¿Es sostenible la reducción de la pobreza?

 

Toda reducción de la pobreza es buena, por eso muchos han celebrado la disminución de 0,5% en la pobreza y 0,6% en la pobreza extrema revelada recientemente; pero ¿la estrategia es sostenible para salir del 20% histórico de pobres en el país?


Ma. Estela Monterrosa S.

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Hay en Costa Rica 86.663 hogares donde se vive con un ingreso que a duras penas iguala el costo de la canasta básica alimentaria o no da ni para eso. Son los hogares en pobreza extrema.

Estas familias tienen ingresos por persona iguales o menores a ¢49.147 en la zona urbana o ¢40.921 en la zona rural.

La buena noticia es que son muchos menos que el año anterior, porque 8.341 hogares lograron superar esa línea. La reducción en la pobreza extrema ha sido sostenida en los últimos años. De 2016 a 2017 descendió de 6,3% a 5,7%. En la zona rural ha alcanzado el porcentaje más bajo en los últimos siete años (7,9%) y en el área urbana el menor en los últimos seis años (4,8%), según lo reveló la Encuesta Nacional de Hogares publicada el 26 de octubre por el Instituto Nacional de Estadística y Censos, INEC.

Para el Pbro. Edwin Aguiluz Milla, secretario ejecutivo de la Pastoral Social- Cáritas Nacional, también es importante observar lo que ocurre en las regiones de planificación:

“Es positivo que desde julio del 2015 la reducción de la pobreza total en las dos regiones anteriormente con mayor rezago, a saber, la Chorotega y la Brunca, sea bastante significativa. La Chorotega pasó de ser la segunda más pobre en el 2014 a la segunda menos pobre en el presente año. También se ha reducido en las regiones Central y Huetar Caribe”.

Por otra parte, llamó la atención en el sentido de que la región Huetar Norte se mantiene prácticamente igual al indicador del 2015 y que en la región Pacífico Central la pobreza creció dos y medio puntos, convirtiéndose en la región con mayor incidencia de pobreza en el país.

Además de la medición por ingresos, la encuesta hace una medición llamada Índice de Pobreza Multidimensional que contempla las dimensiones de educación, salud, vivienda, trabajo y protección social; estas dimensiones involucran 19 indicadores. Para que un hogar sea considerado pobre por este método, debe tener privación en al menos cuatro indicadores.

El porcentaje de hogares pobres por IPM es de 18,8 % a nivel nacional (286.852 hogares), para la zona urbana la incidencia es de 14,1% y en la zona rural el nivel de pobreza multidimensional alcanzó el 31,4%. En esta medición también se mantiene la tendencia a la baja desde el 2014 cuando alcanzaba el 21,7% a nivel nacional.

 

¿Se podrá sostener la disminución?

La encuesta reveló que en los hogares más pobres -I quintil- las transferencias y becas representan el 20% de su ingreso. Eso puede haber incidido en la reducción de la pobreza extrema. Surge entonces la pregunta si podrá sostenerse en el tiempo.

En opinión del Pbro. Aguiluz Milla, “desde el punto de vista de una sociedad solidaria y, coherentemente, de un Estado solidario, mientras no se resuelvan los problemas de pobreza extrema, inevitablemente debe haber transferencias que impidan que la población en tal situación pase hambre”.

La sostenibilidad de esta asistencia en el futuro depende de dos factores, dijo, “el primero es la política fiscal, específicamente, del propósito de reducir el déficit, pero por combate de la defraudación fiscal, la mejora de la recaudación y la racionalización del gasto público, y no por recorte de la inversión social”. 

El segundo es la voluntad política, afirmó, y esta no incluye solamente querer hacerlo, sino una estrategia que combine la identificación de las personas y zonas en situación de pobreza extrema, eliminar la desviación de recursos hacia personas no pobres, la articulación de todos los programas sociales e incentivar a la sociedad civil a involucrarse en la respuesta a la extrema pobreza.

“Lo que sí no puede ser sostenible ni deseable es que la pobreza, tanto total como extrema, se reduzca o no crezca por un peso desproporcionado de transferencias, tanto estatales como privadas. Estas solo son justificables en los casos en las que las personas, por condiciones insuperables, no puedan salir adelante logrando mejorar sustancialmente su ingreso salarial”, agregó.

¿Por qué no se logra una reducción más drástica?

La encuesta mostró que, según la medición por ingresos, actualmente en Costa Rica hay 305.000 hogares en condición de pobreza (20%), eso es un poco más de un millón de personas; esa cifra también bajó, aunque poco, ya que en el 2016 fue de 20,5%.

“Lo que tenemos claro es que el modelo socioeconómico que se ha consolidado durante más de tres décadas es estructuralmente incapaz de reducir drásticamente esa cifra”, afirmó el Pbro. Aguiluz.

En su opinión, las administraciones de las últimas décadas no han logrado una reducción drástica de la pobreza porque “no ha habido una política integral de combate de la pobreza, y este no solamente depende de una política social, sino de una política de desarrollo humano integral”.

Agregó también que, en algunos momentos, no ha habido una verdadera política social. “Los programas sociales han sido más bien compensatorios, es decir, han estado orientados a mitigar los efectos de un modelo económico concentrador de riqueza”. 

Además, afirmó que ha habido momentos de una dispersión de programas sociales y filtraciones, es decir, esos recursos sociales se han entregado a personas no pobres.

 

¿Qué deberíamos hacer diferente?

De acuerdo con el sacerdote, estudioso de los temas sociales, “la mejor política social es una política económica que estimule la solidaridad en los sectores productivos”. En este sentido, agregó, lo que ha faltado es una estrategia de desarrollo que articule sistemática y simultáneamente ciertos ejes para combatir la pobreza como la generación de empleo y la creación de mejores condiciones para la empleabilidad.

Además, destacó la importancia de promover la Economía Social Solidaria y, para esto, crear una Banca de Desarrollo verdaderamente accesible para los sectores más vulnerables; la promoción de mercados solidarios y de encadenamientos productivos y comerciales solidarios.

Otros ejes que considera necesarios son la facilitación para el paso del empleo informal a la formalidad y la universalización del acceso a la vivienda, la educación, la salud y las tecnologías de la información y la comunicación para los sectores con mayor rezago en los índices de desarrollo humano, entre otros.

 

El sacerdote enfatizó que hacer frente a la pobreza no es competencia solamente del Estado. “Los sectores productivos deben asumir su responsabilidad social, no solo ni necesariamente con transferencias, sino entendiendo esa responsabilidad como la inversión en procesos económicos solidarios como encadenarse con los sectores sociales de la economía y con la producción nacional, y creando empleo, aun cuando las inversiones para hacerlo no generen utilidades enormes”.