¡Viva la Iglesia!

 

Pbro. Víctor Hugo Munguía C.

 

Apenas regreso de la imponente manifestación por la vida que, organizada por la Iglesia Católica y acompañada por miembros de otras confesiones cristianas, desbordó todas las expectativas, porque el número de los participantes, la alegría, el talante, la fiesta y sobre todo el punto de llegada,  la celebración de la Santísima Eucaristía, no pudieron salir mejor.

Tengo el temor de que algún medio de prensa escrito, ellos saben de quién hablo, informará del evento con la mezquindad que utilizaron hace unos años para hacer noticia de un evento parecido…

La capacidad de convocatoria que conserva la Iglesia, sí,  la Iglesia católica tan traída y llevada como si su luz fuera sólo la de las “hogueras de la inquisición” -para citar una frase tristemente famosa pronunciada por quien más que erudición tenía rabia- todavía puede convocar y ser escuchada porque por ella corre la fuerza del Espíritu del Resucitado y no porque sus líderes seamos nada especial.

Las familias, los jóvenes, los niños y hasta los adultos mayores, como yo, no pudimos dejar de contagiarnos con el gozo, la ilusión y las esperanzas de todos los participantes.

Pues resulta que lo que creemos en la Iglesia Católica y comparten los hermanos de otras confesiones cristianas no es tan trasnochado, tan medieval, tan cerrado como algunos quisieran hacer pensar.

El matrimonio entre hombre mujer (parece mentira tener que afirmar que es lo normal y lo humano) – el respeto a la vida desde su concepción hasta el desenlace final por la muerte natural (parece mentira tener que afirmar esto después de la experiencia del holocausto) – el respeto a la vida de un no-nacido en el seno de su madre (parece mentira tener que defender que el aborto no soluciona nada) – la agresión en la vida doméstica ejercida sea por hombres que por mujeres (parece mentira tener que hablar todavía de que es inhumano el abuso del fuerte sobre el débil) – las políticas internacionales que pretenden “modernizar”, “dar apertura” y hasta exigir que se implementen leyes que pueden contradecir la conciencia de las personas (parece mentira tener que afirmar que la conciencia de las personas es sagrada), pues resulta y perdón por la repetición, que estos temas no tienen tan mala prensa, porque la manifestación de este domingo 3 de diciembre le dijo a todo Costa Rica que muchos creemos en estos valores y los proponemos como un estilo de vida que puede dar resultados de humanización y de vida con sentido.

La excelente, elegante (incluido el “juemialma”) y bien pronunciada homilía del Mons. Sancasimiro no dejó en el tintero ninguno de los temas que había que tratar en esta marcha por la vida, abundando en datos del Vaticano II, datos del querido San Juan Pablo II y datos del querido Papa Francisco. Cuando Mons. San Casimiro terminó la homilía tuve la fuerte tentación de gritar en el micrófono (y hubiera podido hacerlo…): “beatus venter qui te portavit et ubera quae suxisti”: “dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron”, piropo que se le espetó al mismísimo Señor Jesucristo.

La presencia de los grupos pastorales que sirven a la familia, de parroquias (algunas muy lejanas), de todos los obispos, de buen número de sacerdotes de todo el país embelleció nuestra ciudad capital como no pueden lograrlo todos los adornos que este mes de diciembre la engalanan.

Una vez más, tomen nota los políticos… Tomen nota los medios de comunicación… Tomen nota los que andan pidiendo “estado laico”, como si la Iglesia Católica fuera la culpable de cuanta cosa mala pasa en el país… Tomen nota los que defienden la “ideología de género”, que no es un fantasma creado por el Señor Arzobispo y la Conferencia Episcopal, como dijo alguien…

Tomen nota los que piensan que la Iglesia los margina por su preferencia sexual, porque nadie les puede ofrecer más comprensión, más cariño, más respeto y hasta más ayuda que la “aborrecida Iglesia Católica…

Tomen nota los candidatos de los partidos políticos para que no intenten poner a la Iglesia en el predicamento de tener que decir que algún candidato no puede recibir votos de los católicos por razones de conciencia. Conozco, sin estar seguro, por lo menos dos candidatos  a la presidencia que se vieron en apuros por enfrentar a la Iglesia. “Con la Iglesia nos encontramos, Sancho”, advertía ya en el Siglo XVI don Miguel de Cervantes…

Tomen nota los que tienen medios para decir lo que quieren en materia de afectividad y sexualidad y no soportan que la Iglesia tenga una palabra que decir…

Tomemos nota todos los que participamos en esta jornada de alegría y vida, para que no se convierta en “bla, bla, bla” y nos haga poner lo mejor de nosotros mismos por una Costa Rica más humana.

 

A todos los que con su presencia embellecieron esta marcha, Dios los bendiga, Dios les pague en bendiciones para sus familias todo el sacrificio hecho para participar.