Iglesia levanta la voz ante explotación de menores

 

Laura Ávila Chacón

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Las autoridades de nuestro país dieron a conocer la desarticulación de una organización criminal dedicada a la producción y difusión de pornografía infantil con menores de 11 a 17 años.

Las imágenes de las menores circularon por Internet a costos de entre $500 y $5 mil, supuestamente con autorización de sus papás, ya que se les engañaba con la mampara de una agencia de modelaje.

Por estos hechos cinco sujetos fueron capturados por el Organismo de Investigación Judicial. Según indicó Walter Espinoza, director de la institución, “estas personas utilizaban como mampara una agencia de modelaje ubicada en el centro de San José, a donde citaban a las jovencitas con el pretexto de un presunto concurso. Cuando las víctimas llegaban al lugar acordado eran abordadas por los sujetos, quienes las presionaban y hasta amenazaban para que accedieran a sostener relaciones sexuales o tomarse fotografías de naturaleza sexual, y esos materiales eran negociados en otros países”.

El hecho, que se une a otro caso detectado en Desamparados recientemente en contra de una menor de edad, despertó la indignación de dos obispos, que catalogan la situación como un acto vergonzoso e indigno y como un crimen, pues se trata de una verdadera explotación de personas vulnerables e indefensas como lo son los menores de edad.

Así lo expresaron Fray Gabriel Enrique Montero, Obispo de San Isidro de El General y Monseñor José Manuel Garita, Obispo de Ciudad Quesada.

 

Consumidores sin escrúpulos

Para Fray Enrique, el hecho obedece a múltiples causas entre las que cita la banalización y comercialización de la sexualidad.

“Esto se ha venido dando en nuestra sociedad, pues hay una concepción “light” de la persona humana. Todo ello es lo que hace que exista un mercado fuerte de inescrupulosos consumidores de este tipo de pornografía, y que los hace igualmente culpables como los que la producen y difunden”.

Para él, el papel de los padres de familia es fundamental, pues son los primeros llamados a proteger a sus hijos, de este tipo de flagelo.

“Al igual que las familias, las comunidades pueden jugar un papel importante y eficaz  con la debida conciencia del problema, pueden organizarse para velar por sus miembros más pequeños y vulnerables. Las varias instituciones que por vocación y profesión velan por los niños, deberán ser debidamente reforzadas y empoderadas por el Estado para que puedan cumplir siempre mejor su misión”.

Señala además que en este tema el papel de las Iglesias es absolutamente importante para hacer conciencia del problema, entre los fieles.

 

“A través de ella, se pueden organizar campañas de difusión de materiales apropiados para mover la voluntad de nuestros mejores ciudadanos en favor de esa causa. Las parroquias católicas siguen siendo espacios ideales de formación y de canalización de fuerzas a favor de causas que, como ésta, son tan queridas al corazón de Cristo, del Papa actual y de un buen número de cristianos” concluyó Monseñor Montero.

 

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“Que caiga todo el peso de la ley”


Consternado por los recientes hechos en el que se violentó la dignidad de menores de edad, Monseñor José Manuel Garita,  pide que caiga “todo el peso de la ley contra los comerciantes de la persona humana, peor aún, de nuestros niños”.

 

Monseñor, nuevos casos de pornografía infantil descubiertos recientemente por las autoridades revelan que en el país existe toda una red dedicada a este delito. ¿Qué sentimiento le genera esta situación?

De mucho dolor y preocupación a causa de hasta dónde se está degradando la dignidad de la persona humana, sobre todo de los más pequeños y vulnerables como son los niños. También de indignación, porque este irrespeto a la dignidad humana se agrava terriblemente por la ambición desmedida económica de personas sin escrúpulos que comercian y se enriquecen a causa de los demás. Es un escándalo brutal que clama al cielo esta vil utilización de las personas de nuestros más pequeños e inocentes.

 

¿Qué causas considera que podrían estar detrás de flagelos de este tipo en contra de nuestros niños y niñas?

Falta de cuidado y acompañamiento  al interno de las mismas familias. Falta de formación y control con respecto al uso de los medios de tecnología, sobre todo internet y redes sociales. Pérdida de perspectiva y de conciencia moral de familiares y allegados que se aprovechan, utilizan y comercian, ni más ni menos con niños, con el vil propósito de enriquecerse. Esto es ya un laxismo total que ha perdido toda proporción y racionalidad.

 

¿Qué llamado hace a las familias, a las comunidades y a las instituciones con respecto a este tema tan grave?

A mirar muy bien con quiénes comparten nuestros niños, quiénes y con qué intenciones se acercan a ellos. A dar seguimiento a la utilización del tiempo de nuestros pequeños. A estar muy vigilantes de conductas anómalas de los niños que puedan revelar terribles situaciones de abuso y amedrentamiento por causa estas abominables prácticas. Hay que dedicar calidad de tiempo para escuchar a los niños y dialogar con ellos. Que caiga todo el peso de la ley contra estos inconscientes, inescrupulosos e irresponsables comerciantes de la persona humana, peor aún, de nuestros niños.

 

¿Qué papel deben de jugar las parroquias y la Iglesia a nivel general para proteger más y mejor a nuestros niños y niñas?

Estar muy atentos, desde la catequesis, para detectar la posible presencia de estos terribles abusos. Abrir espacios de pastoral infantil para acoger a nuestros niños y acompañarlos en sus diversas situaciones. Educar y concienciar a los padres de familia sobre los peligros de la tecnología y la existencia de personas que se dedican a este tipo de prácticas aberrantes. Iluminar y acompañar para animar a la denuncia de personas y grupos que se dedican a estos abusos y comercio degradantes. La Iglesia ha de acoger, acompañar y cuidar a los preferidos de Jesús que son nuestros niños.

 

¿Estamos frente a un deterioro social en nuestro país que se evidencia en este tipo de situaciones tan graves?

Por supuesto, como lo he dicho antes. Y no sólo deterioro social al mirar hasta dónde hemos llegado, sino, sobre todo, deterioro moral a causa de la pérdida del sentido de la dignidad y respeto de la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios. Cuando esto ocurre, es síntoma de que estamos ante una sociedad enferma que pierde sus valores más esenciales y elementales ¿Cómo es posible jugar y comerciar con la inocencia e indefensión de los más pequeños y frágiles como son nuestros niños? Este deterioro moral podrá ser solamente solventado con la recuperación y práctica de verdaderos valores humanos, espirituales y morales que promuevan el respeto y la dignidad de la persona humana. Y esto empieza desde nuestras familias, centros educativos e Iglesias. Salvemos y cuidemos a nuestra esperanza y futuro que son nuestros niños y jóvenes.

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