¿Quién causa tanta alegría? El grito azul y blanco

 

Pbro. Bosco J. Rodríguez A., C.Ss.R

 

En Nicaragua, en los últimos días de noviembre y primeros de diciembre se escucha un grito emocionado: ¿Quién causa tanta alegría? ¡La Concepción de María! Es el grito que surca los mares de cristal que bañan las costas de nuestra bella “Nicaragua, Nicaragüita, la flor más linda de mi querer”. ´María de Nicaragua y Nicaragua de María´, es la fórmula breve y original que solemos repetir todos los hijos de María en esta digna patria que vio nacer al ´príncipe de las letras castellanas´, Rubén Darío, y a la florecita linda de estas tierras, la beata María Romero Meneses, quien nos enseñó a recitar: “Pon tu mano Madre mía, ponla antes que la mía”. Es el grito que recorre todos los rincones del territorio nicaragüense, es el grito alegre y emocionado, es el grito llamado ´azul y blanco´. Es el grito relacionado y vivido con alborozo. 

Es el grito que cuando niños escuchamos en brazos de nuestras madres, de nuestras abuelas, de nuestros padres, que jubilosos cantan alegres a la Purísima Virgen María. Ese grito, todo nicaragüense lo relaciona con luces, gritos con canciones a la Virgen, con cohetes, con dulces (cajetas, gofios, bienmesabes, almíbar, etc). Lo relaciona con alegría, así lo califica y nombra el Padre Osvaldo Tijerino, en su breve escrito sobre la Virgen María. Grito, que hasta San Juan Pablo II, en sus dos visitas históricas a nuestro país, aprendió a gritar.  Pero, ¿de dónde proviene o cuál es el origen de ese grito azul y blanco en honor a la más Bella entre las bellas?  El prestigioso historiador nicaragüense, especialista en la obra de Rubén Darío, el Dr. Edgardo Buitrago (Q.d.D.g.) nos lo refiere así:

“Los padres Franciscanos pedían a las familias leonesas (estamos hablando de comienzo del Siglo XVIII) que todos sin excepción celebraran a la Inmaculada Concepción. Las personas se encontraban con tantas invitaciones que tenían que recorrer de un rezo a otro encontrándose así por las calles grandes y numerosos grupos de gentes que iban y venían en alegre marcha.  Estos grupos se saludaban al encontrarse y lanzaban vivas y entonaban cánticos a la Virgen.  Los propios padres Franciscanos iban al frente y le decían a la gente que saludaran con: ¿Quién causa tanta alegría?, para que otros respondieran: ¡La Concepción de María!  Esos recorridos callejeros eran más alegres las noches del siete de diciembre porque era el último día de la novena”. 

Así comenzó la tradicional “Gritería”, que en el día 7 de diciembre, se celebra en toda Nicaragua en honor a la Purísima Concepción de María. Los frailes Franciscanos no imaginaron que ese grito tan lleno de piedad, que comenzó en la ciudad de Santiago de los Caballeros de León, en 1742, en el templo de San Francisco de Asís, iba a repetirse de generación en generación. Ese grito es,  por ahora, una tricentenaria exclamación.

Nicaragua es un pueblo mariano por excelencia.  Pueblo en el cual se le tributa a la madre del Señor un amor especialísimo y que celebra, con gran devoción y forma singular, el misterio de la Inmaculada Concepción de María, Patrona de la República de Nicaragua. En la Provincia Eclesiástica de Nicaragua, en todas las diócesis y parroquias, llegado el mes de diciembre, cada año, a una hora determinada, se reza el Santo Rosario, se reedita y se distribuye masivamente la novena de la Purísima Concepción de María, y se preparan catequesis sobre el culto a la Virgen, sobre su función en el misterio de la salvación.  Y no solo la Iglesia entra en esta tarea de divulgar el amor a la Purísima, sino también los medios de comunicación social y redes sociales escritos, radiales y televisivos, antes y durante la novena en honor a la Virgen, presentan especiales sobre la historia de la devoción en Nicaragua a la madre del Señor en su Inmaculada Concepción.  El día 8 de diciembre por decreto de la Honorable Asamblea Nacional, es “Feriado Nacional”. 

Al hablar de la devoción a la Virgen en Nicaragua, es necesario narrar cómo llegó la imagen de la Inmaculada Concepción a este amado país. Porque, hablar de ello, es hablar de lo más querido y sentido por todo fiel cristiano católico nicaragüense.

Según una antigua tradición, fue el capitán don Pedro Alonso Sánchez de Cepeda y Ahumada, hermano de la gran Santa Teresa de Jesús, quien entre 1562 y 1563, trajo a Nicaragua, deteniéndose en el Realejo y El Viejo, la imagen de la Virgen María, que su hermana, Teresa de Jesús, le había entregado para que le acompañara en su viaje por las tierras de América. Esta venerada imagen se encuentra hoy día en la Basílica Menor Inmaculada Concepción de la ciudad de El Viejo, departamento de Chinandega. 

 

María es y será siempre para el pueblo de Nicaragua, “causa nostrae Laetitiae”. Pues Ella, primera cristiana, anuncio y don del Evangelio, alegra al pueblo cristiano católico, alegra a los nicaragüenses. La Iglesia que peregrina en Nicaragua, nunca dejará de escuchar el grito que ya es universal: “¿Quién causa tanta alegría? ¡ “La Concepción de María”! 

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