Venezuela: la Iglesia está con los que sufren

 

El Papa llama a los obispos venezolanos a seguir del lado de la gente, a no abandonarlos en su empeño por alcanzar un país más justo, a seguir trabajando por la paz y a hacer todo lo que puedan por los más vulnerables.


Laura Ávila Chacón

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A las 9:40 de la mañana, del jueves 8 de junio, fueron recibidos en audiencia por el Papa Francisco, los miembros de la Presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), encabezados por Mons. Diego Padrón, Arzobispo de Cumaná y Presidente de la CEV.

El objetivo de la comitiva fue informar personalmente al Pontífice de “la situación actual de aumento de conflictividad como consecuencia del profundo sufrimiento al que se viene sometiendo al pueblo de Venezuela y al que ahora se suma el empeño del Gobierno nacional en un proceso constituyente peligroso e innecesario y que no es la solución para los graves males que aquejan a los venezolanos”.

Tras la lectura del mensaje, el Papa tomó la palabra para expresar de forma inmediata su preocupación y dolor por lo que está pasando Venezuela. “Estoy al tanto de todo los eventos que se están produciendo en el país”. Expresó además que comparte completamente la percepción que tienen los obispos sobre la situación venezolana y aseguró al Episcopado Venezolano que contaban con todo el apoyo y la simpatía de todos los órganos de la Santa Sede. De esta manera el Papa Francisco reafirmó que en la voz de los obispos venezolanos también resonaba la suya.

 

Seguir con la gente

Francisco ratificó su apoyo a los obispos venezolanos y les invitó a seguir del lado de la gente, a no abandonarlos en su empeño por alcanzar un país más justo, a seguir trabajando por la paz y a hacer todo lo que puedan por los más vulnerables, “cuenten con mi ayuda en favor de la gente que hoy pasa hambre y necesita medicamentos”, dijo.

En la reunión, el Papa Francisco hizo saber a los 6 miembros de la presidencia de la CEV que algunos de los que sirvieron como facilitadores en el fallido intento de diálogo del último trimestre del año 2016, han insistido en Solicitar a la Santa Sede su participación en un nuevo proceso, sin embargo, la respuesta ha sido contundente: La Santa Sede, sólo tomará parte en una nueva iniciativa de diálogo, siempre y cuando el Gobierno cumpla con las cuatro condiciones ya expresadas en la Carta del Cardenal Parolín a inicios de diciembre de 2016, es decir: la apertura de un canal humanitario para hacer ingresar al país alimentos y medicamentos, la presentación de un cronograma general de elecciones, el respeto a la autonomía de la Asamblea Nacional y, la liberación de los detenidos por causas políticas.

 En el contexto de la reunión, los obispos venezolanos explicaron al Santo Padre la saña con la que están actuando los órganos de seguridad del Estado contra los jóvenes que exigen un cambio de rumbo en el país. Al entregar este informe, los obispos, hicieron la salvedad que, desde que están en Roma, el número de víctimas por la represión aumentó, atreviéndose a mostrarle al Papa Francisco la fotografía del joven Neomar Alejandro Lander Armas de 17 años, muerto por el impacto de una bomba lacrimógena. 

También se le entregó un informe de Cáritas de Venezuela sobre la grave situación en materia de salud, alimentación, inseguridad, desnutrición infantil y otros indicadores sociales que hablan de la gravedad de la crisis en la que hoy se ha sumido la población.

 

Represión cada vez más cruel

Antes de la reunión, el Cardenal Jorge Urosa, Arzobispo de Caracas, en entrevista con medios de comunicación católicos dijo que aunado a este encuentro, Francisco ya había enviado una carta en mayo pasado, en la cual los instaba a seguir con el trabajo pastoral y con el acompañamiento al pueblo.

Consultado sobre los problemas de Venezuela, Urosa dijo que se trata de una situación muy crítica en la que “la represión del Gobierno ha sido cada vez más cruel”. 

A esto se suma la existencia de grupos civiles armados, partidarios del oficialismo, que actúan apoyando al Gobierno, lo cual es absolutamente criminal.

“Es una situación sumamente grave, y por eso nosotros estamos acá para escuchar también del Papa algunas líneas de acción, y al mismo tiempo, para indicarle lo que nosotros hemos visto y el sufrimiento que está padeciendo en estos momentos el pueblo venezolano” dijo.

El purpurado consideró que las vías necesarias para superar la crisis en Venezuela, son: el desbloqueo de funciones de la Asamblea Nacional; el cumplimiento del cronograma electoral; la liberación de centenares de presos políticos; y resolver el problema del hambre, del desabastecimiento, de la falta de medicinas y de productos de primera necesidad.

Porque, aseguró, “son problemas gravísimos que el Gobierno no ha resuelto y por eso, precisamente, la gente se está manifestando en las calles y ha sido reprimida con una crueldad realmente inusitada e innecesaria”.

Ratificó además el rechazo de la Iglesia venezolana a una Asamblea Nacional Constituyente convocada por el Presidente Nicolás Maduro, porque es “espuria, parcializada, no respeta el voto universal, libre y directo de los venezolanos sino que va a hacerse de forma sectorial y con electores escogidos de forma irregular”.

Y que esta reforma a la Constitución planteada por Nicolás Maduro es un medio con el que el Gobierno intenta imponer “a una minoría que lo respalda actualmente sobre la mayoría de la población que lo está rechazando”.

 

Entendiendo la crisis

La crisis que vive actualmente Venezuela se semeja a la de los países que están siendo azotados por guerras civiles. El bipartidismo, la influencia militar, el populismo, y el mal manejo financiero, ha llevado al país sudamericano a la peor crisis económica y humanitaria, en décadas de existencia.

Para entenderla, los analistas Max Fisher y Amanda Taub del New York Times, explican la situación que atraviesa el país en el documento “El colapso de Venezuela”, con protestas opositoras todos los días, con un sistema político autoritario y con un presidente, Nicolás Maduro, bastante aislado y debilitado. 

En el pasado Venezuela fue una de las economías más ricas de América Latina, pero en el 2016 se contrajo en un 10%, incluso más que Siria. Esto ha ocasionado que el bolívar -su moneda- es ya casi una divisa sin valor y, por otra parte, la escasez de alimentos es tan aguda que tres de cada cuatro ciudadanos han adelgazado de forma involuntaria, pese a las grandes reservas de petróleo con que cuenta el país.

Los analistas consideran que el germen de la crisis es el sistema bipartidista que se instauró en Venezuela en la década de 1950, cuando los dos principales partidos políticos acordaron alternarse en el poder y repartir los ingresos petroleros entre sus electores.

Dicho sistema funcionó hasta finales de la década de 1980, pero la corrupción provocó inconformidad porque las élites escogían a los candidatos y bloqueaban a las figuras independientes, haciendo que la política respondiera menos a los intereses colectivos.

En ese contexto, apareció la figura de Hugo Chávez, militar que intentó un golpe de Estado en 1992, pero fue apresado. Su mensaje antisistema resonó entre la población y catapultó a Chávez a la fama llevándolo al triunfo en las elecciones de 1998.

En segundo lugar, Fisher y Taub ubican a la lucha del populismo contra el Estado, que se inició en 1999 con la llegada de Chávez al poder y sus medidas contra los partidos tradicionales que todavía dominaban las instituciones gubernamentales.

Chávez convocó una Asamblea Constituyente que aprobó una nueva Constitución. Algunas decisiones fueron muy populares, como las reformas judiciales que redujeron la corrupción. Esto dio pie a que la población venezolana comenzará a polarizarse en el 2001, cuando Chávez declaró enemigos de la Revolución a los miembros de los grupos empresariales y políticos que se oponían a sus decretos ejecutivos.

El tercer factor es el golpe de Estado intentado en 2002, producto de dicha polarización. Tras el golpe fallido, que lo sacó del poder por sólo 48 horas, Chávez cambió la política exterior del país y se alineó con Cuba y con los insurgentes armados colombianos, canceló licencias a medios de comunicación críticos, silenció a sindicatos hostiles y llenó el Tribunal Supremo de Justicia con sus simpatizantes.

Una cuarta causa de ésta crisis, es la apuesta por el caos urbano y los grupos armados, pues el golpe del 2002 le enseñó a Chávez que una alianza con los grupos armados conocidos como “Colectivos” podría ayudarle a controlar las calles donde el pueblo lo removió del poder”, estos según  los expertos recibieron fondos gubernamentales y armas al punto de llegar a desafiar a la policía por el control de algunas zonas. 

Por último, con la muerte de Chávez en 2013 y la asunción de Nicolás Maduro, se agudizó la crisis económica, se incrementó la inseguridad y se intensificó la polarización.

 

Maduro se aferra al poder

Actualmente, el Presidente Maduro cuenta con las armas, con los recursos del Estado y con los servicios de inteligencia a su favor, para continuar controlando la situación política y social en Venezuela. “Eso lo hace muy poderoso, a pesar del alto costo de la deslegitimación por su gestión, como por el ritmo con el que ha apretado el acelerador del autoritarismo y el desconocimiento de la autonomía de los poderes públicos”, explicó Rocío San Miguel, de la ONG Control Ciudadano.

Los pilares que sostienen a Maduro en el poder pasan por el hecho de que tiene bajo su control el Tribunal Supremo de Justicia y el Consejo Electoral. Tan solo se le escapa la opositora Asamblea Nacional, que con la ayuda de los otros dos poderes ha sido neutralizada. A esto se le suma un minoritario pero significativo apoyo popular, e incluso las divergencias que hay en la oposición que han facilitado su accionar.

Pero, más allá de esto, hay un elemento capital que simplifica las razones por las cuales Maduro no cae: el apoyo irrestricto de la Fuerza Armada Nacional (FAN).

Esto lleva a otro de los elementos que sostienen a Maduro, el de los amplios sectores que viven de la revolución o se han enriquecido con ella: los que se han beneficiado del control del tipo de cambio y la distorsión de los mercados y las divisas, y, sin ir muy lejos, las bases populares que, por seguir disfrutando de beneficios o por la nostalgia de tiempos mejores del chavismo, continúan fieles a Maduro. 

Y a este rosario de razones se le suma que Maduro tiene a su favor el calendario electoral, al menos en lo que tiene que ver con las presidenciales. 

Están pendientes las de gobernadores y alcaldes, pero las de jefe de Estado deben llevarse a cabo en diciembre del 2018. No es que en condiciones normales y democráticas Maduro aspire a ganar, porque las estimaciones indican que la economía va a empeorar, pero ha dado signos de que va a concentrarse en moldear una oposición a su medida para ganar por la mínima diferencia o controlar los riesgos del triunfo de un líder opositor fuerte.

Ya tiene en la cárcel a Leopoldo López, inhabilitados a Henrique Capriles y María Corina Machado y detenido en casa a Antonio Ledezma.

Otro elemento imprescindible y que es otro de los pilares que sostienen a Maduro es la llamada “hegemonía comunicacional”. Mientras miles de personas se enfrentaban con la policía en las calles, en los canales de TV pasaban telenovelas. La censura o autocensura por supervivencia, las trabas a la prensa crítica en la compra de papel o la salida del aire de varias cadenas de TV nacional e internacional han minado las posibilidades de formar una opinión pública diferente al mensaje oficialista. 

A esto se le suma, que la repartición de comida se ha convertido en un factor de control social por parte de los militares porque la gente está frente a un dilema: salir a protestar o hacer fila por los alimentos. Ante ese panorama, la articulación de las recientes protestas se ha tenido que hacer a través de internet o del voz a voz.