El genio femenino beneficia a toda la sociedad

 

Lis Chaves

Ordo Consecrationis Virginum, Diócesis de Cartago

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Nuestros últimos tres Papas han hecho referencia a un tal “genio femenino”, especialmente San Juan Pablo II en la carta apostólica “Mulieris Dignitatem”. ¿De qué se trata este término? ¿Todas las mujeres lo tenemos? 

Empecemos por decir que como todo lo bueno que existe, el “genio femenino” es un conjunto de dones que Dios Trinidad ha dado a todas las mujeres para que puedan realizar su vocación. Estos dones contienen esas características propias de la mujer que le permiten generar vida y crear armonía. Toda mujer lleva consigo este genio en su vida cotidiana.

San Juan Pablo II pone de ejemplo a la Santísima Virgen María, la criatura perfecta y por tanto el modelo a copiar por todas las demás mujeres. Para él, María es la mujer que encarna perfectamente el “genio femenino”.

¿Dónde vemos entonces el “genio femenino” en María Santísima? María fue dotada de altísimos dones y gracias para poder ser la Madre de Dios y de la humanidad y sin embargo, su grandeza estuvo en la humildad para saber que Dios era el artífice de todo y ella era solo una sierva, un instrumento en manos del Altísimo. Supo ver más allá para darse cuenta de que en el plan de salvación de Dios ella no era la luz sino el medio para traer la luz; reconoció que su papel era estar abierta a los planes de Dios como colaboradora y se donó plenamente a su voluntad con todo su ser y sus cualidades femeninas. 

En  el  momento  en que nosotras reconocemos nuestra dignidad como hijas de Dios, creadas a su imagen y semejanza y encontramos nuestra vocación en la donación a Dios y a los demás, estamos activando nuestro “genio femenino” para comprender nuestra función en la sociedad y en la Iglesia. Como mencionó el Papa Francisco en el XXIX Congreso Italiano Femenino, el 25 enero 2014, “las dotes de delicadeza, peculiar sensibilidad y ternura, del que es rica el alma femenina, representan no solo una fuerza genuina para la vida de las familias, para la irradiación de un clima de serenidad y de armonía, sino una realidad sin la cual la vocación humana sería irrealizable. 

El Papa Francisco ha insistido en que es necesario realizar una teología profunda de la mujer y que ese “genio femenino” esté en los lugares donde se toman decisiones importantes. “Asimismo ha recordado sus palabras de la Evangelii gaudium señalando la indispensable aportación de la mujer en la sociedad, en particular con su sensibilidad e intuición hacia el otro, el débil, el indefenso…También ha manifestado el Santo Padre que se alegra al ver muchas mujeres compartir algunas responsabilidades pastorales con los sacerdotes en el acompañamiento de personas, familias y grupos, como en la reflexión teológica” (XXIX Congreso Italiano Femenino, 25 enero 2014) 

Lo anterior nos lleva a reflexionar sobre la importancia de que no falte el aporte femenino en todos los ámbitos de la vida y sobre todo en nuestra Iglesia, no como mujeres que quieren sustituir a los hombres o tomar sus funciones sino al contrario, poniendo nuestro “genio femenino” al servicio de todos los demás.

 

En una carta del año 2015 enviada a los participantes de un Congreso Internacional sobre el papel de la mujer en la agenda de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, el Santo Padre nos indicó los beneficios que obtendremos al potenciar este “genio femenino”: “Haréis emerger los dones inconmensurables con los que Dios ha enriquecido a la mujer, haciéndola capaz de comprensión y de diálogo para conciliar conflictos grandes y pequeños, de sensibilidad para sanar las heridas y cuidar cada vida, también a nivel social, y de misericordia y ternura para tener unidas a las personas. Estos aspectos forman parte de ese “genio femenino” que es necesario que se manifieste plenamente, en beneficio de toda la sociedad”.

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