Actuaciones inapropiadas de la Caja Costarricense del Seguro Social

 

Comunicado de la Comisión Nacional de Pastoral Familiar de la CECOR


La Iglesia en su Carta a los Derechos de la Familia, mantiene su doctrina que afirma que “la familia, sociedad natural, existe antes que el Estado o cualquier otra comunidad, y posee unos derechos propios que son inalienables; ella constituye una comunidad de amor y de solidaridad, insustituible para la enseñanza y transmisión de los valores culturales, éticos, sociales, espirituales y religiosos, esenciales para el desarrollo y bienestar de sus propios miembros y de la sociedad. Como son los padres los que les dan la vida a sus hijos, estos tienen  el derecho de ser reconocidos como los primeros y principales educadores de sus hijos. (Cfr. CDF Artículo 5). Este reconocimiento debe ser particularmente respetado cuando se trata de la educación sexual, la cual siempre debe realizarse bajo su dirección solícita… (Cfr. FC 37)

Recientemente diferentes medios de comunicación han informado sobre la disposición de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) de ofrecer el anticonceptivo conocido como “implante subdérmico” a la población femenina, desde los diez años de edad hasta los doce con consentimiento de los padres. Y de los doce años en adelante para la consulta y colocación de tal anticonceptivo la interesada puede acudir al centro de salud sola, sin la compañía de sus padres o encargados. Ante tal situación queremos expresar, con todo respeto, que consideramos inapropiadas estas actuaciones de la CCSS porque:

1. Estos tipos de procedimientos clínicos, que tienen como único interés el evitar embarazos no deseados, promueven la sexualidad humana como algo puramente biológico sin tomar en cuenta el núcleo íntimo de la persona. El uso de la sexualidad como donación física tiene su verdad y alcanza su pleno significado cuando es expresión de la donación personal del hombre y de la mujer en el matrimonio. (Cfr. Sexualidad humana: verdad y significado Sexualidad humana: verdad y significado #3). “No se nos puede eximir de ofrecer sobre todo a los adolescentes y a los jóvenes la auténtica educación de la sexualidad y del amor, una educación que implica la formación de la castidad, como virtud que favorece la madurez de la persona y la capacita para respetar el significado “esponsal” del cuerpo. (EV 97)

2. Violenta el derecho de los padres de familia de educar a sus hijos en el contexto de la vida familiar, tal y como lo dicta la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo 26, parágrafo 3: “Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos.” Este derecho-deber natural de los padres de familia de ser quienes escojan la educación que desean para sus hijos también está amparado  por  la Convención  Americana sobre  Derechos Humanos: Los padres, y en su caso los tutores, tienen derecho a que sus hijos o pupilos reciban la educación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones.” (Artículo 12. 4). En la misma dirección podemos citar otros acuerdos del Derecho Internacional como el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (Artículo 18.4)

3. Al faltar al mencionado derecho-deber de los padres a la educación de sus hijos, también se está lesionando el deber del Estado de proteger la institución familiar tal y como se determina en el artículo 51 de nuestra Constitución Política que indica: “La familia, como elemento natural y fundamento de la sociedad, tiene derecho a la protección especial del Estado. Igualmente tendrán derecho a esa protección la madre, el niño, el anciano y el enfermo desvalido”. 

4. Dado que una persona menor de edad no cuenta con la suficiente madurez humana para asumir con responsabilidad su propia vida afectiva, tanto es así que no se le permite matrimonio antes de la mayoría de edad, se está violando la Convención sobre los Derechos del Niño que, en su artículo 7, prevé que las personas menores de edad deben contar con el cuidado de sus progenitores, en concordancia con el artículo 14.2 que indica que “Los Estados Partes respetarán los derechos y deberes de los padres y, en su caso, de los representantes legales, de guiar al niño en el ejercicio de su derecho de modo conforme a la evolución de sus facultades”. El Papa Francisco, siguiendo al Concilio Vaticano II, nos recuerda la necesidad de una positiva y prudente educación sexual que llegue a los niños y adolescentes, conforme avanza su edad y teniendo en cuenta el progreso de la psicología, la pedagogía y la didáctica (AL 301) 

5. Pretender abordar al problema de los embarazos prematuros de las adolescentes, fruto de incestos, violaciones o relaciones impropias, a través del “implante subdérmico” u otros tipos de anticonceptivos, más que sanar el problema es exponer aún más a las niñas y adolescentes víctimas de tales crímenes a sus victimarios.

6. El “implante subdérmico” u otros tipos de anticonceptivos aplicados a niñas adolescentes sin la debida educación sexual, según los valores morales y religiosos de sus familias, las puede someter a experiencias sexo-genitales y sentimentales que marcarán negativamente su vida afectiva posiblemente para el resto de sus vidas porque de alguna manera se está abriendo el camino al vicio desde los años de la inocencia” (FC 37)

Instamos a los padres a rechazar todo tipo de educación sexual secularizada y antinatalista, normalmente promovidas por grandes organismos y asociaciones internacionales promotores del aborto, la esterilización y la contracepción y que quieren imponer un falso estilo de vida en contra de la verdad de la sexualidad humana. (Cfr. Sexualidad humana: verdad y significado Sexualidad humana: verdad y significado #136). A la vez queremos exhortar a todos los miembros de la Iglesia a colaborar, desde la parroquia,  con una  acción pastoral adecuada, para que los  padres puedan cumplir con  su misión educativa, ayudándoles a llevar esta función como verdaderos ministros porque formando a sus hijos edifican la Iglesia, y a la misma sociedad (AL 85). Suplicando al Señor, por intersección de Santa María Reina de los Ángeles y de las familias, que ampare a nuestros hogares y mantenga en ellas la alegría del amor que mantiene su naturaleza y unidad.

 

Mons. Manuel Eugenio Salazar M.

Obispo de Tilarán-Liberia

Presidente, Comisión Nacional Episcopal de Pastoral Familiar