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“El centro de mi vida es Jesucristo”

Padre Álvaro Sáenz, Parroquia Sagrado Corazón de Jesús, Heredia

Laura Ávila Chacón
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Directo, claro y honesto. Así es el Padre Álvaro Sáenz Zúñiga, actual párroco del Sagrado Corazón de Jesús en Heredia. Sin restarle palabras a su propia historia, acepta que la suya es una vocación complicada.

Complicada porque inició como seminarista en 1971 con apenas 18 años. Era entonces un joven, que, como ahora, se mantenía abierto al mundo, con un marcado carisma laical y un interés genuino por conocer siempre cosas nuevas.

Fue así que a los cinco años de formación salió “por un año o dos” para probar exactamente qué quería hacer con su vida. Esos dos años se convirtieron en 18. Para entonces, pensar en una vocación era algo imposible para todos… menos para Dios. 

Entonces vino una experiencia de conversión en 1989. Aquel camino a Damasco de 18 años terminó de golpe con una renovada inquietud vocacional, que el joven Álvaro pensaba sería sencillo de responder, pero no fue así. El Padre Girardi, más tarde Obispo de Tilarán, lo animó a explorar qué de todo aquel proceso había quedado en él. El Seminario fue muy duro y muchas veces se sintió solo. Recuerda que el Padre Oscar Fernández, quien luego llegaría a ser Obispo de Puntarenas y había sido su compañero, creyó en él y se mantuvo pendiente. Igualmente evoca con agradecimiento la cercanía de los Padres Luis Diego Sáenz y Guido Villalta. 

Entonces pocos creían en él. Hasta lo mandaron un año de experiencia de prueba y fue a Guadalupe como laico a servir. A fines del 96 recibió el diaconado y medio año después el presbiterado, el 14 de agosto de 1997, hace ya 21 años.

Mirar hacia atrás confirma dos cosas para el Padre Álvaro, primero que ciertamente tiene una vocación compleja, basta decir que los compañeros con los que inició formación cumplen 41 años de ser sacerdotes, y segundo y más importante, que el Señor ha estado siempre a su lado y lo ha guiado en la vida según su corazón misericordioso.

Luego de ordenado la historia lo ha llevado por comunidades y servicios en los que nunca imaginó estar, pero a través de los cuales ha tratado de invitar a otros a vivir ese amor que Dios ha manifestado en su vida.

Su primer amor es Guadalupe de Goicoechea donde tuvo la experiencia de conversión. Lo unen lazos muy fuertes de cariño y buenos recuerdos. “Sigue siendo mi casa”, confiesa. Ahí vivió momentos de mucha alegría junto a compañeros sacerdotes como Roy Solano, Francisco Esquivel y Quique Salas. 

Aquí, junto a Nuestra Señora de Guadalupe, comprendió mejor su vocación mariana, su amor a la Madre de Dios, quien lo acompaña y orienta, teniendo muy claro siempre que lo esencial es Jesucristo, como lo escribió en la carta a los padres formadores cuando pidió reingreso al Seminario: “He descubierto que soy cristiano y cristiano moriré, si soy sacerdote será para hacer un trabajo más fuerte”. “Esa carta la tengo guardada y la releo cada vez que debo profundizar alguna cosa pienso “cristiano soy y cristiano moriré”.

El sacerdote es servidor

Para el Padre Álvaro, ser sacerdote es ser servidor. Su talante del laicado hace que las personas lo admiren y critiquen por igual. Para él se trata de una visión esencial de la Iglesia que tiene como referente al beato Papa Pablo VI, por la claridad con la que comprendió a Jesucristo, el Evangelio y la evangelización. Para él es inolvidable el testimonio del Padre Carlos Barquero.

Hoy, con el Papa Francisco, el Padre Sáenz encuentra también muchas coincidencias, que lo hacen renovar la esperanza de una Iglesia más auténtica, menos clerical y más compenetrada con el mundo que le corresponde evangelizar.

Como tarea pendiente, asegura, hay que volver al Vaticano II y releer su espíritu para aprovechar toda la riqueza que contiene y que para muchos pasa inadvertida.

Es lo que ha puesto en práctica en parroquias como La Merced y Barrio Córdoba, esta última donde estuvo 12 años, enviado por Monseñor Hugo Barrantes.

Luego está su faceta de comunicador, “todo un baúl de maravillas”, como la describe y que le es natural y creció con su paso por la ópera y como productor de espectáculos musicales. 

Su servicio pastoral lo complementa con videos en Facebook, comentando el Evangelio, programas de radio (El Pan de la Palabra en Radio Fides, por ejemplo), y con un importante trabajo al frente del Departamento de Comunicación del Arzobispado en tiempos de Monseñor Barrantes, y como director de Radio María Costa Rica.

Recuerda los “Foros Fides” para el TLC con Estados Unidos, que fueron espacios decisivos de formación de opinión, aunque asegura que pocos lo reconocen.

Con todas estas experiencias a cuestas, el Padre Álvaro reconoce que a veces puede no ser una persona fácil, y por eso agradece el doble el cariño de la gente y su preocupación porque esté bien.

Hoy, a sus 65 años, asegura haber hecho en la vida no eclesial todo lo que había querido, en lo eclesial ahí va, gracias a decisiones que si bien no le llevaron al éxito como humanamente se entiende, lo hacen sentir en paz “y muy chineado por Dios”.