El Orden de las Vírgenes Consagradas: guía rápida

 

Lis Chaves

OCV, Diócesis de Cartago

 

A pesar de haber sido la primera vocación de la vida consagrada femenina en la historia de la Iglesia y de haber sido rescatada por el Concilio Vaticano II, el Orden de las Vírgenes Consagradas u Ordo Consecrationis Virginum (OCV) aparece hoy como una novedad curiosa que no se ha logrado comprender en su totalidad y que se confunde con una vocación que pareciera muy “light” por el simple hecho de que las consagradas permanecen en el mundo.

Se trata de una vocación tan antigua como nuestra Iglesia, las primeras vírgenes consagradas surgieron de la predicación de los apóstoles, el rito de consagración se estableció en el Siglo IV y con pocas modificaciones, es el rito que se utiliza hoy para las consagraciones. Al OCV le anteceden cientos de mujeres que derramaron su sangre por Cristo y su obra redentora, baste pensar en las mártires más conocidas: Cecilia, Inés, Lucía y otras miles. Ser virgen consagrada en los primeros siglos de la Iglesia equivalía al martirio de sangre y hoy el martirio de las actuales vírgenes consagradas es la burla, la incomprensión, la intolerancia a su forma de vida.

Ante la desinformación que existe y luego de dedicar ocho años al estudio profundo de esta vocación, brindo esta guía rápida para comprender el OCV en 5 puntos que sean fáciles de recordar y que podamos compartir para ayudar a otros a entender esta maravillosa vocación. Como ha dicho una hermana nuestra en España, Gloria Irene Álvaro “si el Espíritu Santo ha querido suscitar esta forma de vida consagrada en este tiempo es porque este tiempo lo necesita”. 

1.El OCV se trata de una boda mística con Cristo y punto. Es una consagración personal, un llamado individual donde Dios llama a su amada a ser su Esposa para unirla a Él y a su plan salvador como unió a su Santísima Madre. No se entra a pertenecer a ningún grupo o comunidad. La palabra “Orden” significa que es solo una categoría que las distingue en la Iglesia. 

2.El OCV solo tiene un superior: el Obispo Diocesano. No existen coordinadoras, supervisoras, superioras. Ni siquiera un sacerdote asesor puede tomar el rol del obispo porque debe existir un lazo espiritual directo entre el Obispo y la Virgen Consagrada. El obispo la consagra a Dios en todo su ser y ella se compromete a vivir en oración por su Obispo y por la Iglesia.

3.La misión de la Virgen Consagrada es la oración. Toda misión personal que Dios le pida es adicional a su tarea primaria. Por ello se le llama una contemplativa en el mundo. Ella no está obligada a determinadas tareas o servicios parroquiales pues primero está su trabajo del cual depende y la misión que Dios Trinidad le inspire dentro de la Iglesia. Ella puede aceptar un trabajo eclesial si el obispo se lo pide y si no impide su trabajo profesional pues no viven de la Iglesia excepto en casos particulares.

4.La Virgen Consagrada vive en el mundo. Una Virgen Consagrada no es una religiosa, es una seglar consagrada que tiene un trabajo civil, vive con su familia y es luz en lugares donde a veces la Iglesia no puede llegar ni siquiera con sacerdotes y religiosas: hablamos de fábricas, bancos, instituciones gubernamentales, hospitales, entre otras.

5.La Virgen Consagrada es libre: libre de estructuras, libre de superiores, libre de constituciones porque el Espíritu Santo la necesita en libertad para enviarla con todos sus carismas a donde el Señor más la necesite. Ellas cuentan con su propia regla de vida aprobada por su Director Espiritual y con el discernimiento del obispo, el cual como padre de la diócesis, comprende esta misión especial que realizan sus hijas en favor de la Iglesia

 

Finalmente, cabe destacar que es María, la Madre de Dios, la primera en inaugurar esta vocación, la única realmente Virgen en todo su ser y la que guía, dirige y protege a todas las mujeres que siguen sus pasos y abrazan a su Hijo en esta vocación profundamente mística y espiritual. A Ella encomendamos esta vocación que viene en aumento para que al igual que en los primeros siglos, sean verdaderos testimonios de santidad, alegría y comunión en una sociedad cada vez más alejada de Dios y más cargada de antivalores.