“Esclavos de la paz siempre”

 

El Papa Francisco cumplió con su viaje apostólico a Colombia, dejando una estela de gestos y mensajes de unidad, perdón y reconciliación en este país, herido luego de medio siglo de conflicto armado.


Laura Ávila y agencias

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El Papa Francisco cumplió con su viaje apostólico a Colombia del 6 al 10 de setiembre, dejando un mensaje de unidad, perdón y reconciliación en este país, herido luego de medio siglo de conflicto armado.

El proceso de paz emprendido años atrás, inacabado, pero que va rindiendo frutos, recibió así el apoyo del Santo Padre, que pidió la paz “no con la lengua, sino con obras”, muy a tono con el lema de la visita “Demos el primer paso”.

Se estima que 3.500.000 millones de personas presenciaron la revolución pacífica del Vicario de Cristo en las misas campales en Colombia. Y millones más en el mundo a través de los medios de comunicación.

Los primeros balances de la visita, aparte de los mensajes explícitos del Santo Padre en sus encuentros y homilías, se verifica en el impacto que su paso por esta nación dejó entre los mismos colombianos, quienes hablan de una revolución de la ternura, por la variedad y la profundidad de los gestos del Papa con la gente.

“Francisco pocas veces improvisó en sus discursos (sus palabras fueron meditadas al milímetro), igualmente en cada encuentro con la gente fue auténtico y no ahorró esfuerzos para atender a cada solicitud de una bendición, una foto, un abrazo,  entre otros detalles, y sin excepción”, analiza el periodista Ary Waldir Ramos, del portal Aleteia, en una de sus crónicas finales de la visita.

 

La revolución de la ternura

Uno los momentos que no podrán olvidar los colombianos fue el encuentro con Emmanuel, el niño símbolo de la reconciliación. En representación de las víctimas, el hijo de Clara Rojas, Emmanuel, 13 años, le dio al Papa su primer obsequio en Colombia. Un niño que es símbolo de la resiliencia del pueblo colombiano ante los dramas del conflicto armado. El niño nació en el cautiverio de su mamá durado seis años, secuestrada por la guerrilla de las FARC, junto a la candidata presidencial, Ingrid Betancourt, el 23 de febrero de 2002. Rojas era asesora de la campaña presidencial de  Betancourt.

En otro gesto clave, Francisco hizo desistir a una mujer de suicidarse. Consuelo Córdoba, agredida con ácido por su expareja en 2001, contrajo una grave infección. Iba a realizarse un suicidio asistido el próximo 29 de setiembre. El dolor de Consuelo movió las entrañas del pontífice, quien apenas la vio la llamó para confortarla.  “Cuando salió me paré y él llegó y se vino a abrazarme”, contó a Caracol Colombia.

Su idea, dice, era recibir la bendición papal para morir en paz. Sin embargo, el gesto del obispo de Roma le hizo volver a amar la vida pese al sufrimiento. 16 años de calvario, “ya no quiero morir”, ahora “hay donaciones para hacerme las operaciones costosas que necesito”. Contraer una toxoplasmosis cerebral fue el golpe definitivo que le llevó a tomar una difícil decisión, morir. “Eres valiente”, le dijo el Papa que le dijo que Dios la quería. “Pensaba hacerme la eutanasia, pero no me la voy a hacer porque Dios va a traer cosas grandes para mi vida”, dijo Consuelo.

Otro momento significativo fue cuando el Papa se encontró en la nunciatura apostólica de Bogotá con ex habitantes de la calle, a quienes el Papa recordó que “el protagonista de la historia de salvación es el mendigo”.

Se refirió a mendigar a Jesús la felicidad porque él la regala. No creerse jamás autosuficientes y sobrados. Se trató de un bello testimonio de jóvenes que han estado en vulnerabilidad y que hoy tienen una nueva vida… Cantaron y bailaron para Francisco y lo llamaron a hacer parte “de su parche”, es decir, de su grupo.

Más adelante, el Papa subió al papamóvil a una mujer enferma. Los policías fueron sus ángeles guardianes. Ella enferma de cáncer dijo que soñó que tenía que tocar al Papa y su fe era tocar su manto para sanar. Los hombres de la seguridad acompañaron a la mujer hasta el vehículo. El Papa la tocó, rezó con ella y la bendijo.  “Bendiga mis objetos (en la mano una Cruz de madera y una Biblia) y a mí porque tengo cáncer”, contó la señora a la televisión colombiana.

 

Inquietudes sinceras

“A los periodistas internacionales y nacionales en más de una ocasión se les aguaron los ojos. He visto colegas curtidos conmovidos cuando implícita era la frase evangélica: “En verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí”, escribió el corresponsal de Aleteia.

En efecto, Francisco dejó a un pueblo consolado y nostálgico demostrando amar con cada gesto a todos sus hijos, especialmente a aquellos necesitados, enfermos, cansados, desplazados y deseosos de paz.

El mismo lo dijo: “No vengo a traer recetas”. Francisco reconoció que “vengo para aprender de ustedes, aprender de su fe, de su fortaleza”.  Lo hizo en la Plaza de Bolívar el 7 de setiembre. Esas palabras se transformaron en una contemplación silente y con una sonrisa del pueblo de Dios. 

Los colombianos se identificaron con las caricias, la cercanía y la escucha del Papa  Francisco. Manifiestan que la visita sirvió para impulsar un gran proceso de reconciliación nacional y nacen muchas preguntas sinceras y profundas, las más recurrentes: “¿qué puedo hacer yo por la paz de mi país?“. “¿Qué puedo hacer yo por mi prójimo que sufre? ¿qué puedo hacer yo por reconciliarme con mi hermano?”.

Esta es la revolución de la ternura que acalla la revolución de las armas, la prepotencia y el odio; donde todos son familia y nación. Precisamente, “atreverse a soñar en grande, vuelen alto…no se dejen robar la esperanza”, invitó el Papa desde la plaza de Bolívar en Bogotá. Y en Cartagena, invitó a ser “esclavos de la paz”.

 

Las palabras finales del Papa son emblemáticas e inolvidables en Cartagena: “No nos quedemos en dar el primer paso, no se queden parados, sino que sigamos caminado juntos para ir al encuentro del otro en busca de la armonía (…) Colombia, tu hermano te necesita, ve a su encuentro llevando el abrazo de la paz libre de toda violencia. Esclavos de la paz para siempre”, concluyó.

 

 

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La esperanza en América Latina tiene rostro femenino

Uno de los mensajes más comentados del Papa durante su visita a Colombia fue el que dirigió a la directiva del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), en el que abordó los desafíos de la Iglesia latinoamericana asegurando que “nuestro mayor desafío como Iglesia es hablar al hombre como portavoz de esa intimidad de Dios, que lo considera hijo, aun cuando reniegue de esa paternidad, porque para Él somos siempre hijos reencontrados”.

Constatando que Aparecida (la V Conferencia General de Episcopado Latinoamericano del 2007) es “un tesoro cuyo descubrimiento está todavía incompleto”, abordó temas particulares que son signos de esperanza en nuestro continente, entre ellos los jóvenes, las mujeres, los laicos.

En particular sobre las mujeres dijo:

“No es necesario que me alargue para hablar del rol de la mujer en nuestro continente y en nuestra Iglesia. De sus labios hemos aprendido la fe; casi con la leche de sus senos hemos adquirido los rasgos de nuestra alma mestiza y la inmunidad frente a cualquier desesperación. 

Pienso en las madres indígenas o morenas, pienso en las mujeres de la ciudad con su triple turno de trabajo, pienso en las abuelas catequistas, pienso en las consagradas y en las tan discretas artesanas del bien. Sin las mujeres la Iglesia del continente perdería la fuerza de renacer continuamente. Son las mujeres quienes con meticulosa paciencia, encienden y reencienden la llama de la fe. 

Es un serio deber comprender, respetar, valorizar, promover la fuerza eclesial y social de cuanto realizan. Acompañaron a Jesús misionero; no se retiraron del pie de la cruz; en soledad esperaron que la noche de la muerte devolviese al Señor de la vida; inundaron el mundo con el anuncio de su presencia resucitada. Si queremos una nueva y vivaz etapa de la fe en este continente, no la vamos a obtener sin las mujeres. 

Por favor, no pueden ser reducidas a siervas de nuestro recalcitrante clericalismo; ellas son, en cambio, protagonistas en la Iglesia latinoamericana; en su salir con Jesús; en

 

su perseverar, incluso en el sufrimiento de su Pueblo; en su aferrarse a la esperanza que vence a la muerte; en su alegre modo de anunciar al mundo que Cristo está vivo, y ha resucitado”.