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Iglesia se moviliza para atender a damnificados

Escrito por Eco Catolico on . Posted in Gran tema

 

Iglesia se moviliza para atender a damnificados

 

Parroquias abrieron sus puertas para acoger a las familias que lo perdieron todo. Colecta nacional se depositará en el Fondo de Emergencias.


Martín Rodríguez González

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La emergencia que vivió el país la semana pasada por los efectos de la tormenta tropical Nate dejó una estela de daños que el país tardará mucho tiempo en recuperar. La Iglesia Católica, desde la Conferencia Episcopal, diócesis y parroquias se moviliza para tender una mano a los miles de damnificados.

“La emergencia nacional provocada por la Tormenta Tropical es de dimensiones más grandes de lo que inicialmente se pensó. Los daños en infraestructura, producción agropecuaria y otras actividades económicas, así como en vivienda y enseres domésticos son indudablemente devastadores”, afirmaron los obispos en un comunicado, agregando su preocupación porque  “el impacto de este tipo de desastres incrementa la pobreza de los sectores socioeconómicamente más vulnerables de nuestra población”. 

La solidaridad de los católicos se expresó de este modo en una colecta nacional en todas las iglesias, parroquias y filiales, dinero que por normativa jurídica será depositado en el Fondo Nacional de Emergencias.

Igualmente, motivaron para que se facilitara el uso de los salones parroquiales para la atención de las personas afectadas.

Dicha indicación fue puesta en marcha en comunidades como Palmares y San Ramón en Alajuela, y Quepos en Puntarenas, donde la parroquia local albergó a los 27 ancianos del hogar de la comunidad. 

En la diócesis porteña,  las comunidades parroquiales más afectadas son Quepos, Parrita en sus dos sectores: San José y San Antonio, así como Miramar y Santa Elena.

Según indicó el Vicario General Pbro. Luis Carlos Aguilar, la diócesis se ha dedicado a brindar a las personas asistencia humanitaria en coordinación con los comités locales de emergencia.

El mayor daño se ha producido en la infraestructura vial y se han utilizado salones parroquiales para acoger a los damnificados. El Vicario resaltó además el trabajo de la Pastoral Juvenil recolectando alimentos.

Igual sucedió en La Diócesis de Tilarán-Liberia, donde en Cañas el Comité Local de Emergencias y las comunidades parroquiales Nuestra Señora del Carmen, Barrio Unión, y San Gerardo María Mayela (Bebedero) se organizaron para la atención de los damnificados. Entre jueves 5 de octubre y viernes 6, se entregaron 6.434 raciones de alimentos (desayunos, almuerzos y cenas), a quienes se les dio desayuno, almuerzo y cena

En estas comunidades, como en Bagaces con su cocina parroquial, voluntarios de la parroquia cocinaron para las personas albergadas.

Personalmente, junto al Padre Luis Gardenio y los responsables de la Pastoral Social, el obispo Mons. Manuel Eugenio Salazar visitó las comunidades afectadas y trasladó desde San José donaciones para las familias que lo perdieron todo.

“Hoy visité a las personas refugiadas en escuelas públicas en Cañas para hablar y conocer más sobre su situación, además de motivar a nuestros cuerpos parroquiales que están colaborando. Aquí no importa el credo religioso, tampoco su condición socio-económica, son seres humanos que ruegan por oración, ayuda en alimentación y abrigo seco para vestir”, manifestó el obispo el sábado 7 de octubre.

En otro de sus mensajes, recordó que ante la emergencia lo primero es tener claro que “no es que Dios usa la naturaleza para castigarnos porque Dios es uno de amor, de bondad y misericordia. Lamentó que muchas veces hay familias que por circunstancias socioeconómicas se ven obligados a construir su casa cerca de un río, y expresó que esta es una oportunidad para ser solidarios entre todos, como hijos de Dios.

“Que surja del corazón del costarricense ese sentido antiguo de hermandad de que el mal de uno sea el del otro, y todos según las autoridades civiles y eclesiásticas canalicemos nuestras ayudas a los damnificados, dijo.

Tanto Mons. Salazar como el coordinador y la secretaria de Pastoral Social diocesana, José Eduardo Hernandez y Diana Chéves respectivamente, comentaron que hubo retrasos en la ayuda de la Comisión Nacional de Emergencias (CNE) y que los alimentos que se cocinaban en los albergues era gracias a las donaciones hechas a través de las parroquias o de personas que llegaban directamente a dejarlas.

Aun el martes 10 de octubre, Hernandez mencionaba que había comunidades de Cañas donde la comida era poca para la cantidad de personas.

En la Arquidiócesis de San José, parroquias como Dulce Nombre de Jesús en Mercedes Sur de Heredia recolectaron víveres, al igual que jóvenes de la Parroquia de San Diego en La Unión. En Acosta y Aserrí las instalaciones de la Iglesia sirvieron para valorar a los pacientes del Área de Salud que fue desalojada por un incendio en sus inmediaciones, mientras el Padre Sergio Valverde y los miembros de la Asociación Obras del Espíritu Santo visitaron a familias afectadas de la capital a quienes llevaron café y alimentos.

En Ciudad Quesada el Colegio Diocesano hizo lo propio, siguiendo el consejo de Monseñor José Manuel Garita, quien calificó de dolorosa y lamentable la pérdida de vidas humanas, y llamó a dar testimonio de la solidaridad y el gran corazón de los costarricenses con los hermanos necesitados.

Mientras tanto en Cartago, los jóvenes de los grupos de Pastoral Juvenil y la Juventud Franciscana recolectaron donativos, sumando esfuerzos a la pastoral social diocesana y las parroquias. Monseñor Mario Quirós ofreció una palabra de solidaridad con los hermanos que sufrieron los embates de la naturaleza y llamó a la solidaridad por medio de la colecta nacional.

En el Sur del país, tan golpeado por la tormenta tropical, las parroquias abrieron sus puertas a los damnificados, y personalmente Monseñor Fray Gabriel Enrique Montero visitó los albergues y algunos de los puntos más críticos, como La Palma y General Viejo, donde la fuerza del agua arrasó los puentes de la comunidad.

“Quise estar aquí y conocer las cosas de cerca, muy impresionante la visita a los albergues por la gente que sufre y que han tenido que salir de sus casas, pero impresionante también porque gracias a Dios están muy bien, hay mucha generosidad, voluntarios ayudando a cocinar, hemos encontrado muy buena organización y mucha disposición a ayudar. Están viviendo la Providencia de Dios de un modo muy cercano. Sobre los pasos cortados, el daño es enorme, el agua arrancó los puentes y dejó incomunicada a muchas personas. Ahora hay que hacerle frente a todo, esperar la eficacia del Gobierno y las instituciones, y la generosidad de naciones que nos quieran ayudar para reconstruir el país, porque es mucha la destrucción”, dijo el obispo en reseña publicada por Radio Sinaí.

Al cierre de esta edición, se mantenían 7.700 personas en 135 albergues de las regiones más afectadas. En total se contabilizaban 499 afectaciones en 117 rutas nacionales, 437 daños en carretera, 42 en puentes y 20 en alcantarillas. Un total de  40 puntos mantenían el paso cerrado.

En cuanto a la ayuda, la Comisión Nacional de Emergencias reportaba 65 toneladas de alimentos, medicinas y suministros entregados a las comunidades afectadas mediante un puente aéreo y funcionarios de Acueductos y Alcantarillados, así como del ICE y las demás empresas de energía eléctrica trabajaban para restablecer el agua y la electricidad en los pueblos que fueron más golpeados, entre otras acciones.