Cuidemos nuestra casa común…

 

Monseñor José Rafael Quirós

Arzobispo de San José

 

Esta semana, Costa Rica es el punto de encuentro en el mundo, escogido por la Fundación Ratzinger, para retomar la Encíclica Laudato si del Papa Francisco y replantearnos, a dos años de su publicación, cuánto hemos acogido y puesto en práctica las propuestas de este extraordinario instrumento. Todos, como familia de Dios que somos, debemos estar dispuestos a atender e interiorizar la iluminación sobre “El cuidado de la Casa Común: una conversión necesaria a la Ecología Humana”. 

Ciertamente, el tema nos llama a todos a dar un paso hacia delante en esa conversión que implica dejar brotar todas las consecuencias de nuestro encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que nos rodea.1 

Ya San Juan Pablo II, justamente, en un tiempo de adviento nos decía: “Cuando, en los días pasados, contemplé la plaza de San Pedro desde la ventana de mi despacho, el árbol (de navidad) suscitó en mis reflexiones espirituales (…) Por desgracia, en nuestra época el árbol es también un espejo elocuente de la forma en que el hombre a veces trata el medio ambiente, la creación de Dios. Los árboles que mueren son una constatación callada de que existen personas que evidentemente no consideran un don ni la vida ni la creación, sino que sólo buscan su beneficio. Poco a poco resulta claro que donde los árboles se secan, al final el hombre sale perdiendo.”2

 Todos estamos llamados a dejar atrás la autodestrucción a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en la Tierra3 y a cimentar una conciencia universal, caminando hacia lo que el Santo Padre denomina, una Ecología Integral vivida con alegría y autenticidad4, y esta es una propuesta amplia, que abarca lo ambiental, económico y social en aras del desarrollo pleno de la humanidad.5

Nuestra Universidad Católica, Monseñor Anselmo Llorente y Lafuente, durante el tiempo precedente, ha puesto todo su empeño para que este acontecimiento, sea de mucho provecho para todos los participantes, para el ambiente académico de nuestro país y del mundo, y para nuestro caminar como Iglesia. 

Este simposio tiene una gran trascendencia a nivel global y el mismo presidente de la República, don Luis Guillermo Solís, lo ha declarado de interés público. De igual manera, el Ministerio de Educación, lo califica de interés educativo y, no es para menos, pues la cuestión del ambiente está íntimamente relacionada con otros importantes problemas sociales, pues abarca todo lo que nos rodea y todo aquello de lo que depende la vida humana. 

Este tema nos plantea la cuestión del estilo de vida fomentado por la sociedad moderna y, en particular, la cuestión del modo desigual como se distribuyen los beneficios del progreso y por ello, debemos promover una comprensión más honda del deber de trabajar por una mayor justicia y equidad, de modo que compartamos los recursos de la creación de Dios.

Que, al término del presente Simposio, nos sintamos todavía más comprometidos con el cuidado de la “casa común”, viviendo la vocación de ser protectores de la obra de Dios como parte esencial, no opcional ni secundaria, en la experiencia cristiana6 y así, con nuestras actitudes y acciones, entonemos juntos con alegría “Alabado seas, mi Señor”. 

1 Cf. Laudato si n.217

2 Alocusion de Juan Pablo II, 19 de diciembre de 1998

3 Ídem n.2

4 Ídem n.10

5 Ídem n.62

 

6 Idem, n.217

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