San Juan Pablo II: modelo para católicos de Quepos

 

Martín Rodríguez González

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El pasado domingo 10 de diciembre fue recibida y colocada para la veneración de los católicos de Quepos una reliquia de San Juan Pablo II, consistente en una gota de sangre del pontífice fallecido.

La Parroquia Inmaculada Concepción de María se convierte así en una nueva casa para el santo polaco en Costa Rica, cuyo milagro de su canonización se verificó en nuestro país en el año 2014.

Con una Santa Misa presidida por el Obispo de Puntarenas Monseñor Óscar Fernández, y concelebrada por los Padres Juan de Dios Bermúdez, cura párroco, y su vicario el Padre Eudolio Solís, cientos de quepeños agradecieron a Dios el regalo de tener entre ellos a San Juan Pablo II, quien, según explicó Monseñor en su homilía, debe ser para todos modelo de santidad y de entrega a Dios.

“Tenemos mucho que aprender de San Juan Pablo II, fueron tantos sus mensajes, sus homilías y sus testimonios”, destacó el pastor puntarenense, quien anunció que el próximo año será declarado como co patrono de la parroquia.

El Padre Juan de Dios detalló que la solicitud formal de la reliquia fue hecha al Arzobispo de Cracovia Cardenal Stanislaw Dziwisz en el año 2016, para acrecentar la devoción de los católicos de Quepos por San Juan Pablo II, el crecimiento de su fe y su caridad. Se quiere además, según expresó el sacerdote, que la parroquia se convierta en un lugar de peregrinación diocesana.

En su respuesta, el cardenal Stanislaw, quien fuera el secretario personal del Papa Wojtyla, pide que la reliquia sea expuesta para la veneración de los fieles, solicitud que será plenamente correspondida una vez que la parroquia concluya la Capilla del Santísimo que está construyendo, y cuyas obras van muy adelantadas.

Estará como siempre el Sagrario, y junto a él la muestra de sangre del santo. Para Monseñor Fernández, esta es una señal de que el Señor Jesús nos muestra en San Juan Pablo II que la santidad es posible para todos los bautizados. El prelado pidió eso sí, no confundir la adoración debida al Señor con la veneración de la reliquia.

En su homilía, el obispo recordó a la luz de las lecturas proclamadas, que el Adviento es un tiempo para pedir a Dios que los afanes del mundo no nos alejen de él: “Deberían ser estos días de profunda espiritualidad, de oración, de celebraciones litúrgicas, de solidaridad y de actos de amor al prójimo, pero la sociedad es otra cosa, es una locura de excesos, de gastos y de dispersión”, dijo. “El Padre nos escuche y nos de la gracia de controlar los afanes de modo que no nos impida preparáramos para encontrar a Cristo”, insistió.

“Hagámosle caso en estos días, busquemos al Señor que está aquí con ganas y deseos como el pobre que busca comida, el médico que nos cura, el salvador que nos salva… gastemos tiempo en esto y no en la dispersión dañina que la sociedad nos pone en estos días, eso nos hará bien personalmente, conyugalmente y familiarmente”, agregó.

Durante la Eucaristía, como gesto de cercanía, la reliquia del santo fue impuesta a personas ancianas y enfermas de la comunidad, recordando la preferencia y la preocupación de San Juan Pablo II por ellas.

 

Fotos M. Rodríguez

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