Falso ecumenismo desangra la Iglesia

 

Un grupo promueve el ecumenismo cuando busca favorecer la unidad de los cristianos, no cuando se reúne para estar juntos en actividades con otros fines.


María Estela Monterrosa S.

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En internet, en el barrio o a través de un amigo llegan las invitaciones a participar en algún grupo “ecuménico” para compartir, “para leer la Biblia” o peor aún, se plantean como una opción para quienes no gustan de iglesias.

Lo cierto, según especialistas consultados, es que este tipo de grupos se han convertido en un gancho para atraer personas a iglesias evangélicas existentes o para crear otras nuevas. 

La situación es un llamado de atención a los católicos para no dejarse confundir. Ante todo, conviene tener claro lo que es y lo que busca el ecumenismo: 

“Por ‘movimiento ecuménico’ se entiende el conjunto de actividades y de empresas que, conforme a las distintas necesidades de la Iglesia y a las circunstancias de los tiempos, se suscitan y se ordenan a favorecer la unidad de los cristianos”, explica el núm. 4 del decreto Unitatis Redintegratio, del Concilio Vaticano II.

“El católico tiene que estar atento porque cuando se habla de diálogo ecuménico tiene que tener oficialidad. No es lo mismo que un sacerdote en su parroquia promueva un acercamiento con diversas expresiones de fe, a que una persona forme un grupo así en lugares neutros, donde se lee Palabra desde una visión muy personalista o la libre interpretación, donde en el fondo lo que hay es proselitismo”, advirtió el Pbro. Allen Calvo, encargado de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso de la Arquidiócesis de San José.

El sacerdote comentó que ha escuchado sobre algunas experiencias, similares a las “células”, que se reúnen en lugares neutros, como hoteles o casas, dirigidos por hermanos no católicos.

Por su parte, el Pbro. Jafet Peytrequín, secretario ejecutivo de la Comisión Nacional de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso de la Conferencia Episcopal, aseveró: “Desde la perspectiva de la historia de la Iglesia, la división nunca puede convertirse en casusa de evangelización. Yo no puedo convertir algo que en sí mismo está mal, en una forma para evangelizar, en la promoción de la división”.

 

El cristianismo neutral no existe

Peytrequín aseveró que el ecumenismo es un movimiento para la unidad de los cristianos, no para la cooperación mutua o la neutralidad. “Lo peor es creer que se trata de la búsqueda de un cristianismo neutral, sin religión o sin iglesia, cayendo en el ridículo de ofrecer una iglesia como alternativa para los que no quieren una iglesia. Hay un elemento de contradicción porque se convierte lo ecuménico en un gancho publicitario, bajo la perspectiva de que se trata de un ‘cristianismo neutral’, lo cual no existe. El cristianismo es algo concreto”, dijo.

Agregó que pretender la neutralidad cristiana es incoherente. “Un cristianismo no religioso es contradictorio desde la perspectiva antropológica. Y sin Iglesia, es contradictorio desde la perspectiva cristiana”.

“Una cosa es la apertura a lo trascendente, la percepción de lo espiritual, pero cuando a eso lo llamo Jesucristo, no puedo hablar de una simple apertura, sino de una relación. Cuando establezco relación, establezco un mundo religioso. No podemos hablar de cristianismo sin religión, no estamos hablando de espiritualidad, sino de una relación con alguien, la persona de Jesús. El cristianismo no tiene sustento sin la perspectiva de la comunidad, porque Jesús quiso una comunidad, no comunidades, quería comunión”, explicó.

En su opinión, no existe un espacio de neutralidad cristiana, “si católicos y protestantes se reúnen es para buscar la unidad, no para crear espacios alternativos entre los dos, una acción ecuménica no es solamente abrir el espacio para que se encuentren diferentes denominaciones, sino buscar la unidad. Hay que rescatar el ecumenismo en su esencia”, indicó.

Asimismo, recalcó que algunos de estos grupos se promocionan diciendo que ellos solo se basan en la Biblia. “¿Quién dice que la Biblia es neutral si nació de la Iglesia? Cualquier escrito es una interpretación. En el momento en que cualquiera la toma en sus manos, como cualquier escrito, lee lo que otra persona escribió y lo interpreta, no sabe si lo que interpretó es lo mismo que la otra persona quiso comunicar”, dijo.

 

“Jesús quiso una comunidad” 

Unitatis Redintegratio inicia afirmando: “única es la Iglesia fundada por Cristo Señor, aun cuando son muchas las comuniones cristianas que se presentan a los hombres como la herencia de Jesucristo; todos se confiesan discípulos del Señor, pero sienten de modo distinto y siguen caminos diferentes, como si Cristo mismo estuviera dividido. División que abiertamente repugna a la voluntad de Cristo y es piedra de escándalo para el mundo y obstáculo para la causa de la difusión del Evangelio por todo el mundo”.

En este sentido, el Padre Jafet llamó la atención en que la meta del ecumenismo es “volver todos a la misma mesa y es una acción eclesial, no es fruto de una iniciativa particular”.

El sacerdote recalcó que la raíz del movimiento ecuménico no es la pretensión humana de una neutralidad cristiana, sino la fidelidad a la intención de Jesús.

Vale aclarar que ecumenismo, para la Iglesia Católica, es entre cristianos. Con otras religiones se habla de diálogo interreligioso.

Explicó que hay grupos que crean espacios de encuentro basados en el respeto y el no proselitismo, pero no necesariamente realizan actividades ecuménicas, son más bien encuentros interreligiosos.

 

No competir, sino colaborar

El Papa Francisco ha hablado sobre el ecumenismo en diferentes momentos y ha participado en numerosos actos ecuménicos. En noviembre del año anterior se refirió al sentido del ecumenismo cuando habló a los miembros del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos:

“La unidad de los cristianos es un requisito esencial de nuestra fe -subrayó Francisco-. Un requisito que fluye desde el fondo de nuestro ser como creyentes en Jesucristo. Llamamos a la unidad porque invocamos a Cristo. Queremos vivir la unidad porque queremos seguir a Cristo, vivir su amor, gozar del misterio de su unidad con el Padre, que es la esencia del amor divino”.

“¿Cuál es, por lo tanto, nuestro rol? -se preguntó-. ¿Qué es lo que debemos hacer para promover la unidad de los cristianos? Nuestra tarea consiste en acoger nuestro don y hacerlo visible a todos”.

“Desde este punto de vista -continuó-, la unidad, antes que una meta, es un camino con su propia hoja de ruta y su ritmo, con sus retrasos y sus aceleraciones, e incluso con sus pausas. La unidad, como todo camino, requiere paciencia, tenacidad, esfuerzo y compromiso. No elimina los conflictos ni los contrastes, de hecho, muchas veces puede dar lugar a nuevos malentendidos”.

Francisco advirtió contra aquellos que no tienen una disposición sincera a seguir ese camino. “La unidad sólo puede ser recibida por aquellos que deciden avanzar hacia una meta que hoy puede parecer muy lejana. Sin embargo, todo aquel que viaje en esa dirección resultará consolado por la experiencia de comunión que alegremente se vislumbra, aunque no se ha logrado plenamente, todavía”.

“La tarea ecuménica implica por lo tanto, el respeto a la legítima diversidad, a superar las diferencias irreconciliables con la unidad que Dios nos pide. La persistencia de estas diferencias no debe paralizarnos, sino que debe llevarnos a buscar juntos la forma de hacer frente con éxito a esos obstáculos”.

“La comunidad cristiana, con su pluralidad, está llamada no a competir, sino a colaborar”, concluyó.

 

En abril el Papa Francisco retomó el tema en el encuentro con Su Santidad el Papa Tawadros II, Patriarca Ortodoxo Copto: “Hemos comprendido que, siendo suyos, no podemos seguir pensando en ir adelante cada uno por su camino, porque traicionaríamos su voluntad: que los suyos sean «todos […] uno […] para que el mundo crea» (Jn 17,21). Delante del Señor, que quiere que seamos «perfectos en la unidad» (v. 23) no es posible escondernos más detrás de los pretextos de divergencias interpretativas ni tampoco detrás de siglos de historia y de tradiciones que nos han convertido en extraños”.

 

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¿Por qué los católicos caen en el juego?

“Para mí, lo que sucede es que nos está costando, como Iglesia, llegar al corazón de las personas, el aspecto de la experiencia viva y gozosa del Evangelio, muchas personas viven un catolicismo tradicional, pero no tienen experiencia concreta de fe”, advirtió el Pbro. Allen Calvo, encargado de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso de la Arquidiócesis de San José.

Para el sacerdote, se requiere un enfoque pastoral que responda a la necesidad de una Palabra de Dios, no tan teórica, sino que toque más la existencia de las personas e ilumine su quehacer diario. También hay una necesidad de educar a la población católica sobre la riqueza de la liturgia, los sacramentos y la catequesis.

En este sentido, destacó la oportunidad que representan las catequesis de adultos. “Debemos aprovechar esos espacios para sembrar nuestros valores, porque solo un católico con una identidad fuerte en su fe puede dialogar sobre su fe sin ser manipulable. En esa línea va el Plan Pastoral Arquidiocesano”.

A parte de las experiencias de falso ecumenismo, el sacerdote llamó la atención sobre el surgimiento de “nuevas espiritualidades” de filosofía oriental. “Se siembra la idea de un Dios universal que cada quien acomoda a su medida”. 

Reiki, Nueva Era, método Silva, yoga (meditaciones), entre otros. “Tienden a confundir, es la misma estrategia”, indicó. “Igualmente, denotan una necesidad profunda de encontrar en la Iglesia respuestas a sus situaciones vitales más profundas y no tanto iluminaciones que no les dicen mayor cosa”. 

Calvo opinó que esta realidad obliga a las parroquias a crear estrategias de cercanía con las personas; a los procesos pastorales a enfatizar la vivencia de comunidad y a la necesidad de nucleación de las personas como las experiencias de pequeña comunidad, con un trato personalizado.

El Pbro. Allen Calvo aconseja a las personas que se sienten inclinadas a participar en estos grupos a que aclaren sus dudas mediante la dirección espiritual con un sacerdote o con el consejo de un laico bien formado. “Que se den la oportunidad de conocer la riqueza de la Iglesia Católica”.

Además, les invita a ir un paso más allá de la costumbre. “Por ejemplo, el que viene a misa, que derrumbe la costumbre y despierte una mirada de fe, con el corazón abierto a los signos y un oído atento a la Palabra”.

“No olviden sus raíces. Eso debe cultivarse en los hogares. Desde gestos sencillos como rezar un Padrenuestro hasta rezar el Evangelio, son cosas simples pero que pueden ser una gran diferencia porque Dios actúa en esos gestos”, dijo.

 

Si desea ser más participativo, la invitación es ir a sus parroquias y ver qué llena sus expectativas. “No tengan miedo de acercarse”.