El don maravilloso de la maternidad

 

Lis Chaves

Ordo Consecrationis Virginum, Diócesis de Cartago

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A las mujeres Dios nos regaló un don inigualable, que es nuestro sello y es profundamente femenino: la maternidad. No me refiero con esto a que las mujeres nacieron solo para tener hijos, lógicamente no. Me refiero a esta característica especial que todas tenemos en común y que nos transforma, porque tengamos hijos biológicos o no, la maternidad biológica o espiritual nos cambia la vida y nuestro entorno.

Solo pensar que la misión más grande e importante que Dios le ha dado a una mujer fue ser la Madre de Dios y luego la Madre de la humanidad, nos permite ver la grandeza de este tesoro dado a nosotras. 

El Papa Francisco ha llamado a las madres el “antídoto” frente al egoísmo y el individualismo y ha alertado contra la “orfandad espiritual” que ha definido como “un cáncer que silenciosamente corroe y degrada el alma”. (Msj. 50 Jornada Mundial de la Paz 2017)

Basta con ver a las madres para darse cuenta de que se olvidan de sí mismas para darse a sus hijos. El egoísmo e individualismo se transforma en el amor más puro que existe. Por eso es que el Pontífice ha insistido en que “las sociedades sin madre tendrían apatía y frialdad.” 

“He aprendido mucho de esas madres que teniendo a sus hijos presos, o postrados en la cama de un hospital, o sometidos por la esclavitud de la droga, con frio o calor, lluvia o sequía, no se dan por vencidas y siguen peleando para darles a ellos lo mejor. O esas madres que en los campos de refugiados, o incluso en medio de la guerra, logran abrazar y sostener sin desfallecer el sufrimiento de sus hijos”, mencionó el Papa.

Lo anterior no sólo es cierto solo de las madres biológicas. Las madres espirituales, todas aquellas mujeres que adoptan hijos en su corazón, son capaces de dar la vida por ellos. Cuántas religiosas y consagradas tenemos asistiendo a los más pobres, desposeídos, enfermos, perseguidos en zonas de guerra…todas ellas están ejerciendo su maternidad espiritual. También son madres espirituales aquellas que sostienen a los demás con su consejo, su oración, su escucha.

El Papa también dijo que “donde está la madre hay unidad, hay pertenencia de hijos”. Necesitamos por eso la maternidad de la Madre de Dios, la maternidad de la Iglesia pero también la presencia de las mujeres en todo momento, porque con su maternidad, la mujer permite esa unidad, esa ternura que es reflejo del amor de Dios que nos ama desde las entrañas, como las madres.

“Donde hay madre hay ternura” destacó también el Papa. Podríamos decir entonces donde está la mujer está la ternura porque con ella está la maternidad. Es muy importante apoyar el desarrollo de la mujer en todos los ámbitos de la vida. Esto aplica entre nosotras mismas que podemos entender mejor nuestros desafíos y nuestras luchas, debemos tendernos la mano para apoyarnos mutuamente.

“La Iglesia sin la maternidad es una asociación rígida, sin calor humano, huérfana” (Papa Francisco, homilía: 15 set. 2015) Esta frase es una lanza al corazón de todos porque todos queremos una Iglesia que sea un hogar sin rigidez, donde se sonría, haya paz, confianza, ternura, acogida. “Sin las madres, no sólo no habría nuevos fieles, sino que la fe perdería buena parte de su calor sencillo y profundo” (Papa Francisco, Audiencia Gral. 7 enero 2015).

Sirva también esta columna para rendir homenaje a todas las madres biológicas y espirituales porque el día de la madre es toda la vida, cada minuto, en que damos gracias a Dios por el don maravilloso de la maternidad.