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Limpio de corazón

Escrito por Eco Catolico on . Posted in Opinion

 

Limpio de corazón

 

Pbro. Miguel Adrián Rivera S.

 

Aunque parezca extraño lo conocí con saco y corbata; elegantemente vestido llegó a confesar al retiro espiritual de jóvenes siendo yo uno de aquellos para quienes un cura no era alguien tan importante. Vestía así ese día porque mi párroco, Bernardo Leandro Marín, era presidente de la Junta Directiva del Banco Crédito Agrícola de Cartago. Después me contarían de una trayectoria aún mayor en lo pastoral que en su servicio bancario.  

Fui testigo de parte de su mejor época como sacerdote; exitoso en el modelo pastoral SINE conformando muchísimas comunidades de hermanos con sentido de Iglesia, gran cantante, extraordinario futbolista con una zurda que me deseara para mi amado Club Sport Cartaginés, pastor cercano, amable, sincero, predicador sencillo pero siempre centrado en la Palabra, amigo de todos. 

Bernardo fue uno de esos curas que nunca obstaculizaba una iniciativa parroquial; bajo este modo de liderar (a veces cuestionado) logró en mi parroquia  una memorable época de grupos parroquiales fecundos, de 200 jóvenes en un solo salón parroquial reunidos sábado a sábado, de abundantes vocaciones sacerdotales. Uno de los mejores momentos de la historia reciente de San Rafael de Oreamuno tenía como líder a un cura bonachón, sencillo, de sonrisa discreta y de mucho amor a la Iglesia. Pecado mortal no decirlo: sin sonidos de trompetas que anunciaran su caridad Bernardo nunca dejó con las manos vacías a un pobre; fui testigo silencioso de renuncias personales para dar más allá de lo que parecía razonable. Esa particular manera de ser le concedió una fama de ingenuidad que nuca se pudo quitar de encima; ¡Dios mío concédeme una fama así¡

Bernardo Leandro; así firmó el sacerdote que me hizo la carta de presentación para entrar al Seminario Introductorio en el año 1996. Fue mi pastor, mi amigo, el amigo de mi familia y el incansable centinela de mi vocación y de la vocación de mis hermanas. En mi horizonte vocacional mi referente nunca fue un cura intelectual ni letrado, fue un cura “sin gracia” (espero el lector comprenda el real y amoroso significado de esta expresión), sencillo, sin aspiraciones personales, sin aires de grandeza. Simplemente un cura bueno, muy bueno.

En el ocaso de su vida lo vi cansado, se quedaba dormido en nuestras reuniones, nos sacaba de quicio con sus ideas fijas, hasta lo contrariamos por nuestras ideas “modernas” y aún así nunca dejó de ser el Cura Bueno, el padre sonriente, el dueño del micrófono que nunca sonaba según su gusto, el que siempre cantaba con buen tono “pero sigo siendo el rey”, el que no tuvo misa con niños sin el que él siempre llamó “el himno de todas las familias, el padre Abraham”.

Él sabe que lo quise muchísimo aunque nunca se lo dije (y me arrepiento mucho de eso). Espero me haya perdonado por sacarle risas a todos imitando su voz y exagerando sus homilías. Espero me haya perdonado por no ser siempre un sacerdote bueno como él.  

Hace apenas unos días, celebrando la Santa Misa, proclamaba el texto bíblico dejando que fuera yo el primer impactado por él; de pronto una inexplicable sensación de paz llega a mi corazón y una nítida imagen del rostro del Padre Bernardo a mi mente mientras pronunciaba estas palabras: “Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios”. 

 

Gracias Padre Leandro, el Padre limpio de corazón.