buenas intenciones. 

Sin embargo, nos preguntamos, si son realmente estos los compromisos que todo cristiano debe asumir al iniciar un año nuevo.

Para ello, Fray Gabriel Enrique Montero, Obispo de San Isidro de El General, nos brinda orientaciones, entre las que destaca la responsabilidad como ciudadanos de cara a las elecciones nacionales. A continuación un extracto de la conversación.

 

¿Cuáles deberían ser los propósitos de año nuevo para un cristiano?

Es fundamental que un cristiano, al iniciar un nuevo año, se haga el propósito de estar siempre atento a la voz del Señor que le habla a través de personas, acontecimientos y experiencias varias, y que no serán necesariamente los más agradables. La razón de ser de estar atentos a escuchar a su voz es la de poder cumplir con mayor fidelidad su voluntad. Otro propósito cristiano muy importante para el año nuevo es el de mejorar nuestras relaciones humanas en primer lugar con aquellos que le son más cercanos, pero además con aquellos que nos resultan antipáticos o con quienes tenemos algún resentimiento particular. En fin, nuestras relaciones humanas se deben mejorar también con aquellas personas que por su pobre condición social, por su debilidad o marginación, o bien por su carencia de poder, influencia o “buena reputación”, muchas veces les ignoramos y hasta les despreciamos. Creo también fundamental que como cristianos para este nuevo año nos hagamos el propósito de tomar en serio el proceso electoral en Costa Rica que pronto culminará en elecciones. Un cristiano no se puede quedar al margen; un cristiano no puede decir que no vota alegando desilusión con los políticos o desesperanza ante un futuro mejor para la patria. El voto es un derecho, pero también un deber. No votar por razones egoístas es una traición a la patria y un pésimo servicio que se le hace al ejercicio de la democracia.

 

 ¿Por qué es importante trazarse metas, no solo materiales, sino también espirituales e incluso sociales?

La vida entera consiste en el logro de objetivos que nos los proponemos de antemano. No tener metas claras equivale a caminar en las tinieblas y abocarnos a la frustración. Un cristiano no piensa que las cosas suceden porque él o ella las planean o programan: Suceden porque Dios las quiere o las permite. Pero Dios espera que nosotros deseemos lograr el objetivo y que hagamos nuestra parte para que éste se haga realidad. La metas u objetivos son útiles y provechosos cuando abarcan los varios aspectos de nuestra vida: material, social, espiritual. Hacerse metas sólo en un aspecto y descuidar los demás, resultará tan peligroso y tan dañino como carecer de metas por completo, pues la finalidad integral de nuestra vida quedará igualmente frustrada.

 

¿Qué actitud debe prevalecer en el corazón de un creyente al iniciar un nuevo año?

Hay una actitud fundamental y es la de un optimismo alegre. El cristiano tiene razones suficientes para saber que Cristo es el Señor de la vida y de la historia y que su acción salvadora a lo largo de los siglos ha ido produciendo una humanidad siempre mejor. El mundo de hoy no tiene ni comparación con el mundo de hace mil o dos mil años: es indudablemente más consciente, más pacífico, más esperanzador. Un cristiano no se puede dejar llevar de las apariencias, pues lo más importante de la vida y de la historia no se ve. La otra actitud del cristiano que debe acompañarlo a lo largo del nuevo año es la de una fidelidad a toda prueba. Al igual que su Maestro, el cristiano debe ser fiel a la verdad, a la justicia, a la paz, al amor. Estos son los cuatro pilares del Reino de Dios y todo su compromiso de fe debe ser la construcción de ese Reino ya desde esta tierra. Esa misma fidelidad debe llevarles a honrar su palabra, a no incumplir sus promesas, a estar dispuesto a sacrificarlo todo por defender los valores en los que cree. Finalmente, una actitud del cristiano al iniciar un nuevo año debe ser la de vivir agradecido: gratitud para con Dios que todo se lo da, gratitud para con su familia y su patria, gratitud para con su pasado que Dios ha permitido precisamente para que ahora él pueda responder a su amor y dar lo mejor de sí mismo a los demás.

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