“Mi vida sacerdotal ha sido una bendición”


María Estela Monterrosa S.

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El Pbro. Juan Miguel Castro es uno de esos pocos hombres que desde niño sabía que quería ser sacerdote y hasta hoy, afirmó, no ha tenido dudas.

Recuerda con precisión que a los 8 años nació su inquietud al sacerdocio y nunca se apagó. “Tengo un tío sacerdote, Eladio Rojas Sancho, él ha sido un verdadero testimonio, fue mi motivación al verlo en su entrega, su generosidad y su alegría”, recordó. 

Juan Miguel deseaba servir como monaguillo, lo que logró tan pronto hizo la Primera Comunión. “Yo estaba siempre cerca de los sacerdotes. Me alegraba estar con ellos”, dijo.

Durante su época de colegio, mantuvo la certeza de convertirse en presbítero algún día. “Era muy tranquilo, nunca andaba en fiestas, mis compañeros no me molestaban por querer ser sacerdote”, afirmó.

Con esa convicción a los 17 años participó en encuentros vocacionales, pero como no tenía la edad para ingresar al Seminario esperó un año más, en ese período pasó cuatro meses con su tío. “Fue una motivación servir en su parroquia en las Juntas de Abangares”, comentó.

Al cumplir los 18 pudo ingresar al seminario. “Fue una etapa lindísima. Los formadores decían ‘el seminarista que no tiene crisis, hay que dudar de la vocación’, entonces cuando preguntaban yo decía que sí tenía; pero la verdad yo nunca tuve crisis. Nunca fue carga, lo disfruté mucho”, recordó. 

Finalizada la etapa del seminario, dio el paso al diaconado “con mucha alegría”, lo mismo que al sacerdocio.

“Mis papás me dieron motivación y un apoyo total. Mis papás son muy religiosos y han sido modelo, me enseñaron el camino para acercarme a Dios, a rezar, a ir a misa, me inculcaron valores morales, espirituales, humanos. Igualmente, mis tres hermanos”, aseveró.

Juan Miguel es oriundo de Concepción de Naranjo, estudió en el Seminario por la Diócesis de Alajuela, siendo obispo Mons. José Rafael Barquero. Para entonces, muchas de las comunidades que hoy son parte de la Diócesis de Ciudad Quesada eran de Alajuela.

Al ordenarse, el Padre Juan Miguel fue enviado a Pital, luego a Ciudad Quesada y a La Fortuna, allí se encontraba cuando se creó la nueva diócesis en 1995.

En ese momento, él podía elegir seguir en la Diócesis de Alajuela o integrarse a la de Ciudad Quesada. “Me quedé porque me gustaba”, dijo. Con la llegada Mons. Ángel Sancasimiro fue enviado a la Catedral San Carlos Borromeo, donde fue párroco durante 19 años.

Hace tres años llegó a la comunidad de Aguas Zarcas y allí espera celebrar los 27 años de sacerdocio, el próximo 1º de diciembre.

 

Ofrecer el perdón y la misericordia

El Padre. Juan Miguel afirmó que disfruta “todo del ministerio sacerdotal”, pero admitió que pasa la mayor parte del tiempo atendiendo a la gente en confesión y en dirección espiritual. Labor a la que ha dedicado hasta 8 horas diarias. “Eso me encanta”, recalcó. 

“Disfruto celebrar la Eucaristía y visitar las comunidades”, agregó. Tareas que cultiva en Aguas Zarcas, porque la parroquia tiene 23 filiales y ha tenido que celebrar hasta 6 misas en un domingo.

“La vida sacerdotal ha sido muy linda, he procurado amar el ministerio. He procurado cada día buscar más la fidelidad, la forma de entregarme mejor, acercarme más a la gente”, dijo.

También habló de su devoción a Jesús Eucaristía. “En la casa cural tenemos el Santísimo. Todos los días hago Adoración Eucarística. Cuando paso tiempo frente a Él siento un descanso total, me da ánimo y fortaleza. Desde el Seminario ha sido mi fortaleza, así como el amor a la Virgen Santísima”.

El Padre Juan Miguel es conocido por su humildad y resume su experiencia de esta manera: “Mi vida sacerdotal la he disfrutado mucho, ha sido una bendición de Dios todo lo que he vivido y le pido a Dios que me ayude a consagrarme de la mejor manera”.

De su ordenación al momento actual, comentó, las cosas han cambiado mucho para el clero y la Iglesia. “Ahora es un bombardeo terrible, hay personas que quieren quitar a Dios del centro. El sacerdote no es visto como la persona que lleva a Dios”.

Aunque -recalcó- la gente todavía cree y el bombardeo es externo. “Ante eso, si uno no está muy unido a Dios fácilmente se puede desanimar. Hay que estar en la oración profunda para enfrentar estos retos del mundo”.

Añadió que las personas siguen teniendo la necesidad de alguien que les escuche, les anime a seguir adelante y les trasmita fe y esperanza.