Mons. Mario Quirós Quirós, II Obispo de Cartago

 

Dios sigue escribiendo la historia de la Iglesia en nuestro país. Este sábado 13 de mayo, en el marco del centenario de las apariciones de Nuestra Señora de Fátima, es ordenado como nuevo Obispo de Cartago Mons. Mario Quirós Quirós, designado para tal servicio por el Santo Padre Francisco.

El Padre Mario, un sacerdote joven, estudioso, entusiasta formador de seminaristas y de una profunda vida espiritual, asume las riendas de su propia Iglesia particular, la que ama y conoce, y por imposición de manos de quien fuera su obispo Monseñor José Francisco Ulloa Rojas.

Cartago, cuna histórica de nuestro país, bien podría haber sido la diócesis más antigua de Costa Rica, sin embargo, quiere Dios que sea la más joven, con apenas doce años de existencia. Este tiempo de consolidación de estructuras y de definición de rutas pastorales, ha sido guiado con entrega ejemplar por Monseñor Ulloa, quien antes había servido de igual forma en Limón por una década. ¡Gracias querido Monseñor Ulloa, que Dios lo colme de todos sus bienes!

Asume pues Monseñor Mario una diócesis joven, con raíces cristianas católicas muy profundas, con un marcado acento mariano, servida por un ejército de sacerdotes, la mayoría jóvenes, con un boyante número de vocaciones y legiones de laicos conscientes de su misión en la Iglesia, dispuestos a darse por completo por la evangelización.

Este perfil, sin embargo, como sucede en todo el país, no exime de retos muy concretos en la iglesia diocesana de Cartago. La creciente secularización, la penetración del narcotráfico, especialmente entre las generaciones jóvenes, el abandono sistemático de la actividad agrícola en el país, la desintegración familiar y la pobreza, verificable especialmente en los territorios indígenas de la diócesis, son solo algunos de ellos.

En la amplia entrevista que compartimos en esta edición del nuevo obispo, Monseñor reitera su deseo de permanecer cerca de las personas en su ministerio, especialmente de los pobres. Esta actitud, muy propia del magisterio del Papa Francisco es clave para poder hoy, en medio de un mundo a veces despersonalizado y hasta inhumano, la misión del pastor.

Entre las urgencias que hoy tienen las personas, una palabra de aliento, una mirada de compasión, un abrazo, un consejo… pueden hacer la diferencia. Se trata, en el fondo, de tocar el corazón de cada uno y hacer sentir la caricia de Dios, su ternura y misericordia.

Monseñor Mario es una persona prudente, de hablar pausado, reflexivo y comprensivo. Lejos de él está la estridencia o la búsqueda de lucimientos personales. Quienes le conocen lo describen como un pastor accesible, cuidadoso, sencillo y humilde, que cuida de los demás como lo hace de él mismo: con la meticulosidad del maestro y la perseverancia del atleta.

Un aspecto a su favor en la misión que Dios le ha encomendado es que fue formador de la mayoría de sacerdotes de su diócesis. Los conoce y ellos le conocen. Desde luego que pertenecer al clero de Cartago también es relevante, porque se trata de una realidad social y pastoral que maneja con propiedad.

El aporte del nuevo obispo a la Conferencia Episcopal será determinante, dada su amplia formación -acaba de concluir su doctorado en Teología Dogmática- y muchos carismas, así como su visión, nutrida de una experiencia eclesial que salta de nuestras fronteras.

En fin, la llegada de Monseñor Mario es aire fresco del Espíritu Santo en nuestra Iglesia. Corresponde, tal y como lo ha pedido, orar por su ministerio y colaborar, cada uno desde sus posibilidades, para que pueda llevar adelante la misión que Dios le encomienda. 

¡Felicidades Monseñor, felicidades cartagineses, felicidades católicos! Que la Virgen María, a quien veneramos como nuestra amada Negrita de los Ángeles, siga cuidando de la Iglesia y de sus pastores, para que juntos orientemos nuestros pasos hacia la fuente del amor único y verdadero, Jesucristo Nuestro Señor. Amén.